7 de diciembre de 2018

DELFINES A LA VISTA

Nuestro ultimo día en Saö Miguel es el más soleado de todos y nos tiene preparada más de una agradable sorpresa.

Empezamos el día realizando (¡esta vez sí!) el Tour de avistamiento de delfines y ballenas que no pudimos hacer el martes por mala mar. Lo hacemos con Futurismo que tiene muy buenas puntuaciones. Nos citan en el embarcadero de Ponta Delgada a las 08:30 horas y nos hacen la charla introductoria dentro de su enorme catamarán. Suerte que llevamos manga larga porque el barco nada más salir del puerto coge bastante velocidad y hace mucho frío. Recorremos la costa Sur de la isla en dirección a Vilafranca do Campo hasta que podemos contemplar el Ilhéu Da Vila. El islote (convertido en reserva natural desde 1983) se puede visitar en verano. Es bonito ver la costa desde el mar. Nos explican que emplean vigías en zonas estratégicas de la isla que vigilan la superficie del mar: en cuanto descubren algún banco de delfines o alguna ballena alertan al capitán del barco por radio. En el pasado, cuando se permitía la caza de ballenas, era así como se alertaba a los barcos pesqueros de su llegada. De las 80 especies de cetáceos existentes en todo el mundo, 21 pasan por las islas Azores. Nosotros no tenemos suerte; ya sabíamos que el invierno era mala época para ver ballenas. Lo que sí tenemos la suerte de disfrutar son los delfines. Concretamente nos encontramos con 2 bancos de delfines comunes. Al llegar a ellos el catamarán se pone a navegar a poca velocidad: es curioso como los gusta ponerse a nadar a la proa del barco haciendo zig zags y saltando por encima del barco. El catamarán queda abierto por delante y nos permite asomarnos con total tranquilidad a todos. Los niños, especialmente Laura, se quedan fascinados mirándolos. Los buscan bajo la superficie y nos avisan asombrados cuando ven alguno saltar. Reconocen hasta alguna cría. Pasamos un buen rato navegando con ellos. ¡Sólo por este momentazo ya vale la pena la excursión!


Llegamos al puerto a eso de las 12:00 horas. Hace un solazo que no veas y, como ya tenemos hambre, nos sentamos en el embarcadero (en la terraza del restaurante Yatch Club) ha regalarnos el último festín. Repetimos con los 2 productos regionales que más nos han entusiasmado: el queso de Säo Jorge y las lapas greilhadas. ¡Sencillamente espectaculares! Compartimos entre todos una generosa ensalada y añadimos unos filetes de pescado para los peques y calamares para los adultos. Todo regado con un vinito blanco y, de "sobremesa", fruta y cafés. Concluimos con conocimiento de causa que en este país se come muy bien. ¡Que la gastronomía también es turismo!

Después nos vamos a probar suerte con la Lagoa de Fogo (nos la hemos encontrado nublada ya en un par de ocasiones). El tiempo es de escándalo y esta vez no podemos equivocarnos. ¡Y no lo hacemos! Preciosa con la luz del sol. Son casi las 15:00 y, por encontrar algún pero, ya tenemos algo de sombra sobre el principio de la misma (el sol empieza a bajar). Hay varios miradores desde los que se puede contemplar la inmensa laguna desde lo alto y las vistas de la isla. En el 2º mirador hay un pequeño sendero que te permite bajar hasta la orilla. Es un sendero excavado en la ladera por el que se puede bajar con cuidado (niños incluidos); hacemos una pequeña parte del recorrido para hacernos una idea. Las vistas no mejoran y no tenemos más tiempo pues nos queda una última parada antes de que oscurezca.


Nuestra útima parada del día es en el parque de Caldeira Vellha. Otro parque con fumarolas y termas de aguas ferruginosas en las que te puedes bañar. La entrada cuesta 8 euros (niños gratis). Tienen vestuarios. Las duchas y las consignas se pagan aparte. Aquí las termas tiene temperaturas muy variadas. Hace bastante frío a esas horas por los que buscamos las más calentitas. El entorno natural es precioso con senderos rodeados de un auténtico vergel natural donde se oyen el trinar de los pájaros. ¡De ensueño! En lo más alto te encuentras una zona termal con una cascada muy hermosa pero el agua está a 23º y nadie se atreve a meterse. No hay mucha gente aunque las termas inferiores son muy pequeñas y enseguida parece que haya multitud. ¡No nos imaginamos como debe ser esto en pleno verano! Nos lo pasamos muy bien. La verdad es que la experiencia de bañarse en aguas termales en plena naturaleza es altamente recomendable, especialmente en época invernal.


Sin tiempo para más pues está anocheciendo volvemos a nuestro alojamiento en Säo Roque para hacer las maletas.

6 de diciembre de 2018

AVENTURAS EN FURNAS

Nuestro tercer día de sol en la Isla de Säo Miguel arranca con un firme propóstito: explorar la Lagoa do Fogo. Hemos leído mucho acerca de ella. Pero la más recurrente es lo difícil que es verla pues suele estar siempre cubierta por una espesa neblina. Mucha gente ha pasado hasta una semana en la isla recorriendo cada día el paso de montaña sin posibilidad de verla desde los miradores.

Nos despertamos al amanecer y no nos entretenemos demasiado. En media horita llegamos a la zona de los miradores tras ascender desde el sur tras dejar atrás la población de Lagoa el pueblo de Remedios. Justo cuanto estamos a punto de llegar de repente nos envuelve una intensa niebla que no sabemos de donde ha salido. El caso es que lo tapa todo y es realmente fantasmagórica. Llegamos a los miradores: no se ve absolutamente nada. Esperamos un rato. Aparecen algunos vehículos más: todo el mundo corre la misma suerte; nula visibilidad y expectación al garete.
Reignados iniciamos la bajada por la ladera opuesta pensando en un plan alternativo para pasar el día. En el último mirador se abre un poco la densa niebla y conseguimos hacernos una día de cómo es la laguna. Tomamos unas fotos muy deprisa antes de que se vuelva a tapar por completo.

Cambio de planes: optamos por volver a la región de Furnas pues nos han quedado cosas chulas por ver. Lo primero que hacemos es tomar el desvío señalizado al mirador del Salto do Cavalo, que domina la laguna desde una altura de 805 metros y el mar (tanto al norte como al sur). El desvío supone un trayecto de 6.2 km pero merece la pena.

Mirador Salto Do Cabalo
Uno de los grandes alicientes de Furnas es visitar el parque botánico de Terra Nostra Garden (la entrada cuesta 8 euros por adulto). El espacio es más grande de lo que puede parecer al principio y está dividido en varios sectores, todos ellos perfectamente cuidados, con plantaciones temáticas. Lo primero que te encuentras es el lago artificial, de aguas ferruginosas, donde está permitido el baño. Lo dejamos para el final como recompensa para nuestros peques si se portan bien durante la visita. Decidimos nombrarlos exploradores oficiales y los lanzamos a la aventura por delante nuestro a buscar las marcas del camino de visita señalizado. 
Justo delante del lago artificial se alza un palacete decimonónico, la Casa do Parque. No se puede visitar.


La ruta prosigue después por los diferentes recintos con presencia de más de 140 variedad florales entre endémicas y foráneas. Destacar el Valle das Cycas (con hasta 55 tipos de palmeras), la recinto de las camelias (a pesar de ser invierno todavía hay bastantes en flor) y la avenida de las alamedas (espectacular). Completan la ruta un sinfín de paseos bordeados por palmeras y cañas de bambú. El recinto se ve atravesado por un río canalizado que alimenta varias lagunas (incluye una volcánica) y termina en zona de grutas.


Al final del recorrido nos espera la posibilidad de darse un baño en sus aguas termales tanto en el lago artificial como en la zona de las termas. Tienes vestuarios y hasta una ducha. Los niños se lo pasan de miedo, especialmente bañándose en el lago artificial aunque a los papis les faltan brazos (la profundidad es de 150 metros y no se ve absolutamente nada). La visita vale la pena. Estamos cerca de 3 horas dentro entre el recorrido y el baño.


Al salir nos damos cuenta que es más tarde de lo que nos pensábamos. Es lo que tiene ir de vacaciones por libre: el tiempo se pasa sin que te des cuenta. Son más de las 14:00 y tenemos que comer. Esta vez queremos desquitarnos y hacer turismo gastronómico de verdad. Tenemos abierto el restaurante Caldeiras & Vulcöes y decidimos ir allí a pegarnos un festín. Pedimos de todo: tabla de quesos, entrecotte (Jordi), pulpo (Fani), pasta (niños), vino blanco afrutado (¡brutal!) y pasteles y café de "sobremesa". La verdad es que nos ponemos las botas y tenemos el restaurante para nosotros solos (¡nada como viajar en temporada baja!).

Después de comer cuesta moverse, pero no nos queremos ir de Furnas sin pasear por la ladera del lago. Allí descubrimos al Gandalf de Furnas ( ver simplemente la foto ) y los peques se lo pasan genial corriendo y recogiendo ramas de árboles para jugar. Parecen inagotables!!!




5 de diciembre de 2018

EL CRÁTER DE SETE CIDADES

Segundo día de sol en las Azores... ¡Esto hay que aprovecharlo!
Hoy toca explorar el sector occidental y, para ser más precisos, la zona de Sete Cidades. Esa que sale en todas las fotos con sus 2 lagunas bicolores; la imagen más emblemática de la isla.
La zona se constituyó a partir de la erupción de las antiguas bocas de un inmenso volcán; a partir de ahí se formaron lagunas, mayores y menores, que salpican toda la región. De acuerdo con una leyenda, su erupción hizo desaparecer del mapa siete grandes poblaciones para evitar la codicia de los marineros que venían en pos de sus riquezas.

Cogemos la carretera que bordea la costa suroeste y optamos por coger el 2º desvío en dirección a Sete Cidades. Nos lleva directamente a unos de los miradores más famosos de la región: el Mirador Vista do Rei. El paisaje es precioso y la luz del sol nos ilumina el cráter por completo. ¿Pero donde están las lagunas? ¿Y el pueblo? Una densa niebla espesa lo recubre por completo. La imagen es preciosa pero sabemos que tendremos que probar fortuna un poco más tarde (otro día en el peor de las casos). Hay un hotel enorme al lado en la ladera que da bastante pena pues está abandonado y en muy mal estado; sorprende ver turistas entrar a hacer fotos panorámicas cuando unos carteles lo prohíben expresamente. Nos preguntamos quién dejó que se construyera un hotel aquí...

Mirador Vista Do Rei
Continuamos con el vehículo hasta el recinto de la Lagoa do Canario. Nos sorprende que la señalización de este enclave tan importante sea tan escasa. Si no vienes estudiado no le das importancia y te saltas el acceso seguro. Pero nosotros sabemos que dentro se encuentra unos de los miradores más espectaculares de toda la isla. Se accede por una puerta metálica. ¡Cuidadito con los horarios de acceso: de 08:30 a 16:00 en verano y sólo hasta las 15:00 en invierno! La entrada es gratuita (¡que raro!). Con la puerta cerrada se puede entrar sin el coche pero entonces te toca caminar un buen trecho. El recinto tiene un acceso a la laguna que le da nombre: no es muy grande pero de nuevo ver reflejada tanta naturaleza (la rodea un espeso bosque circular) en sus clamadas aguas mientras escuchas el trinar de los pajaritos y se hace el silencio es sencillamente sobrecogedor. Los niños se quedan callados un ratito (ratito no es rato, que quede claro) contemplando la superfície. 

Lago Do Canario
Después seguimos con el coche por una pista de tierra perfectamente acondicionada unos 5 minutitos hasta llegar a una zona para aparcar. Vemos una zona acondicionada que te permite acceder al mirador Grota do Inferno. El ascenso es muy sencillo y te plantas en el mirador en menos que canta un gallo. No sabemos que es más espectacular: si las impresionantes vistas del inmenso cráter y sus lagunas mayores o el propio sendero que te conduce al mirador. En el rato que hemos tardado podemos apreciar como la niebla se ha empezado a despejar: ya no es tan tupida y permite insinuar el pueblo de Sete Cidades y la laguna azul pero la visibilidad sigue siendo mala. Sí podemos ver las primeras lagunas (más superiores). La imagen sigue siendo muy hermosa. No hay mucha gente (recordemos que estamos en temporada baja); menos mal porque no hay mucho sitio, la verdad.

Mirador Grota Do Inferno




Como sabemos que tenemos que volver a probar fortuna con el mirador un poco más tarde decidimos hacer una caminata por la zona de las lagunas menores. Por aquello de hacer un poco de tiempo (son las 11:00 hrs). Como venimos estudiados sabemos que tenemos la ruta PRC-5 que recorre la Serra Devassa: senderismo corto y fácil tal como indica el cartel. Marca 4.9 km pero pensamos que según como lo lleven nuestros peques nos podemos dar la vuelta en cualquier momento. La verdad es que la ruta lo que se dice fácil no es. Entre las zonas de barro, la inclinación (hay que subir a 880 metros de altura) y las piedrecitas (perdón: megapiedras) que hay por el sendero la cosa se pone "interesante". Pero entonces salta la sorpresa del día: nuestros peques se lo toman como un reto. Van delante nuestro y empiezan a marcarse pequeños objetivos con un ánimo que todavía flipamos al recordarlo. Primero subimos una primera pendiente hasta un primer mirador donde puedes contemplar la 1ª laguna, la de Eguas. La visibilidad es buena y es entonces cuando tienes claro que estás en una isla: ves el mar que te rodea tanto al sur como al norte. El camino, todo y la dificultad, es precioso y esta primera parte se muestra algo más árida. Desde el primer mirador hay una rampa bastante pronunciada que sube al segundo, donde llegas al punto más alto de la ruta. Vale mucho la pena llegar a él pues las vistas son impresionantes. Tienes una visión de la zona de 360º preciosa. Desde aquí ya puedes ver la lagoa Rasa desde lo alto. Los niños están muy contentos de haber logrado completar el ascenso. ¡Una pasada! 

Ruta Serra Devassa




Se tardan cerca de una hora en llegar a este punto y eso que hemos recorrido menos de 2 km. Vemos como el sendero desciende de forma bastante plana por la zona sur y da la vuelta en un recorrido que parece plano por detrás de la laguna Rasa. Nos entra la duda de por donde regresar: por donde hemos venido o continuamos. Vemos los peques animados. La verdad es que no nos hace mucha ilusión volver por el mismo sitio así que finalmente (y a paso ligero) continuamos hacia adelante. ¡Y acertamos de pleno! El descenso es mucho más sencillo y el sendero que rodea la laguna es plano por lo que avanzamos mucho más deprisa. Encontramos un desvío a las Lagoas Empadadas pero decidimos no tentar más la suerte. ¡Tampoco hay que pasarse! El último tramo es algo más complicado pues atraviesa directamente una zona de bosque donde el sendero deja de ser plano. Los niños, lejos de desanimarse, se ponen a corretear y a saltar. En un santiamén terminamos el recorrdio circular y retomamos el camino del inicio a menos de un kilómetro del aparcamiento. Llegamos al coche a eso de las 13:00 hrs con los niños sonrientes y felices. ¡Misión cumplida!


El tiempo se pone algo feo y amenaza con ponerse a llover. Pero no nos desanimamos en absoluto. Han pasado más de 2 horas y es muy probable que la espesa niebla que cubría las lagunas mayores se haya difuminado. ¡Y efectivamente lo ha hecho! Pasamos de nuevo primero por el Mirador de la Grota do Inferno y después de nuevo por el de Vista do Rei. 
¡Valió la pena esperar!


Se nos ha hecho un poco tarde. Decidimos iniciar el descenso hacia las lagunas mayores y el pueblo. La verdad es que no cuesta nada llegar: la carretera está en perfectas condiciones, la pendiente no es muy pronunciada y es bien ancha. Por el camino nos detenemos un momento en el Mirador do Cerrado das Freiras: las vistas también son espectaculares pues al estar a menor altura puedes ver mejor el pueblo y las 2 lagunas mayores: la Lagoa Verde (perímetro de 4 km y 750 metros de ancho) y su inseparable hermana mayor, la Lagoa Azul (perímetro de 8.5 km y 2400 metros de ancho). Un puente pasa por entre ambas permitiendo el acceso de los vehículos al pueblo de Sete Cidades.

En el pueblo paramos a comer en el Restaurante Lagoa Azul: la comida no es nada del otro mundo pero nos sirven deprisa y las cantidades son muy generosas.
Después paramos un momento en la Iglesia de Säo Nicolau; está en obras pero el enclave es precioso pues se ve precedido por un precioso paseo flanqueado por hileras de criptomerias a ambos lados.
La verdad es que es impresionante pasear por el pueblo: te ves rodeado por el cráter hasta donde te alcanza la vista. Estás literalmente dentro. Todo un remanso de paz.

Decidimos apurar la última hora de luz en la zona de las lagunas mayores (estamos en invierno: aquí tienes puesta de sol a las 17.30 hrs aproximadamente). Al llegar hemos visto que había una zona para aparcar el coche junto al borde de la laguna verde muy cerquita de una simpática colonia de patos. Hemos pensado en coger un poco de pan del restaurante y los niños se lo pasan bomba dándoles de comer mientras los papas se entretienen a sacar fotos y contemplar la laguna.

Pueblo de Sete Cidades
Lagoa Azul
                          
Regresamos por la cara contralateral del cráter en dirección al puerto de Ferraria, en la costa oeste de la isla. Allí nos espera nuestra última parada teniendo en cuenta que está empezando a oscurecer: el faro de Ferraria. Está cerrado (la última visita concertada era a las 16:30 hrs) pero las vistas de la costa son muy bonitas. Los niños mantienen el subidón del día y se ponen a correr y jugar en la zona ajardinada que hay frente al edificio. La isla nos regala un atardecer precioso.

Faro Do Ferraria








4 de diciembre de 2018

DEL LAGO DO COMBRO A LAS CALDERAS DEL LAGO DE FURNAS

La notícia del día es que... ¡NO LLUEVE!
¡La verdad es que después de 3 días en la isla ya tocaba!

Tal y como teníamos previsto hoy, nos dirigimos al embarcadero de Ponta Delgada ya que tenemos reservado un tour de unas 3h con la compañía Futurismo para ver ballenas. El avistamiento de ballenas es uno de los muchos reclamos de las Azores. No es la mejor época para verlas pero decidimos probar suerte.... no la tenemos: nos cancelan la salida por las condiciones climatológicas. ¡En fin, no es que la isla nos lo esté poniendo fácil! Decidimos reservar el Tour para el viernes y volver a probar suerte en nuestro último día. 

Cambio de planes. No pasa nada. ¡Hay tanto por ver!
Además no hay mal que por bien no venga: es pronto ya que nos han hecho madrugar y hemos podido disfrutar de los primeros rayos del sol sobre el embarcadero de Ponta Delgada.


Decidimos pasar el día en la Concelho de Provaçao - sector sudeste y visitar la región de Furnas. Allí nos esperan un montón de atractivos turísticos. Para llegar el Concelho de Provaçao puedes hacerlo por el Sur o por el Norte: ambos caminos inician sus tramos por vías principales y haces los recorridos muy deprisa. En los tramos finales pasas a carretera secundarias y tardas algo más aunque sigue estando en muy buen estado y el GPS nos da un tiempo inferior a una hora para ambos recorridos. Nosotros vamos por el Sur pues nuestra primera parada queda más cerca por esa vía.

Hemos decidido empezar el día visitando la Lagoa do Combro. Ya hace días que la tenemos marcada en la agenda. Por lo que habíamos leído en blogs de viajeros es un lugar muy especial y poco publicitado que suele saltarse la gente. ¡Y vale mucho la pena!

Llegar hasta ella no es fácil: la carretera principal se te acaba en la región de Vilafranca do Campo. Entonces tienes que tomar la R 4-2 en ascenso en dirección Furnas. Todos los mapas te muestran una laguna rodeada de un manto verde a media subida. El desvío hacia la laguna está bien señalizado en ambas direcciones sólo que una vez lo tomas entras en una pista de tierra. Nos adentramos muy poco con el coche (hay unos socabones importantes y el camino es muy estrecho. Tenemos miedo de liarla): en cuanto vemos la señal de la laguna aparcamos y hacemos el resto del camino hasta la entrada a pie.

La laguna está emplazada en un maar. Un maar es un cráter volcánico ancho y bajo provocado por una explosión de agua subterránea que ha entrado en contacto con lava caliente, como si la tierra hubiera sido absorbida. Es habitual que después se llenen de agua formándose lagos de poca profundidad en un cráter.

Nada más acceder a la entrada ya vemos que se trata de un lugar especial. ¡Mágico diríamos! Te encuentras una senda que desciende hasta la laguna atravesando un denso bosque de laurisilva, cedros y eucaliptos. El sendero va bajando en zig zag y se va estrechando aunque es imposible perderse. La vegetación es tan tupida que no pasa la luz del sol. Se tardan unos 20 minutos en bajar y otros 20 en subir. Nos encontramos un tronco en medio del camino: hay que agachar las cabezas. Hay zonas en las que las ramas de los árboles son tan numerosas y gruesas que forman hasta escalones naturales. El camino está algo mojado pero poca cosa teniendo en cuenta los aguaceros de los últimos días. Se está fresquito y hay mucho musgo por el camino. Se respira humedad, y bajo los ruidosos pasos de nuestros peques, se oyen pájaros y extraños sonidos entre las ramas. Nos encontramos con un par de turistas pero la verdad es que tenemos el lugar para nosotros solos (a nuestra salida llegará más gente pero es lo que tiene madrugar).
Finalmente se llega a la laguna: de color verde. Es mucho más pequeño que otros lagos de la isla (tiene poco más de 1 km de perímetro) pero es realmente bonito con todos los árboles rodeándolo y reflejándose en sus aguas. Además la luz va cambiando pues van pasando unas nubes de vez en cuando por delante del sol.

David y Laura disfrutan de nuestra pequeña aventura. Laura nos hace ir en fila india. Es la guía de esta pequeña expedición. En poco más de una hora estamos de vuelta en el coche. No nos queremos irnos de este lugar que nos ha hipnotizado.
Un lugar de cuento.






Nuestro recorrido nos lleva ahora a la región de Furnas, donde tienes la tercera laguna de la isla (en tamaño) y la localidad del mismo nombre. Como venimos por la R 4-2 cogemos el desvío por la R 2-1 en dirección a Furnas. Al poco rato, tras bordear un campo de golf, llegamos el mirador Pico Do Ferro. Un lugar imprescindible: es el mirador más famoso sobre la laguna. El lugar está perfectamente acondicionado. Situado a 544 metros de altura, permite contemplar el pueblo de Furnas al oeste y la laguna al este. Y no decepciona en absoluto; especialmente en un día soleado como el de hoy. La laguna, de 2025 metros de largo y 1600 metros de ancho, tiene una profundidad máxima de 12 metros.




Iniciamos el descenso al cráter. Tras entrar en el pueblo tomamos rápidamente la salida en dirección a la laguna. Desde el mirador habíamos divisado una zona recreativa junto a las famosas caldeiras. Podemos acceder sin problemas. Hay una zona de parking y te cobran 2 euros por adulto tras pasar un control de acceso. Allí, tras un bosque de hayas, te encuentras con la zona de las caldeiras: unas fumarolas sulfurosas, con el agua a 61.5ºC. El lugar está acondicionado: hay unas pasarelas que te permiten recorrer la zona y pasar por encima. El olor es brutal. Pues resulta que es en estas fumarolas donde se prepara el célebre cocido nas caleiras. El proceso consiste en introducir unas ollas en unos sacos que, a su vez, se depositan en unos cilindros de hormiguón insertados en las fumarolas. Entre los ingredientes hay carnes y vegetales. Los diferentes restaurantes de Furnas tienen cada uno asignadas unas fumarolas donde dejan cocerse a fuego lento (a lo largo de 5 o 6 horas) las viandas. Nosotros hacemos la visita a eso de las 13:00 hrs: nos toca el privilegio de ver cómo vienen los empleados de un restaurante a retirar los sacos y llevárselos en una furgoneta. Recorremos la zona recreativa; los niños juegan a perseguir primero unos patos y después unos gatos (¿o es al revés?). 




Hay un camino que te permite bordear la laguna en su totalidad. Nosotros recorremos sólo el tramo inicial hasta alcanzar un río que podemos cruzar con unos escalones de piedra. Las vistas de la laguna son espectaculares.

Como ya tenemos hambre decidimos ir a comer. Hay algún que otro restaurante cerrado (es martes); acabamos en el Tony´s Restaurant, junto a la iglesia central. No es nada del otro mundo pero te sirven el famoso cocido sin necesidad de reserva previa. Así que lo pedimos: lleva carnes (ternera, cerdo, pollo, morcilla y chorizo) y vegetales (acelgas, patata, zanahoria y coliflor). Pero esto es Furnas y aquí se viene a comer cocido.Los niños devoran unos nuggets de pescado.  Es como cuando fuimos a Gruyères y nos pedimos la famosa fondue. Te puede gustar más o menos pero hay que probarla. 


De vuelta al coche pasamos por una panadería local a comprar pan. Fani, con toda la buena intención del mundo se dirige a un par de ancianos que regentan el local.
- Good afternoon. Can I have some bread?
Los ancianos se la quedan mirando con cara de estupefacción.
Jordi se ha quedado en la entrada junto a los peques: Queremos PAN.
Contestan: Aaaaaah! PÄO! - y sonríen. 
Nos ofrecen unas enormes hogazas de pan que son lo único que les queda a esas horas. Nos garantizan que con ellas tendremos pan para 2 o 3 días. ¡Y razón no les falta! Nos sorprenden que está bien tiernas. Laura se queda con la hogaza y la alza frente a su cara. Nos dice riendo: ¡Mirad! ¡Tengo cara de pan!


Decidimos darles unas sorpresa a nuestros peques y pasar lo que queda de tarde en unos baños termales. Nos decidimos por los más famosos de la ciudad: los de la Poça da Dona Beijia. Te cobran 6 euros por persona a partir de 6 años (Laura sólo paga 4 euros). Tienes acceso a vestuarios y te dan unas cestas (como en el super) para que coloques la ropa y la lleves al pie de las termas antes de meterte dentro. Pasamos bastante frío desde que te cambias hasta que llegas a la terma. Pero el recinto no es muy grande y llegas enseguida. La sensación una vez que entras en el agua es sencillamente espectacular: ¡están a 39ºC! ¡Una pasada! Imposible reproducir la cara de felicidad de los niños dentro. No se puede bucear: el agua está como impregnada de minerales. Pero es muy relajante. Hay 4 termas habilitadas durante nuestra visita. Estamos más de una hora en remojo cambiando de terma. Al final acabamos todos con la cara como un tomate y decidimos salir antes de que nos dé un soponcio. Nos sorprende que al salir no pasamos casi frío.


Y así acabamos el día, volviendo a casa con energías renovadas.

3 de diciembre de 2018

LA FÁBRICA DE TÉ

Nuestro segundo día en Saö Miguel se vuelve a presentar nublado y con amenaza de lluvias. De nuevo nuestra agenda se ve alterada por el mal tiempo. Intentamos acceder a Furnas. La verdad es que nos sorprenden las carreteras en este país: en general, están en muy buenas condiciones y te plantas en los puntos más importantes en un santiamén. En menos de media hora llegamos a Ribeira Grande. Desde allí a Furnas el GPS nos marca cerca de 15 minutitos; por desgracia a medio camino nos vemos envueltos en una intensa niebla y apenas no vemos nada del paisaje. El cielo amenaza con descargar un aguacero. Optamos por dar media vuelta y volver al norte. 

Por el camino nos encontramos la Fábrica Chä Gorreana y decidimos hacer un alto en el camino aprovechando que el tiempo aguanta y hacer una visita. Se fundó en 1883 y, sin empleo de productos químicos, produce 40 toneladas anuales de té. La visita a la fábrica es gratuita y es todo un lujazo por diversos motivos. Primero porque te encuentras a los trabajadores tan tranquilos faenando: algunos moliendo, otros preparando los saquitos de té,... Y son todos muy amables. Después porque la maquinaria es muy antigua y todo destila un sabor a antiguo muy auténtico. Y, finalmente, porque hay varios dispensadores de té con tazas al lado que te permiten probarlo de forma gratuita. Al final de la visita te encuentras con la tienda: ¡imposible resistirse a hacerse con algún saquito de té verde!

Otro de los grandes alicientes de la visita es que puedes salir a pasearte por las 50 hectáreas de té que tienen alrededor de la fábrica. Así decidimos pasearnos un ratito por entre los setos de té. Está nublado y corre mucho viento pero como no llueve podemos recorrer un buen trecho con nuestros peques. Hay trabajadores recolectando té. De la planta en sí nos sorprende como los niños se ponen a examinarla y descubren sus flores.







Cuando salimos de la plantación empieza a llover a cántaros. Optamos por retroceder por la carretera en dirección a Ribeira Grande. Por el camino nos encontramos con el Mirador de Santa Iria; uno de los más populares de la isla. Dejamos el coche aparcado y nos esperamos a que deje de llover. El viento es muy fuerte y optamos por ir al mirador por turnos dejando a los niños dentro del coche. Las vistas (algo deslucidas por la climatología) te permiten apreciar la costa en una gran extensión. Los acantilados, tapizados de verde, son muy chulos. A los pies del mirador vemos una preciosa cala.


La verdad es que el tiempo se pone muy feo y un temporal y lluvia y viento se nos viene encima. No podemos hacer gran cosa: desde donde estamos optamos por dirigirnos a la ciudad de Ribeira Grande, el segundo núcleo más poblado de Saö Miguel. A pesar del temporal logramos recorrer estoicamente algunas de las calles del casco antiguo. Nos llaman la atención la ajardinada ribera y la plaza central con torre del reloj. Desde la plaza municipal vemos otra plaza que te permite acceder a la iglesia de Nossa Senhora de Estrela. Es bonito aunque entre los chubasqueros y los paraguas hay poco tiempo para el deleite. Decidimos intentar salvar el día hacemos lo único que queda por hacer con día tan horrible: pegarnos una buen comilona. No resulta fácil encontrar el sitio adecuado. Nos dirigimos hacia el puerto: vemos un enorme gentío entrando en O Esgalha: el lugar, muy osucro y ruidoso, no nos invita a quedarnos. Seguimos deambulando por las calles y acabamos en el puerto. Y entonces hacemos el descubrimiento del día: el restaurante Alabote. Un lujazo de local. Amplio y confortable, está casi vacío. Tienen una pequeña zona de recreo infantil cerca de las mesas: los niños se van para allí enseguida. Nos pegamos un auténtico festín. ¡Por fin probamos un platazo de lapas graelhadas! Y después nos regalamos una caldereta de arroz con marisco y todo regado con un buen vino blanco afrutado azoriano. ¡Y degustamos uno de sus famosos quesos! Todo un ejemplo de turismo gastronómico. Y es que a mal tiempo... ¡a llenar el buche!



El tiempo sigue muy feo y no da tregua alguna. Entendemos que no vamos a tener suerte. Nos consolamos viendo la previsión del tiempo para el resto de días en la isla. ¡Parece que la cosa mejora bastante a partir de mañana!

De todos modos no tiramos la toalla y hacemos una última intentona: tenemos la esperanza de que podamos hacer una visita a la Caldeira Vellha y, con suerte, darnos un bañito en sus aguas termales calentitas. No tenemos suerte: llegamos a la entrada del recinto... ¡está cerrado!

Nuestro último intento de hacer algo provechoso en la isla nos lleva a recorrer de forma infructuosa la pista de carretera que rodea la Lagoa de Fogo. Nada más empezar a ascender nos vemos envueltos en una espesa niebla. ¡No se ve absolutamente nada!. Pasamos junto a sus miradores. Visibilidad nula. Al poco rato nos vemos descendiendo la ladera por el otro lado y regresando a nuestro alojamiento en San Roque más pronto que nunca.

El tiempo mejora justo al llegar pero ya está oscureciendo. Jordi va a hacer unas compras de última hora y puede disfrutar de una puesta de sol desde la playa de Milícias con vistas a su preciosa iglesia.




2 de diciembre de 2018

SAO MIGUEL, LA ISLA VERDE DEL ATLÁNTICO

Este año decidimos pasar nuestras vacaciones "blancas" en un país con un clima algo más cálido que el año pasado (todavía escarmentados por el frío que pasamos en Viena... ufff ). Nos decidimos por la Isla de Sao Miguel, en las Azores.

Para llegar no hay vuelo directo desde Cataluña. Te lleva TAP Portugal y tienes que hacer escala en Liboa o Oporto. Nosotros paramos en Oporto (2 horas el primer vuelo y otras 2 el segundo). Sin retrasos. Por desgracia nos rompen una maleta. La reclamación se hace muy farragosa. Nos piden que les dejemos la maleta vacía. Decidimos que la traeremos mañana ( básicamente porque no tenemos donde poner todo su contenido ).

Nos espera un Renault Captur de alquiler contratado con la compañía Six: nos sorprende que nos cobran un pastizal por las sillas de los niños (finalmente les ponemos unos simples elevadores) y nos repiten hasta la saciedad que los arañazos de más de 5 cms serán cobrados (nosotros detectamos cosas más importantes; como por ejemplo que tenemos fundida una de las luces de marcha atrás...).

Nos alojamos en el pueblo de Säo Roque: está prácticamente unido a Ponta Delgada, siendo una extensión residencial de la ciudad hacia el este y bordeando la costa. No tardamos nada en llegar: el aeropuerto está muy cerca de Ponta Delgada. A Fani le cuesta un poco "hacerse" con el coche pero todavía es de día. De Säo Roque llama la atención su iglesia y la playa que tiene justo enfrente, la Praia das Milícias. Tenemos contratada estancia en Milícias Beach Apartments y allí nos espera nuestra anfitriona, Aldina. El apartamento es una pasada: 2 habitaciones, lavabo con bañera, una cocina amplia y funcional y un salón comedor enorme donde los niños enseguida instalan su "sala de operaciones" (¡y encima hay Wii!). Aldina nos da instrucciones de gran utilidad y nos tiene preparado un té verde con unas magdalenas que están para chuparse los dedos.

Como no son ni las 18:00 hrs (aquí hay que retrasar los relojes 2 horas respecto a España; el cambio horario ha jugado esta vez a nuestro favor) nos da tiempo de ir al supermercado a hacer la compra. Tenemos uno abierto en Livramento (un barrio residencial que está muy cerquita de nuestro alojamiento). Es pequeño pero está lleno de productos locales. ¡Y a muy bajo coste! Enseguida nos hacemos con lo indispensable para nuestros primeros días en la isla.

Llegamos al apartamento con el tiempo justo para bañarnos y tomarnos una buena cena que bien merecida nos la tenemos. Los niños están muy cansados.

El tiempo no nos acompaña en nuestro primer día en la isla: se pasa gran parte del día llovizneando y ni rastro del sol. No hace mucho frío: con una manguita larga va uno sobrado. Nos vemos obligados a adaptar la agenda del día al tiempo.

Antes que nada vamos al aeropuerto a llevar la maleta. Una vez allí, nos dicen que no, que tenemos que llamar a un número que nos facilitan, donde tenemos que volver a explicar por cuarta vez, lo que ha pasado. Ya veremos...

Nos decidimos por una de las opciones que nos propone Aldina "para los días lluviosos": visitar la Gruta do Carvao. Situado al oeste de la ciudad (cerquita del aeropuerto), se esconde este complejo de rutas subterráneas excavadas por la lava volcánica.

La entrada pasa algo desapercibida, de hecho, no la encontramos a la primera. A la Gruta se accede desde dentro de un local.
Tienen 2 recorridos: lo habitual es hacer el corto (la entrada cuesta 5 euros) y se trata de una visita guiada por un tramo de 200 metros. El recorrido largo hay que reservarlo con semanas de antelación. Sólo pueden entrar 5 personas por grupo y la edad minima es de 10 años.



Hacemos el corto. El acceso a los túneles está acondicionado y la visita es muy segura. Te hacen ponerte un casco. El recorrido es cortito pero ideal para los niños pues se cansan pronto. Lo que más nos gusta son los colores de las paredes de los túneles y la sensación al pisar las piedras volcánicas del suelo (aquí no hay pasarelas que valgan).

Salimos al exterior y llueve. Nos vamos a Ponta Delgada y paseamos por el centro. Algunas calles son peatonales. El centro está lleno de edificios coloniales. Nos sentimos como si hubiéramos dado un salto en el tiempo. Pasamos por la Iglesia y llegamos a las puertas de la Ciudad, que nos llevan hasta el mar. Allí, justo al lado del paseo, paramos a comer en el Restaurante Cais Da Sardinha ( superrecomendable, en especial, el atún y la sopa de pescado ).




Como no deja de llover no tenemos prisa, y nuestros planes para la tarde consisten en visitar el fuerte militar y su museo. Nos soprenden la gran cantidad de antiguallas que tienen, des de material quirúrgico e instrumentos, hasta vehículos, uniformes y armas. Lo mejor, sin duda, es el edificio en sí. La fortificación está llena de salas conectadas entre sí por túneles y pasadizos donde se exponen las piezas. David y Laura están encantados, claro, pero cuando ya llevamos poco más de una hora, empiezan a impacientarse.




Después callejeamos por las calles empedradas del centro hasta llegar de nuevo a la Iglesia. Esperamos en el Café Central ( justo enfrente ) a que se hiciera de novhe, para poder ver la iluminación de Navidad.



Porque aquí también es Navidad...