28 de junio de 2026

EL RÍO LANDAK Y LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS

Llega nuestro segundo día en el Parque Bukit Lawang. Nuestro guía, Sugeng, nos ha preparado un recorrido algo diferente; es domingo y el parque estará algo más concurrido, así que ha reservado para hoy la visita a LA CUEVA de murciélagos ( la Bat Cave; no, el nombre no es muy original). No toca madrugar; de hecho, hemos fijado la hora de salida a las 09:30 h. Así que tenemos tiempo de sobra para desayunar en el Ecolodge. Tienen una carta en la que eliges qué tipo de desayuno quieres y te preparan una bandeja bien completita con zumo natural y platito de fruta acompañando tus tostadas y tortilla , tus noodles o tu crepe. No hace un calor sofocante en la terraza del hotel; con vistas al río Bohorok, sopla una agradable brisa. Hay que tener cuidado, eso sí, con los macacos que, si te despistas, saltan entre las mesas y ven lo que pillan. Los camareros no dan abasto con sus largos palos amenazadores...

Una de las grandes ventajas de alojarse en Bukit Lawang es que no necesitas vehículo para explorar el parque y sus alrededores. Solo un buen guía y muchas ganas. Nos ponemos en marcha puntuales y mucho menos cargados que el día anterior (esta vez llevamos algo menos de agua y hemos renunciado a los chubasqueros). Caminamos por el bosque durante una hora aproximadamente. El camino es un sendero que transcurre entre palmeras de aceite de palma, caucho, árboles frutales y raíces. No está tan embarrado como ayer, aunque sí que empieza a hacer mucho calor. Algunas casas rurales salpican los campos. 


No me hace mucha gracia caminar entre tanto palmeral. Eco nos explicó el primer día que suele haber muchas ratas cerca de estos árboles. Y ya se sabe, las ratas atraen a las serpientes... Eco nos explicó que en ocasiones las ratas son tan numerosas que entonces las serpientes prefieren vérselas con los recolectores de aceite que con grandes grupos de roedores. Esto ha supuesto problemas serios para las empresas. Hubo una crisis en las plantaciones de Sulawesi que lograron superar trayendo búhos desde México. Ingenioso, ¿no?

Por fin llegamos a un pequeño claro donde hay un sendero estrecho que lleva hasta la entrada de la cueva. Dejamos las mochilas en la entrada con el vigilante y bajamos sin prisa (es que los escalonazos que hay para bajar son de tierra, además de estrechos, resbaladizos y empinados). Después de bajar, toca subir. Esta vez por unos escalones naturales incrustados en las rocas, entremezclados con lianas y algún que otro intento de barandillas improvisadas con maderas. Nos ha recordado un poco al parque de Madagascar de Tsingi de Bemaraha, donde tuvimos que escalar.



No esperábamos que entrar a la cueva fuera tan difícil. Ni tampoco el interior. Algunos tramos son muy resbaladizos y tenemos que acabar escalando alguna que otra roca. Además, a medida que vamos avanzando, empieza a faltar luz (llevamos un frontal y 4 linternas). Llegamos a una primera cámara donde sí entra algo de luz natural y vemos a los primeros murciélagos. Son chiquititos, pero hay muchos. Intentan dormir, pero si los iluminas, salen volando al poco rato. 


Seguimos avanzando. Llegados a este punto conviene aclarar que hay tramos donde las paredes son estrechas y tenemos que agacharnos y respirar hondo para no darnos algún que otro cabezazo. Menos mal que somos pequeñitos en general. Durante esta parte ya no necesitamos las linternas. Hay alguna zona rocosa donde hay que ir con mil precauciones; aun así, Jordi sufre un inoportuno resbalón y, afortunadamente, es agarrado a tiempo por el guía que cierra el grupo. Se trata de un chico joven que obedece las órdenes de Sugeng y que de tan silencioso que es a veces no recordamos ni que va tras nosotros.

Entonces llega la merecida recompensa: la SEGUNDA CÁMARA. Mucho más grande. Las paredes se separan y te queda un techo como abovedado y un espacio muy amplio. Esta segunda cámara está repleta de murciélagos, mucho más grandes que los de la primera. Al final de la cueva hay un agujero en el techo que comunica con el exterior. 

La vuelta no es menos dura, pero en una hora ya estamos fuera de la cueva. En la entrada nos encontramos con un grupo de chicas musulmanas que están listas para empezar la visita, algunas de ellas con sandalias o crocs. Para matarse...

La visita prosigue atravesando una plantación de caucho, llena de árboles de durión, la famosa fruta de Asia conocida por su intenso aroma. Ahora sí que hace mucho calor y vamos por pequeñas pistas por donde pasan moteros transportando mercancías o buscando un lugar para descansar con sus parejas. 

Llegamos al río Landak, el segundo río de Bukit Lawang, más tranquilo que el Bohorok y supuestamente perfecto para nadar. Sorprende que no hay ningún soporte logístico: ni aseos públicos, noirestaurantes con terraza y hamacas, ni pasarelas, nada de nada. Nula explotación. Sugeng nos lleva a una zona donde hay poca gente (el loco que va con un pantalón tejano con agujeros por los que se le ve el culo y un machete cuenta como poca gente). Sugeng nos dice que es amigo suyo y que desde hace un tiempo está mal de la cabeza, pero que estemos tranquilos, que él vigila (un día interesante, descubriendo diferentes formas de palmarla...).

No hemos traído las zapatillas de neopreno, pero acabamos metiéndonos en el río para refrescarnos (menos David, que está hasta el moño de tanto bicho y cambio de ropa). Hay mucha corriente y no es muy profundo, pero tenemos nuestro momentazo con Laura, que es una loca que siempre sabe sacarle partido a todo.

Al salir nos espera la comida, lo mismo que ayer: arroz frito con vegetales, pan de gamba, huevos y fruta. Mi pregunta es: ¿dónde llevaban estos chicos la comida? ¿Cómo se mantiene tan bien y buena? Nosotros habríamos llevado nevera, mochilas, hielos y, claro... no habríamos llegado al sitio.

Tras la comida toca regresar al hotel, por el mismo sendero que hemos tomado por la mañana. La verdad es que estamos muy desorientados y tenemos claro que no sabríamos volver sin el guía. Tardamos cerca de una hora y no llegamos al Ecolodge hasta las 14:30h.

Tras ducharnos y volver a lavar ropa, me quedo frita. Me despierta la trompa de agua que cae en apenas unos minutos. Pasamos el resto de la tarde en la cafetería, jugando a cartas, leyendo, pasando las fotos del día y escribiendo el blog. Los niños tienen recompensa, tarde de videojuegos y wifi. Mientras tomamos refrescos y café, un mono salta a la mesa de los de al lado y les roba comida. Sí que es rápido!

Cenamos comida indonesia más tradicional. Encargamos unos platos que hay que reservar con tres horas de antelación porque necesitan más tiempo de preparación que el resto de la carta. Pedimos dos platos de ternera con vegetales, con salsa de coco y patatas. Están preparados de forma diferente y, como no, son un poco picantes (a pesar de que los habíamos pedido después de preguntar expresamente si picaban o no y a pesar de no estar señalados en el menú con el dibujito ese que ponen del chili al lado de la descripción del plato). Tenemos claro que nuestro paladar no está hecho para esto, aunque poniéndole ganas conseguimos comernos toda la carne. No perdonamos el postre: bandeja de fruta y rolls de plátano frito con chocolate. ¡Delicioso! 



27 de junio de 2026

LA JUNGLA DE SUMATRA; PN BUKIT LAWANG

BIENVENIDOS AL PARQUE GUNUNG LEUSER BUKIT LAWA, EN LA JUNGLA DE SUMATRA

Empieza lo bueno. Esperamos mucho de este sitio, al que hemos tardado literalmente unas 46 h en llegar (de puerta de casa a puerta del hotel). El objetivo principal de estos tres días es ver orangutanes en libertad. En Indonesia también pueden verse en Borneo (son una especie diferente a los de aquí). Marco nos convenció de que aquí no hay turismo de masas, cosa que intentamos evitar desde nuestro viaje a China. Seguramente no podremos verlos tan de cerca, ni habrá tantos, pero lo preferimos. Así que toca arriesgarse.

Nos preparamos a conciencia: camisetas de manga larga, pantalones largos de trekking, calcetines largos por encima de los pantalones y gorras para proteger el pelo. Superprotección demostrada contra sanguijuelas (o eso pensábamos). 

Salimos temprano tras el desayuno. Hora prevista: 7:30 h. Hora real: casi las ocho. La culpa: no es nuestra, es del chaparrón de agua que cae a primera hora. De hecho, salimos y todavía está lloviendo, pero no con tanta fuerza. Eco, nuestro guía también nos acompaña.

El resumen (seguro que Jordi se enrollaría más) es que pasamos en el parque alrededor de unas 6 h y recorremos tan solo unos 5.5 km. Sí que es verdad que paramos muchas veces a descansar y a esperar que el ranger encuentre rastros de algún orangután. Un dato curioso es que viven en soledad, es decir, no forman grupos como los monos o los gorilas. Solo cuando se aparean pasan una temporada con la mamá (hasta que acabe la lactancia). El calor es húmedo y extraordinariamente sofocante, de hecho, casi no hacemos pis en toda la mañana. El parque es una jungla tropical superfrondosa y aunque hay múltiples sendas más o menos reconocibles, el suelo está embarrado por la lluvia, lleno de raíces de árboles, lianas y enredaderas, a lo que se suman pendientes empinadas y una vegetación muy densa que dificultan el camino. Avanzamos muy despacio.


Nuestro primer encuentro es con una serpiente, así que me paso el resto del día pensando en si voy a pisar alguna por error. También nos topamos con diferentes especies de monos. 



El primer orangután lo vemos muy de lejos y llegar hasta él no es nada fácil. El ranger nos saca del sendero y nos guía por una ruta que incluye habilidades que no sabíamos que teníamos, unos más que otros. Pasamos por entre unas rocas con un gran desnivel, llenas de musgo, lianas y enredaderas. Y como bajamos, luego también toca subir. Finalmente, llegamos a una zona más alta, desde donde podemos ver a nuestro primer orangután (ya me entendéis). En realidad, hay dos (madre e hijo). Es la primera vez que vemos orangutanes. Es extraordinaria la movilidad que tienen (yo diría que 360º en cinturas pelviana y escapular). A pesar de lo grandes que son, se mueven hábilmente. Se nota que son salvajes (los criados en cautividad no se asustan con la presencia humana, estos sí). De hecho, un turista se acerca a menos de 10 m (mientras se fuma un cigarrillo) y los asusta. En fin...

Además de a los orangutanes, tenemos la enorme suerte de ver a un tucán (Hornbill), que se ve que son muy difíciles de ver (perdón por la redundancia).

Nos encontramos con más turistas en la cima, así que sabemos que de aquí se puede salir. Volvemos por donde venimos, y nos cruzamos con un grupo que acaba dando la vuelta cuando ve por dónde hay que pasar para llegar hasta el claro desde donde se ve a los orangutanes.

Tras la experiencia, paramos (gracias a Dios) a reponer fuerzas. Nos han preparado un poco de fruta que está riquísima. Tras el primer descanso, volvemos a ponernos en marcha. Damos algunas vueltas atentos a las copas de los árboles. Vemos algunos monos que no parecen tenernos miedo y solo buscan a quién quitarle la comida (son macacos). El Ranger nos informa de que han avistado a otro orangután no muy lejos, ¡¡¡así que vamos para allá!!! Este está supercerca, tanto que a Jordi lo tengo que estirar del cuello de la camiseta para que se aleje un poco porque, como está grabando un vídeo, ha perdido la perspectiva de la distancia y no me gustaría que se lo lleven en volandas (es broma, eso no puede pasar, mamá). Nos parece espectacular y somos conscientes de la super suerte que estamos teniendo. 




A Laura y David ya empieza a no apetecerles estar dando más vueltas y es que hace mucho calor. Tenemos la ropa pegada al cuerpo, las bambas llenas de barro y a los mosquitos pululando. Los comentarios de nuestros hijos no tienen desperdicio.

Cito textualmente:

- David: Habéis conseguido juntar en un día las cosas que más odio: bichos y ensuciarme de barro (aquí todavía no habíamos bajado por el río en neumáticos de goma).

- Laura: Ya, si eso les pedimos que si podemos dormir aquí y ya lo tenemos todo.

Pero no hemos acabado, nos queda llegar hasta el río Bohorok, donde está previsto que paremos a comer y alguna que otra sorpresita más. La verdad es que nos resulta muy incómodo porque tenemos que sentarnos en las rocas. Comemos arroz con huevo, vegetales y pan de gambas y, por supuesto, fruta tropical de postre (que está deliciosa, nada que ver con la del súper).

Jordi es el primero que se atreve a ir a buscar algún sitio un poco privado para hacer pis. Vuelve con un video donde nos enseña a una iguana gigante y a un mono que se le acercan a chafardear.  Vale, el resto haremos pis en grupito. 

Tras la comida toca ponerse el bañador (sí, sí) para bajar por el río hasta el hotel en barcas hechas con neumáticos. Esto ya lo hemos vivido en Costa Rica, pero aquí el río está más lleno y es más rápido. La estrategia de ponernos el bañador sin que se nos vea nada que no se tenga que ver es bastante complicada. Yo opto por ponerme pantalones cortos y bañarme con el top; Laura se pone el bañador encima de las bragas, David no se cambia y Jordi es el único que se pone el bañador, momento que aprovecha para sacarse un par de sanguijuelas de los calcetines que han estado haciendo su trabajo. Yo también tengo la marca de una, pero no la encuentro. Ya veré dónde se ha metido. Bueno, de todas formas, el agua del río seguro que lo cura todo. Y yo hago lo que sea por no caminar más con este calor.

Eco y el Ranger y otro local más que se une al grupo (el guía de la... vamos a llamarla canoa hecha de dos neumáticos unidos entre sí con cuerdas, supercómoda, supersegura y superestable) guardan las mochilas en dos bolsas gigantes de plástico que atan con cuerdas. Esperamos que sean muy, muy estancas.

No tenemos fotos de este momento claro, pero sí el recuerdo de que Laura y Jordi se ríen a cada salto, de que David no deja de insultar al capitán cada vez que se las ingenia para mojarnos (sabe que no le va a entender), y de que yo tengo la piel de gallina porque el agua fría no me sienta bien. El caso es que todos bajamos riéndonos. Llegamos al hotel a las 14:30 h. No tenemos la sensación de que sea tan pronto. Yo calculaba que serían las 17 h o así.

Ya en el hotel nos damos una ducha calentita, lavamos la ropa que tenemos que volver a usar mañana (un poquito, para podernos soportar a nosotros mismos) y descansamos un rato. 

Por la tarde salimos a dar un paseo por el pueblo (aunque David y Laura se quedan en la habitación para odiarnos en equipo). Al pueblo lo cruza el río y hay varios puentes (no demasiado elaborados) que lo cruzan, uniendo ambos lados. Nos recuerda, salvando las distancias, a Fenghuang. Aquí se ve a la Sumatra rural, la de verdad. Aquí no hay cajeros. 




La sala común del hotel es muy chula. Está encima de la cafetería. Se sube sin zapatillas porque es toda de madera. Hay puffs repartidos por los rincones y algunas mesas con bancos para pasar el rato. Lo malo es que no tiene mucha luz, pero sí tiene conexión a internet, lo cual no esperábamos en este lugar. Cenamos pronto, pero el servicio va muy lento y es un poco desastre porque hay más gente que ayer cuando llegamos. Hay un grupo grande y creemos que no están muy acostumbrados a tanto jaleo a la vez. Por la noche se oyen ruidos (si son naturales, ¿son ruidos también?) constantemente. Justo delante del hotel tenemos el río, así que sí, a riesgo de parecer poco romántica, acabo durmiendo con tapones. 


25 de junio de 2026

INDONESIA EN FAMILIA: LLEGADA A MEDAN

Este año hemos decidido viajar de nuevo al continente asiático y también volver a viajar justo al terminar las vacaciones escolares. Los niños ya participan de la elección del viaje y preferían viajar al principio del verano. Entre todos decidimos viajar a Indonesia, un país al que nosotros fuimos en el año 2007 en un viaje de buceo con Enric y Toñi, de Thalassa. Entonces buceamos en Sulawesi (Isla de Banka y Parque de Bunaken, de las Islas Célebes ).

Como durante el año vamos muy atareados tanto con el trabajo como con los niños y las extraescolares, esta vez decidimos recurrir a la plataforma de EVANEOS para que nos ayudaran con la planificación del recorrido y las reservas de alojamiento y de traslados internos. La verdad es que estuvo muy bien hacerlo pues enseguida nos pusieron en contacto con una agencia local y con Marco, nuestro agente. Son especialistas en crear viajes personalizados según demanda y pudimos organizar uno a medida. Le pedimos evitar zonas muy concurridas por las fechas, priorizando naturaleza y playas, y durante 2-3 semanas intensas de intercambio de ideas le fuimos dando forma.

Fijamos nuestras salida para el miércoles 24 de Junio. Los vuelos internacionales sí que los tuvimos que reservar nosotros. Menos mal que Fani es toda una experta. Tuvimos un momento de crisis ya que cuando estábamos a punto de comprar los billetes estalló el conflicto bélico en Oriente. Menos mal que aún no los habíamos reservado ya que la elección inicial era con compañías árabes. Al final, tras esperar unos días y un nuevo estudio conseguimos reservar la ida con Turkish Airlines haciendo escala en Estambul y la vuelta desde Singapur (Malasia) a Barcelona con vuelo directo. Nos salió un poco más caro pero con buenos horarios.

Tras comprobar que estábamos al día de las vacunas, compramos el Malarone para poder hacer la prevención de la malaria durante el viaje. El visado no se puede hacer antes de 3 días de la salida por lo que tuvimos que dejarlo para el final. Marco nos pasó el enlace de la página oficial y la verdad es que tiene un funcionamiento sencillo y nada farragoso. Pedimos el B1 que permite una estancia de 30 días y cuesta 29 euros por persona. El seguro de viaje lo pillamos con Intermundial.

Salimos desde Barcelona la tarde del 24 de Junio con tiempo matinal para cerrar maletas y revisar que no nos dejamos nada. Mima y Nala ya están colocadas en sus respectivas residencias de verano ( Mima con los papas de Jordi) y Nala con Patas Locas en Riudoms. Salimos de casa pronto (a eso de las 14:30 hrs) porque nos da un poco de miedo pillar retenciones de vuelta a Barcelona y porque somos muy histéricos.

El primer vuelo sale a las 19:00 hrs y tiene una duración de 3 horas y media. En Estambul tenemos apenas 2 horas de conexión pero no hace falta pasar  ningún control de seguridad ni de pasaportes: desde el mismo corredor de salida del avión ya nos permitieron acceder a la sala de espera con las puertas de embarque. Sorprende que hay muchos vuelos nocturnos previstos, gente por todas partes y muchas tiendas abiertas (¡muy diferente de Barcelona donde por la noche parece que se apaga la vida la vida dentro del Prat!).

El segundo dura unas 11 horas. Conseguimos dormir a ratos y pasamos de la cena (¿alguien tiene hambre a las 03:00 am?). Los niños se las ingenian que no veas: Laura estirada con la cabeza encima de Fani y David estirado en el mismo suelo, frente a los asientos.

 Llegamos al aeropuerto de Jakarta a eso de las 18:00 horas sin sobresaltos. Como llevamos ya pagada la VISA y también tenemos hecha la Declaración de Aduanas, pasamos los controles en un periquete. Recogemos maletas y para el Hotel FM7 a pasar la noche. Tenemos el tránsfer incluido en furgoneta compartida pero son apenas 15 minutos. El hotel es una pasada: instalaciones de lujo, gimnasio, piscina cubierta, habitaciones muy espaciosas (nos asignan dos dobles enormes) y restaurante a la carta con mucha variación. Pedimos a nuestro antojo y nos pusimos las botas ( 44 euros los cuatro, que no es caro dado el nivelón del local y los precios que barajamos en España). Dormimos a gusto y sin muchos problemas de jet lag: la diferencia con España es de tan solo +5 horas.

Por la mañana superdesayuno en el hotel y salida otra vez al aeropuerto de Jakarta aunque esta vez a la Terminal 1, la de los vuelos Nacionales. Tenemos uno reservado a Medan a las 10:05 horas que ya nos habían retrasado una hora y que comprobamos que sale otra hora más tarde. Nos da tiempo en la sala de espera de disfrutar con Laura de una jornada del Mundial apasionante con dos partidos de liguilla en directo y en 2 pantallas simultáneas. Llaman la atención los aires acondicionados en este país con el termostato a 19º.

Llegamos a Medan a eso de las 13:00 hrs y tenemos un bonito Comité de bienvenida con Eco (el agente de Mimpi Nusantara ) e Hirule (el conductor con nombre a los Legend of Zelda). Nos obsequian con regalos: bolsas de trapo con botellas metálicas reciclables, gorros, abanico, pareos y un pañuelo). Con Eco aprovechamos para sacar efectivo en un cajero ATM. Este año nos curamos en salud (nada como ir ganando experiencia). Por un lado con tarjeta REVOLUT: es un monedero que te permite almacenar y sacar dinero sin comisiones. Por otro lado tarjeta Hola Fly para Internet y llamadas.

El traslado en coche nos lleva más de 3 horas. Paramos prontito para comer en un restaurante local: aquí sí que sufrimos bastante. Nos llenan la mesa de diferentes platos, con muchos de ellos especiados y picantes. Hacemos lo que podemos. Algún plato es aprovechable y tenemos el socorrido arroz blanco. El contraste con nuestra gastronomía ya es muy exagerado y nos recordó un poco alguna que otra comida en China. Y el agua no viene embotellada por lo que renunciamos a ella y nos lanzamos a por las botellas de agua obsequio de la agencia. Le explicamos a Eco que preferimos experiencias algo menos “arriesgadas” y nos dice que estemos tranquilos y que nos buscará sitios más “internacionales”; nos adelanta que la comida en el hotel será más de nuestro gusto.

Llegamos al pueblo de Timbangjaya de noche. Para llegar al hotel (Ecolodge Bukit Lawang ), hay que cruzar el río Landak por una pasarela bastante estrecha y poco segura, caminando. Nos acompañan Eco y un par de porteadores que cargan las maletas sobre el hombro. Esta todo muy oscuro y es difícil hacerse una idea del lugar. Llegando al complejo del hotel sí que está todo iluminado y es más fácil orientarse. Pasamos por recepción y hacemos el check-in. En este alojamiento tenemos desayuno y cenas incluidos. Nos dan dos habitaciones dobles, espaciosas y con el añadido de que están comunicadas por dentro. No hay aire acondicionado pero estan bien ventiladas (hay telas mosquiteras alrededor de las camas) y los ventiladores del techo son muy efectivos. Sin grandes lujos pero muy funcionales.

La cena está muy bien y pedimos variado; esta vez Laura no puede resistirse y se pide su primer plato de espaguettis boloñesa. Antes de la cena hemos conocido al Ranger con el que haremos las excursiones por el parque Bukit Lawal los próximos tres días y nos hace un adelanto de la primera excursión, la de mañana. Repasamos el equipo y la ropa que hay que llevar y los horarios previstos, con arranque a las 07:30 hrs ya desayunados. ¡Poca broma que esto arranca de verdad mañana!


26 de agosto de 2025

HASTA SIEMPRE TRIBU

Ha llovido intensamente toda la noche, como si faltara cielo. Cuando desayunamos no lo sabemos, pero por culpa de la lluvia ha habido un desprendimiento que ha cortado la carretera por donde tenemos que ir a San José. Toca despedirse del caribe. Hoy nos vamos a la Capital, a conocer su mercado y a hacer las últimas compras. La teoría era que tardaríamos unas 5 horas. La práctica es que tardamos 9. La carretera está desviada a causa de un desprendimiento debido a las lluvias de anoche. 

A pesar de todo, Giovanni es un gran conductor y se enfrenta con una sonrisa a las horas de viaje. Comemos por el camino en un bar a pie de carretera con unas vistas de impresión, el Rancho de Macho. Su especialidad: la carne, obvio. El café: ahí va la foto. 



Los cambios de planes nos hacen llegar a San José a media hora del cierre del mercado. Saltamos, literalmente, del bus. Muchos de los puestos están cerrando. Lo poco que vemos nos parece un poco poco artesanal, la verdad. Acabamos pronto con las compras y de ahí, saltamos d enuevo al bus, literalmente, para llegar al Hotel en Alajuela, La Rosa de América, que es absolutamente impresionante. La habitación tiene una cama de 130 y dos literas, un pequeño vestidor y unos jardines preciosos. Nuestra primera noche en Costa Rica debería haber  sido aquí, pero Abel nos confiesa que estaba lleno y no pudo conseguir habitaciones para todos. Bueno, estamos ahora, que es lo que cuenta. 
Cenamos en el restaurante. Es nuestra última cena en Tribu. Mañana, salimos de forma escalonada, en horarios diferentes ( aunque nosotros coincidimos con 3 de las familias ). Somos los que más tarde saldrán ( nuestro vuelo con Avianca es a las 16:45h ). Nos veremos obligados a pasar la mañana en este hotel. Confesaremos aquí al resto del grupo, que Jordi, Mariel, Maite, Cris y yo, recibimos un masaje ( en plan profesional, ehhh!!!) de Abel. Así que listos para la vuelta!!



Toca procesar todo lo que hemos vivido, tanto de forma individual como en grupo. Ha sido una experiencia inolvidable. Costa Rica tiene una biodiversidad que en pocos lugares hemos visto. Hemos sido testigos de momentos increíbles. Hemos tenido la suerte de tener una playa caribeña para nosotros solos, de pasear bajo un cielo estrellado sin fin, de correr bajo la lluvia torrencial tras un baño termal, hemos volado entre árboles y bajado por las aguas de un río celeste. Hemos dormido con murciélagos y liberado tortugas al mar. Y lo más importante: no nos ha mordido ninguna serpiente venenosa. 

Gracias Tribu por acogernos en este viaje tan bonito. Gracias por la compañía, los amaneceres improvisados, las risas de las motivadas  y el chocolate caramelizado. Gracias Luis por tu magia y Abel, por tu libertad. 

Faltan Mariel y Julieta ( la más pequeña e intrépida del grupo ) que ya se ham ido a dormir y Saül ( creo que ya se ha ido a dormir también auqnue nunca sabemos dónde está : ) 


Nota: la vuelta fue interminable. Vuelo con Avianca vía Bogotá, hasta Madrid y tren desde allí hasta el Camp de Tarragona. En Atocha nos despedimos de Maite y Saül, que han coincidido con nosotros en el vuelo. retrasaron el primer vuelo por la lluvia ( aunque no mucho, con lo que no perdimos el enlace ). 

La Tribu, nuestra tribu: 

Alba, Oscar, Blas y Mario 

Paco, Cris y Miguel

Jordi O, Nuria y Axel

Nosotros 

Maite y Saül

Mariel y Julieta
Añado aquí, nuestro itinerario: https://www.polarsteps.com/fanimartinez/20361585-costa-rica

25 de agosto de 2025

EL JAGUAR Y LA PLAYA PUNTA UVA

Teníamos previsto ir mañana a conocer el Jaguar Rescue Center, pero con Abel decidimos cambiarlo a hoy, para tener más tiempo mañana para ir al mercado de San José, y hacer algunas compras en nuestro último día en Costa Rica. Dejar eso para el mismo día que teníamos que coger el vuelo no nos entusiasmaba. Además, como salíamos en diferentes horarios pintaba a caos. 

Asi que hoy nos dirigimos a este curioso parque donde conocemos de mano de nuestra guí ay voluntaria María, la historia de algunos d elos animales que acogen aquí. A pesar de lo que nos parecía al principio, no, no hay jaguares. Antes de convertirse en lo que es hoy en día, el centro era en realidad la casa de un Italiano y una Alemana que decidieron asentarse en Costa Rica. Como eran amantes de los animales, les daba por acoger a cualquier bicho que lo necesitara. La casa fue conocida como la casa del Jaguar, porque los vecinos confundieron un ocelote con un jaguar, de ahí el apodo de la casa. Finalmente, el gobierno obligó a los inquilinos a oficializar el centro como tal, un centro de rescate de animales. Hoy en día, disponen de hospital, centro de rehabilitación y acogida, ayudas del gobierno, varios proyectos de protección ( como aislar cables eléctricos ) y voluntarios. 

Una de las funciones del centro, además del rescate y cuidado de animales, es el de concienciar y educar a la población. Los animales salvajes no son mascotas, así que nada de selfies ni carantoñas. 






Algunas de las historias eran muy conmovedoras: monos prisioneros a la merced de las monedas de los turistas, papagayos con clavículas fracturadas, electrocuciones accidentales, anzuelos... los animales eran rescatados y tras la rehabilitación son liberados a su hábitat, excepto algunos que no podrían sobrevivir por su cuenta. La visita cuenta con algún infiltrado inesperado.



No nos lleva más d eun par de horas. Tras el café, nos ponemos los bañadores y pasamos el resto del día en la playa, en concreto, la Playa Punta Uva, donde improvisamos una comida con tonterías; patatas, patacones, tortitas, sandía y mamones. 

Para hablar de la playa os pongo fotos y ya, porque es una de esas playas de postal que recordaremos siempre. Nos sorprende que hay poca gente. Giovanni consigue un par de sillas para los Jordis y el resto no ssentamos en un árbol caído y en la arena. Los niños, supongo que están en al agua, porque han desaparecido de la arena en tres segundos. Muy cerquita hay un bar que llevan unos argentinos, donde nos recuperamos del calor. 

Nota: en Costa Rica el lavabo es la pica donde se lavan las manos, no el inodoro. Lo digo porque cuando dije que necesitaba un lavabo porque a Laura le urgía hacer sus mayores, me miraron con cara de espanto ;)








La idea es quedarse a ver la puesta de sol, que es sobre las 17:30h, pero no parece que las nubes vayan a dejar que eso pase, así que decidimos volver antes al hotel. Pedimos comida para llevar en un restaurante. Tardan una eternidad pero decidimos organizarnos. Mientras unos se quedan en el hotel poniendo la mesa, el resto nos vamos a buscar la comida, a ver si así aceleran. Y no, no aceleran. Cuando lleganos al hotel, todo está listo. Cae un chaparrón ( de los pocos que cae durante el viaje )

Mañana nos toca ir a San José ( se calcula que 5h de trayecto ) para ir al mercado y despedirnos de este país que tanto nos está enamorando.