A las 06:30 h am ya estamos desayunando. Decidimos quedar más pronto con el guía para evitar las horas de más calor (hoy toca visitar otro complejo arquitectónico de Borobudur) y no llegar tan tarde al hotel para poder disfrutarlo algo más. El desayuno, igual que ayer, está buenísimo y nos ponemos las botas.
Para la visita de hoy toca primero coche hasta la llanura Kedu (a aproximadamente 40 km al noroeste de Yogyakarta).Tras una hora de trayecto, hacemos una primera parada en el Templo Padi Cawon. Kaoto nos explica que es budista y tiene una arquitectura similar a la del complejo de Borobudur. Pertenecen al mismo período y se especula con que existiera un camino amurallado que los conectase. Paseamos un poco por los alrededores y por un sendero que bordea un bosque de bambú junto a un río. Aún no son ni las 09:00 h y está todo muy tranquilo.
Llegamos a Borobudur. Nos topamos con un gran edificio donde hay servicios y la billetería. Lo primero que llama la atención, a diferencia de la visita de ayer al complejo de Pram Banan, es que está todo mucho más organizado. El templo no se puede explorar por libre y hay que formar parte de un grupo de unas 25 personas, que está numerado (nos toca el 27) y liderado por un guía oficial local del parque de habla inglesa (en nuestro grupo). Tras pagar y sernos asignado a un grupo, te dan unas sandalias de bambú de tu número, una bolsa para guardar allí tu calzado y llevarlo encima y un botellín de agua (entra con la entrada que cuesta 450000 rupias, 25 euros). Nos han asignado el turno de visita de las 09:30 h y nos hacen esperar en un pabellón abierto con sillas. Nuestro primer impulso es el de criticar tanta parafernalia. Esto pinta a turistada. Nada de perderse por ahí a tu rollo.
Aprovechamos para leer un poco el panfleto que nos dan informando del enclave y saber algo más acerca del lugar. Borobudur fue construido entre 750 y 850 y es el monumento budista más grande del mundo. Es un santuario y lugar de peregrinación budista y está edificado de tal manera que se visita ascendiendo. Se empieza desde la base del monumento y, a través de escaleras y corredores, representa que vas ascendiendo (son 9 plantas) por los tres niveles de la cosmología budista hasta alcanzar el anhelado Nirvana.
Kioto no nos acompaña. Se queda con nuestras bolsas con el calzado y nos dice que nos estará esperando a la salida. Hace un bochorno importante y el sol aprieta de lo lindo (¡y eso que no son ni las 10:00 h!). El guía nos va explicando bastantes cosas, aunque habla muy deprisa y cuesta seguirlo. Además, va cerrando los ojos como si estuviera tratando de recitar la lección. Eso sí, si una cosa destaca de los guías que nos han tocado en Yogyakarta es su amabilidad y predisposición y su habilidad para hacer fotos. ¡Ya era hora de tener buenas fotos en familia de los 4 juntos!
Borobudur está construido como una gran estupa y, visto desde arriba, toma la forma de un mandala budista. Tiene nueve plataformas: las seis inferiores tienen forma de cuadrado, mientras que las restantes son circulares. Hay que reconocer que, haciendo la visita de esta manera, es más fácil recorrer los pasillos u obtener fotografías sin que haya gente por todas partes. La visita es más auténtica aunque haya que hacerla pendiente del reloj. Te dan una hora dentro y, como la entrada es una pulsera, para asegurarse de que no te pasas de tiempo, te leen al acceder el código de barras que lleva impreso. Empezamos a subir con calma; los escalones son enormes y hay que dar grandes zancadas. Vamos bebiendo agua y colocándonos en zonas sombreadas mientras el guía nos va explicando cosas del lugar. La verdad es que en esta zona no le hacemos mucho caso: preferimos adentrarnos en los pasillos y explorarlos sin gente.
A medida que vamos ascendiendo, las vistas empiezan a ser más espectaculares. Hay diferentes estatuas; la gran mayoría son representaciones de Buda sentado con las piernas cruzadas y con diferencias en la posición de sus manos (son los 5 mudras). Hay zonas donde están ubicadas en nichos (plataformas inferiores). Arriba están ya dentro de estatuas perforadas. Muchas estatuas están decapitadas o mutiladas y las hay perdidas (nichos vacíos). Como en Prambadam, llaman mucho la atención la calidad de sus relieves o paneles que cubren los pasillos; algunos son decorativos y otros explican episodios de la simbología budista. Hacemos fotos y videos sin parar y lo miramos todo con la boca abierta. ¡Es sencillamente impresionante!
Finalmente accedemos a las 3 plantas circulares superiores o cima del monumento. Aquí el guía nos da tiempo libre (una media horita) para recorrerlo a nuestro aire. Como no hay mucha acumulación de gente, lo disfrutamos bastante. No se puede acceder al último nivel. Recorremos los 3 niveles bordeando sus 72 pequeñas estupas (rodean la central): tienen forma de campana y hay una estatua de Buda dentro de cada una. Aquí David y Laura ya muestran poco interés y se colocan en una zona sombreada a “hablar de sus cosas”.
La siguiente media hora la invertimos en ir bajando con calma del monumento, reunirnos con Kaoto, volvernos a poner el calzado normal, tomar las últimas fotos del monumento (panorámicas desde la base) y salir del complejo. Son casi las 12:00 h cuando llegamos a la furgoneta. Entre el madrugón y la calurosa visita estamos más que cansados.
La segunda parte del tour de hoy incluye una visita al pueblo de Candirejo. Kioto nos preguntó cómo preferíamos hacerla, dándonos a elegir entre bicicleta o carro tirado por caballo. Escogimos la 2.ª opción. Nos asignan una guía local de habla inglesa y 2 carros: en uno van los papis y en el otro David y Laura. El carro va bastante deprisa, la verdad, y llama mucho la atención la facilidad que tiene el conductor para manejar al caballo, especialmente en las curvas.
El pueblo de Candirejo es famoso por su fuerte cultura javanesa, rodeado de campos fértiles y verdes colinas. La visita es muy recomendable. La gente nos mira con una sonrisa en la cara y coincidimos con algún grupo aislado de turistas que están haciendo la actividad igual que nosotros. La primera parada nos lleva a visitar una granja de cabras para el consumo local. Después nos paran en una casa donde vemos trabajar a dos ancianos: están elaborando tempeh, un producto alimenticio procedente de la fermentación natural controlada de la soja y que se presenta en forma de pastel. Vemos diversas fases del proceso y flipamos bastante con los dos ancianos. Son más de las 13:00 h pm y no parece que tengan previsto descansar...
La siguiente parada nos lleva a una casa local donde tienen un precioso escenario con un gamelán. Tienen una pizarra con 3 partituras para niños de muy fácil interpretación: con números y letras puedes deducir qué toca tocar (los instrumentos musicales tienen los correspondientes números). Suponemos que es así como aprenden a tocar y la guía se pone a explicarnos cómo lo vamos a tener que hacer. Vaya... Parece que de esta no nos libramos. Fani y los niños acaban en los xilófonos y Jordi al gong. La guía hace de directora marcando los tiempos y enseguida aparecen los anfitriones de la casa con una sonrisa en la cara y se ponen entre nosotros a tocar. El resultado es bastante divertido y nos echamos unas risas. Mola bastante, la verdad.
Llegamos a la furgoneta a eso de las 14:30 h y regresamos al hotel. Es más de una hora de trayecto en la que más de uno se echa una cabezadita. Nos espera la piscina del hotel, recoger la ropa (nos cobran 30 euros; caro para los estándares del país, pero no nos vamos a pasar las tardes lavando ropa...) y la última supercena en el d. Omah, en la que tampoco nos estamos de nada. Vemos serie en familia (en la tele del hotel hay Netflix) y nos vamos a dormir pronto, que mañana toca hacer el MADRUGÓN del viaje.



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