11 de julio de 2026

SINGAPUR III

Madrugamos de nuevo. Esta vez toca despertar a las 06:00 h am. Como de costumbre, seguimos la rutina habitual: cierre de maletas, recogida de las cajitas de desayuno del hotel y check out, aprovechando para apurar las últimas rupias que nos quedan en efectivo. Vale la pena comentar que en este viaje hemos necesitado muy poco efectivo, pudiendo hacer un montón de pagos con tarjeta. Nos acompañan los ecos del mundial de fútbol: se está acabando de jugar el Inglaterra - Noruega (con prórroga) y a las 09:00 am juega la Argentina de Messi. Laura y Jordi lo están siguiendo con interés. 

Tenemos el vuelo a las 09:30 h. Hacemos el check-in rodeados de turistas ingleses celebrando la clasificación de su país. Nos tomamos las cajitas del desayuno del hotel en un Starbucks, añadiendo café y chocolate caliente. Apuramos las últimas rupias en físico comprando golosinas y chocolatinas. Unos argentinos celebran un gol de su equipo.

El aeropuerto es pequeño y todo pasa con agilidad. Nos sellan el pasaporte de salida enseguida y accedemos al avión, caminando por la pista. Salimos puntuales en un vuelo de 3 horas de duración. Aquí acaba la experiencia organizada con EVANEOS. Ahora ya vamos definitivamente por libre en lo que nos queda de viaje. Es la segunda vez que vamos a Singapur de forma más o menos exprés (para Fani la tercera).

El aeropuerto de Singapur es muy moderno y sorprende la facilidad del paso por el control de aduanas. Fani solo tuvo que cumplimentar una Arrival Card por Internet el día previo a nuestra salida y, con pasar el pasaporte por un lector automático y dejarte hacer una foto, pasas enseguida. Nos espera una rápida carrera en taxi de aproximadamente media hora sin sobresaltos. Nos cobran 25 dólares añadiendo un plus de salida del aeropuerto y hora punta que está bastante bien (en cualquier país europeo nos hubieran cobrado mucho más).

Como llegamos al hotel cerca de las 14:00 h, ya nos tienen la habitación disponible. Nos hospedamos en el Hotel Furama City Center: se trata de un enorme y moderno hotel situado al ladito del Barrio Chino. Aquí todo es muy moderno (ya lo vimos durante el trayecto en taxi). Singapur es una ciudad muy grande y cosmopolita con edificios imponentes y con pasarelas que los interconectan. Enseguida comprobaremos que los semáforos se hacen de rogar para el peatón y se da prioridad al tránsito rodado, lo cual es bastante inteligente y permite que todo sea más fluido. Los edificios están decorados con gusto y en muchos de ellos hay mucha vegetación en sus terrazas.

Salimos a comer. Son las 14:30 h y no nos complicamos mucho: desde la calle nos llama la atención el comedor del restaurante Lyme. Con muchas mesas libres y propuesta gastronómica occidentalizada. Pedimos un plato principal para cada uno y nos dejamos 100 dólares. ¡Se acabaron los precios de Indonesia! ¡Aquí tocará pagar mucho más! Tras comer, aprovechamos para dar un primer paseo por el barrio chino y visitamos un templo budista, el Buddha Tooth Relic Temple. Hay mucho ambiente dentro: están realizando una ceremonia budista y se oyen los rezos y cánticos. No nos cobran por la entrada. Subimos a la parte de arriba en ascensor y recorremos su jardín de la azotea y sus habitaciones adornadas. Las paredes están llenas de detalles, entre ellos incontables figuras de Buda. En el jardín encontramos la Pagoda de la Oración: si la giras en el sentido de las agujas del reloj mientras caminas a su lado, se dice que te permite acumular mérito purificador y sabiduría. El interior de la rueda contiene miles de copias impresas de mantras sagrados y, al activar la rueda, los mantras se “activan” y se liberan al universo, lo cual equivale a recitar todas esas oraciones en voz alta simultáneamente. Bastante gente lo va haciendo el rato que pasamos allí. Jordi lo prueba también, no vaya a ser que funcione...   


Decidimos regresar al hotel a descansar. Por el camino seguimos recorriendo el Barrio Chino y sus animadas calles. Hay un montón de comercios y restaurantes y gente por todas partes. Está todo muy animado y eso que es domingo por la tarde. Hay una tienda de Tintín muy chula y un bar en 2-D monocromático. Ya vemos un primer Ferrari aparcado en doble fila. Más tarde veremos un Porsche y un Lamborghini. Aquí la gente maneja mucho dinero. Pasamos un par de horitas en el hotel descansando. Hay piscina exterior y Jordi aprovecha para darse un baño. Se hace de noche pasadas las 19.00 h y las vistas de la ciudad desde nuestro ventanal de la planta 12 del hotel son espectaculares.


Decidimos hacer un último esfuerzo: nos pegamos una última pateada por las calles de la ciudad hasta la zona del Marina Bay Sands. Allí tiene lugar el Spectre, un espectáculo gratuito de luz y agua de 15 minutos de duración. Llegamos justo a tiempo y nos hacemos un sitio entre la gente. Muy recomendable, aunque nos habíamos hecho la idea de que habría espectáculo de luces en el skyline y no es el caso. Aun así, vale la pena.




La vuelta al hotel es durilla: son más de las 21:00 h y estamos muy cansados. Conseguimos cenar pasta por el camino en la terraza exterior de un bar musical muy ruidoso y con la peor pizza desde Vietnam (la pasta de los niños sale mejor) y acabamos rendidos en la habitación del hotel. Menos mal que está bien insonorizado y que esta noche ya no tendremos que padecer las intempestivas “apariciones” de ningún imán.

VUELTA A LOMBOK, CARA AL SUR

Esta vez decidimos que no vamos a pasar por el aro y que las condiciones de pick-up las ponemos nosotros. Tras el superdesayuno del hotel y despedirnos de nuestro alojamiento en Isla del Agua, avisamos de que nos vengan a buscar al embarcadero de la zona norte, cerca del centro de buceo Blue Marlin, ya que nuestro hotel está literalmente a 5 minutos de este puerto. Ni hablar de repetir el atraco del carro-caballo para llegar al puerto que está en el sur de la isla. Está previsto un cuarto de hora para pasar de Gili Air al embarcadero de Lombok. Claro que nos quedamos sin gasoil a pocos metros de la costa de Lombok y tenemos que esperar a que un tío en kayak nos traiga un bidón de gasoil. Yo quería ir nadando, pero las maletas no. 

Llegar al sur de la isla de Lombok nos supone un par de horas de coche, desandando parte del camino que hicimos en coche desde el aeropuerto el día de nuestra llegada. Por el camino paramos en un par de playas (Tanjung Aan beach y Segara beach) en plan turista, que se baja del coche solo para hacer unas fotos. Además, hace mucho viento para bañarse, aunque las playas sean de infarto. Todos tenemos prisa por llegar al hotel (Hotel Amber Lombok Beach Resort).



Comemos por el camino, a poco más de media hora del hotel, y sobre las 3 p. m. ya llegamos. El hotel está a pie de playa, así que lo primero es dar un paseo. En seguida nos damos cuenta de que no vamos a bañarnos mucho en esta playa. Hay mucha corriente y las olas son de infarto. Aun así, no nos desanimamos. Las instalaciones del hotel están muy bien. Las habitaciones incluso tienen un pequeño jardincito. Nos vemos obligados a estar quietecitos, tomar el sol, pasear y comer. 


 

De hecho, nos aburrimos tanto que al día siguiente decidimos levantarnos para ver el amanecer. Y así, sin hacer nada en todo el día. Será nuestro último día en Indonesia. De Lombok volaremos a Singapur para pasar un par de días de turismo exprés. Nuestro próximo post será desde allí. 





9 de julio de 2026

GILI AIR DÍA 2

¡Vaya días de ensueño que hemos pasado en la isla! Con toda la calma del mundo hemos pasado un par de días de auténtico relax a nuestro aire. Exploramos la isla por partes sin volvernos locos.  

Nos despertamos con la compañía de los simpáticos y regordetes gatos del hotel que se pasean libremente (llegando en ocasiones a entrar en las habitaciones) y buscando nuestras carantoñas. El desayuno está superbién: personalizado y completo, te puedes pedir crepe de chocolate, aquí hay leche de sobras y el yogur con fruta y topping de muesli está de cine.

Las dos mañanas decidimos instalarnos en la zona de hamacas y sombrillas de un par de restaurantes en la que se considera la mejor zona de snorkel de la isla, en la costa noreste. Hay muchos puestos donde alquilar el equipo (25000 rupias cada pieza que pidas), así que no hay excusas. La zona es realmente espectacular, aunque hay que adentrarse bastante y pasar la primera zona de algas y coral (a Laura le cuesta un poco y David vuelve a “pasar”). La primera mañana disfrutaremos viendo un montón de peces tropicales. La segunda, se nos aparece una tortuga “de sopetón” y nadamos un rato con ella. ¡Vaya momentazo! Un par de peces “limpiadores” nadan por debajo de ella. La perdemos cuando se adentra en alta mar. En esta zona hay pocas embarcaciones de snorkel; aun así, no hay que perderlas de vista para evitar “accidentes”. Los papis disfrutamos mucho del snorkel en Gili Air. De lujo y sin necesidad de barco ni de hacer submarinismo: tanto el coral como los peces (¡y las tortugas!) están allí mismo, al alcance de cualquiera.


La oferta de restaurantes es muy variada y hay para todos los gustos. Pensando en los peques, hacemos comidas más europeas con pasta y pizza. Del último día destaca la cena en el restaurante Mama's Pizza, lleno hasta los topes y con pizzas en horno de leña excelentes. Conseguimos una mesa y cenamos de lujo. Llama la atención cómo se llega a concentrar la gente (turistas en su gran mayoría) en ciertos restaurantes para luego dejar zonas “desérticas”, especialmente en el norte.

Disfrutamos de un par más de zonas de puesta de sol. La mejor en la zona sudoeste, sentados en unos cómodos sofás, a pie de playa. Pedimos un par de cócteles y disfrutamos del momento con música en directo. Una turista australiana que no calla ni debajo del agua nos da conversación un rato.



Una de las experiencias más divertidas la vive Fani con Laura con un renting de una scooter 24 h (250000 rupias, que equivalen a unos 12.50 euros). Laura, tras insistir mucho, se ha salido con la suya. Se dan varios paseos por la isla; en el último, con David y todo (3 en la misma moto). A Jordi le tocará caminar por el centro de la isla, con calles ya asfaltadas y más tranquilas que las de la periferia. Las casas locales no tienen desperdicio.


La piscina del hotel y el aire acondicionado de la habitación ayudan a reponer fuerzas. Y de la heladería cerca del hotel ya hemos hablado: ¡no vamos a perdonar ninguna bola!





6 de julio de 2026

GILI AIR: LA MENOS TURÍSTICA DE LAS ISLAS GILI, ¿NO?

Última mañana en el Living Asia, muy a nuestro pesar. ¡Qué bien que hemos estado aquí! Disfrutamos por última vez del desayuno en la terraza con vistas al mar y hacemos el check out. Hemos quedado con nuestro guía - conductor a las 08:30 hrs.

En media hora llegamos al puerto en la zona noroeste de la isla. Allí vamos a un embarcadero donde nos espera un barco privado. Como nuestro siguiente destino es la isla de Gili Air, la idea es pasar el día haciendo snorkel y aprovechar el barco para hacer el traslado. La embarcación es grande y la tenemos para nosotros solos. En el lateral del barco podemos leer “POKO POKO” (de “HANG OUT” o quedada con los compis).

Gili significa isla. Situadas en la costa noroeste de Lombok, tenemos Kepulauan Gili, un archipiélago de tres pequeñas islas: Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air. De gran interés turístico: son pequeñas, en ellas está prohibido el tráfico motorizado y permiten a uno vivir la experiencia de visitar una isla remota. Además, tanto el coral como la vida marina que las rodean son muy famosos. La más alejada de la costa es Gili Trawangan (la más grande y, según nos cuentan, la más fiestera). En medio queda Gili Meno que sería la más tranquila (para las lunas de miel) y, finalmente, la más cercana a la costa de Lombok, Gili Air (que dicen que sería la ideal para familias). Es innegable que, cuando nos informamos acerca del viaje a Indonesia, la idea de pasar unos días en una de las Gilis fue irresistible. Nos decantamos por Gili Air tras leer algunos blogs donde se recomendaba mucho.

Tras subir al barco (las maletas caben de sobras), nos ponemos a navegar en dirección a Gili Trawangan. Fani se tomó la Biodramina por si acaso, pero hay buena mar. Tardamos cerca de una horita en llegar al Turtle Point, que se ve que es un lugar bastante famoso para hacer snorkel. Hay varios barcos varados y bastante gente en el agua. Tras ponernos la máscara y las aletas, nos lanzamos al agua. Nos acompaña un guía (¿o es fotógrafo instagramer?) que se ocupará de irnos marcando el “camino”. Llevamos un salvavidas para Laura (nos lo pidió ella misma), pero, a la que pilla confianza, deja de usarlo enseguida. Lo dejamos como boya improvisada. David se ha hecho de rogar, pero también se mete en el agua (menos mal). Nada más bajar, nos encontramos con una enorme tortuga con su precioso caparazón dibujado. Ha pasado desapercibida para los demás y podemos nadar con ella sin que nadie nos moleste (manteniendo la distancia y sin tocarla). No tardaremos en toparnos con una segunda tortuga un poco más lejos (¡vaya suerte la nuestra!). ¡Con lo que nos costó encontrarlas en Costa Rica!). El fondo de coral es sencillamente espectacular y hay un montón de peces tropicales. La verdad es que pasamos revista y están casi todos los que conocemos y más. El único que echamos de menos es el pez payaso, pero es que no hay anémonas en este fondo marino. Sí vemos una enorme serpiente marina en el fondo de color blanco y negro (el guía nos dice que estemos tranquilos, que no es venenosa, pero mantenemos la distancia por si acaso). Los niños alucinan. El agua es transparente y la visibilidad, excelente. Lo único que sí resulta un poco agobiante es que continuamente se mueven embarcaciones y el sonido de los motores es algo inquietante (tienes todo el rato el temor de que no te vean y te puedan arrollar... seguramente infundado, pero...).

Regresamos al barco. Estamos varados cerca de la costa este de Gili Trawangan. Podemos ver la costa repleta de edificaciones hoteleras (afortunadamente, la gran mayoría de solo una, a lo sumo dos, plantas y bastante integradas con el entorno natural). Como veremos más adelante en las otras 2 islas Gili, será una constante.

Tras una corta navegación, volvemos a echar el ancla... ¡Para un segundo, snorkel! Aún estamos mojados y algo cansados. El guía nos dice que es una parada TOP, pues es la de las estatuas o “NEST”. Son muy famosas y salen fotografiadas en centenares de sitios. Son un conjunto de 48 figuras humanas de tamaño natural agrupadas en círculo. Fueron creadas por el artista Jason de Caires Taylor y están situadas frente a la costa oeste de Gili Meno. El guía nos explica que fueron creadas como reclamo turístico del hotel que tiene enfrente y que, como están tan solo a 4 metros, son muy accesibles. Nos lanzamos al agua (esta vez ya sin David, que “pasa”). Al poco de llegar, ya vemos que se concentran justo encima y por los alrededores decenas de bañistas. Realmente es agobiante y no deja de ser una “TURISTADA”. Para conseguir la ansiada fotografía, hay que sumergirse y pasar a ras del fondo, entre ellas. El problema es cuando te quedas sin aire y tienes que subir... Búscate un espacio entre la multitud... Fani lo consigue, pero es que es muy buena en el agua. Llama la atención que hay mujeres musulmanas allí metidas, con sus burquinis. Es curioso, pero no imprescindible. Estamos lo justo y le pedimos al guía marcharnos.

Por fin toca un descanso: el barco nos acerca a la costa de Gili Meno, donde nos bajamos para dar un pequeño paseo y visitar una granja de tortugas. El paseo nos muestra una avenida repleta de bares y restaurantes con sus correspondientes hamacas y parasoles. Hay mucha animación y gente por todas partes. Dista mucho de la idea que nos habíamos hecho de isla para recién casados... La granja consta de cuatro parcelas repletas de tortugas y separadas por tamaño y edad. Las hacen crecer allí, alimentándolas y protegiéndolas de los depredadores. Tras un año, y con la tortuga ya crecida, se libera al mar. El proyecto lleva más de treinta años en marcha y la visita es libre.

Volvemos al barco y ponemos ya rumbo a Gili Air, donde accederemos al embarcadero de la zona sur de la isla. Allí hacemos nuestro tercer y último snorkel del día y quizá el mejor, pues casi ni hay nadie y el fondo de coral es sencillamente espectacular y repleto de peces tropicales. Además, nada más lanzarnos al agua, volvemos a ver otra tortuga. Estamos relativamente cerca de la costa, por lo que tomamos nota de que probablemente podremos disfrutar de más snorkel los demás días sin necesidad de subirnos a ningún barco.

Comemos en uno de los restaurantes del embarcadero. Nos asignan una zona para los cuatro y hacemos una comida sencilla. Esta vez no perdonamos el café, aunque el de este país sigue dejando mucho que desear. Repasamos con nuestro “fotógrafo” las fotografías. ¡Son preciosas! Nos las pasa directamente al móvil.

Nuestro alojamiento para los próximos 3 días es el Hotel Isla del Agua. Nuestro guía no sabe dónde está y, como no tiene ganas de complicarse, nos avisa un carro con caballo para que nos lleve hasta el hotel. Nos enfada bastante porque aquí te COBRAN LITERALMENTE LO QUE LES DA LA GANA sin posibilidad de negociar porque no tienes alternativa. La “broma” nos supone la friolera de 350000 rupias que, tratándose de Indonesia, es un auténtico robo para una carrera de apenas 20 minutos (y el conductor, Lamborgili, qué cachondo, nos dice que nos ha hecho un “descuento”… Sin comentarios). Decidimos que ha sido el único carro que hemos pagado y que no habrá ni uno más. En la isla puedes acceder a todas partes caminando, pero también se puede alquilar bicicleta y/o scooter eléctrica (estas son muy manejables y a Laura le han hecho tilín).

El hotel Isla del Agua es un lujazo: está en la zona norte, es familiar y acogedor y las habitaciones están decoradas con gusto. Además, te dan toallas para la playa y máscaras grandotas para el snorkel. ¡Genial! Tiene piscina. Tras hacer el check-in, nos sentamos con el recepcionista a repasar el mapa de la isla. Nos hace un montón de recomendaciones de las que tomamos nota, especialmente de restaurantes molones, zonas de snorkel y zonas para la puesta de sol. Tras instalarnos, salimos a dar un buen paseo por la zona norte, donde disfrutamos de nuestra primera puesta de sol. Ya vemos que aquí son muy especiales y somos muchos los que nos concentramos en la playa para poder admirarla con la boca abierta. Hay turistas, pero también locales. Nos cruzamos con algunos runners y con turistas montados a caballo. Por el paseo hay muchas zonas arenosas no asfaltadas, con lo que vemos mucha gente empujando sus bicicletas o scouters alquilados. En la isla no hay robos y se considera muy segura. En ningún momento vemos policía.





La cena la hacemos en el Hakuna Matata, un restaurante de sushi. Mientras esperamos que lleguen los platos de sushi, los niños se ponen a jugar una partida de ajedrez con el tablero que tiene el propio restaurante cerca de la barra y que es de marfil. Los papis disfrutamos de nuestro momento “edamame” del día. De vuelta al hotel, identificamos una heladería donde por cada bola que pides te regalan otra. Ya tenemos claro que la visitaremos más veces. 



5 de julio de 2026

LAS CASCADAS DEL NORTE

Hoy nos toca explorar el norte de Lombok. Nuestro guía nos recoge y la primera parada la hacemos en un pequeño mercado local, ¿pequeño? Los pasillos son estrechos y están abarrotados, pero queda espacio para que pasen motos cargadas hasta los topes. Nos parece todo muy caótico, pero seguro que ellos piensan que es lo más.







La segunda parada la hacemos en el parque Sendang Gile y Tiu Kelep Waterfall, en Senaru, al norte de Lombok. Se trata de un parque que alberga, entre otras, un par de cascadas. SE puede incluso hacer una ruta circular de tres días para recorrer todo el parque. Nosotros nos decidimos por el paseo (todos tranquilos). Tardamos casi 1 h en llegar desde el mercado.

Empezamos desde un hotel que tiene un mirador desde donde puedes ver la primera cascada a lo lejos (Sensang Gile). Luego toca caminar por el bosque, que está lleno de ruiditos y cosas que se mueven entre los árboles (son monos que esperan a ver si sacas algo de comida). El bosque es superfrondoso, lleno de diferentes tipos de árboles y helechos. Se las han apañado para medio arreglar un camino (como una senda) para facilitar el acceso y en algunos tramos hay escaleras. Incluso han desviado a través de un canal parte del agua del río para organizar una turistada más: bajar por el canal con donuts de goma. 


En el tramo final, antes de llegar a la segunda cascada (Tiu Kelep), tenemos que pasar por el río. El agua está fría (cosa que se agradece). La ruta para visitar las dos cascadas acaba durando casi una hora y media.

Nos hacemos las fotitos de rigor sin disfrutar demasiado del sitio; hay que hacer el mismo recorrido a la inversa para volver y ya estamos algo cansados. David no se encuentra bien desde hace rato.

La comida la hacemos en el restaurante desde el que hemos salido, que además tiene piscina. Tras la comida, decidimos cancelar los planes de la tarde (visitar la mezquita y una casa tradicional indonesia) porque nos queda más de una hora y media de coche para volver y, como David está fino, no podemos pedirle más. De hecho, duerme todo el camino de vuelta, lo que es raro en él.

Acabamos llegando sobre las 15:30 h y pasamos la tarde en la piscina del hotel sin perdonar nuestro momento café-puesta de sol (sí, le he puesto nombre).