9 de julio de 2026

GILI AIR DÍA 2

¡Vaya días de ensueño que hemos pasado en la isla! Con toda la calma del mundo hemos pasado un par de días de auténtico relax a nuestro aire. Exploramos la isla por partes sin volvernos locos.  

Nos despertamos con la compañía de los simpáticos y regordetes gatos del hotel que se pasean libremente (llegando en ocasiones a entrar en las habitaciones) y buscando nuestras carantoñas. El desayuno está superbién: personalizado y completo, te puedes pedir crepe de chocolate, aquí hay leche de sobras y el yogur con fruta y topping de muesli está de cine.

Las dos mañanas decidimos instalarnos en la zona de hamacas y sombrillas de un par de restaurantes en la que se considera la mejor zona de snorkel de la isla, en la costa noreste. Hay muchos puestos donde alquilar el equipo (25000 rupias cada pieza que pidas), así que no hay excusas. La zona es realmente espectacular, aunque hay que adentrarse bastante y pasar la primera zona de algas y coral (a Laura le cuesta un poco y David vuelve a “pasar”). La primera mañana disfrutaremos viendo un montón de peces tropicales. La segunda, se nos aparece una tortuga “de sopetón” y nadamos un rato con ella. ¡Vaya momentazo! Un par de peces “limpiadores” nadan por debajo de ella. La perdemos cuando se adentra en alta mar. En esta zona hay pocas embarcaciones de snorkel; aun así, no hay que perderlas de vista para evitar “accidentes”. Los papis disfrutamos mucho del snorkel en Gili Air. De lujo y sin necesidad de barco ni de hacer submarinismo: tanto el coral como los peces (¡y las tortugas!) están allí mismo, al alcance de cualquiera.


La oferta de restaurantes es muy variada y hay para todos los gustos. Pensando en los peques, hacemos comidas más europeas con pasta y pizza. Del último día destaca la cena en el restaurante Mama's Pizza, lleno hasta los topes y con pizzas en horno de leña excelentes. Conseguimos una mesa y cenamos de lujo. Llama la atención cómo se llega a concentrar la gente (turistas en su gran mayoría) en ciertos restaurantes para luego dejar zonas “desérticas”, especialmente en el norte.

Disfrutamos de un par más de zonas de puesta de sol. La mejor en la zona sudoeste, sentados en unos cómodos sofás, a pie de playa. Pedimos un par de cócteles y disfrutamos del momento con música en directo. Una turista australiana que no calla ni debajo del agua nos da conversación un rato.



Una de las experiencias más divertidas la vive Fani con Laura con un renting de una scooter 24 h (250000 rupias, que equivalen a unos 12.50 euros). Laura, tras insistir mucho, se ha salido con la suya. Se dan varios paseos por la isla; en el último, con David y todo (3 en la misma moto). A Jordi le tocará caminar por el centro de la isla, con calles ya asfaltadas y más tranquilas que las de la periferia. Las casas locales no tienen desperdicio.


La piscina del hotel y el aire acondicionado de la habitación ayudan a reponer fuerzas. Y de la heladería cerca del hotel ya hemos hablado: ¡no vamos a perdonar ninguna bola!





6 de julio de 2026

GILI AIR: LA MENOS TURÍSTICA DE LAS ISLAS GILI, ¿NO?

Última mañana en el Living Asia, muy a nuestro pesar. ¡Qué bien que hemos estado aquí! Disfrutamos por última vez del desayuno en la terraza con vistas al mar y hacemos el check out. Hemos quedado con nuestro guía - conductor a las 08:30 hrs.

En media hora llegamos al puerto en la zona noroeste de la isla. Allí vamos a un embarcadero donde nos espera un barco privado. Como nuestro siguiente destino es la isla de Gili Air, la idea es pasar el día haciendo snorkel y aprovechar el barco para hacer el traslado. La embarcación es grande y la tenemos para nosotros solos. En el lateral del barco podemos leer “POKO POKO” (de “HANG OUT” o quedada con los compis).

Gili significa isla. Situadas en la costa noroeste de Lombok, tenemos Kepulauan Gili, un archipiélago de tres pequeñas islas: Gili Trawangan, Gili Meno y Gili Air. De gran interés turístico: son pequeñas, en ellas está prohibido el tráfico motorizado y permiten a uno vivir la experiencia de visitar una isla remota. Además, tanto el coral como la vida marina que las rodean son muy famosos. La más alejada de la costa es Gili Trawangan (la más grande y, según nos cuentan, la más fiestera). En medio queda Gili Meno que sería la más tranquila (para las lunas de miel) y, finalmente, la más cercana a la costa de Lombok, Gili Air (que dicen que sería la ideal para familias). Es innegable que, cuando nos informamos acerca del viaje a Indonesia, la idea de pasar unos días en una de las Gilis fue irresistible. Nos decantamos por Gili Air tras leer algunos blogs donde se recomendaba mucho.

Tras subir al barco (las maletas caben de sobras), nos ponemos a navegar en dirección a Gili Trawangan. Fani se tomó la Biodramina por si acaso, pero hay buena mar. Tardamos cerca de una horita en llegar al Turtle Point, que se ve que es un lugar bastante famoso para hacer snorkel. Hay varios barcos varados y bastante gente en el agua. Tras ponernos la máscara y las aletas, nos lanzamos al agua. Nos acompaña un guía (¿o es fotógrafo instagramer?) que se ocupará de irnos marcando el “camino”. Llevamos un salvavidas para Laura (nos lo pidió ella misma), pero, a la que pilla confianza, deja de usarlo enseguida. Lo dejamos como boya improvisada. David se ha hecho de rogar, pero también se mete en el agua (menos mal). Nada más bajar, nos encontramos con una enorme tortuga con su precioso caparazón dibujado. Ha pasado desapercibida para los demás y podemos nadar con ella sin que nadie nos moleste (manteniendo la distancia y sin tocarla). No tardaremos en toparnos con una segunda tortuga un poco más lejos (¡vaya suerte la nuestra!). ¡Con lo que nos costó encontrarlas en Costa Rica!). El fondo de coral es sencillamente espectacular y hay un montón de peces tropicales. La verdad es que pasamos revista y están casi todos los que conocemos y más. El único que echamos de menos es el pez payaso, pero es que no hay anémonas en este fondo marino. Sí vemos una enorme serpiente marina en el fondo de color blanco y negro (el guía nos dice que estemos tranquilos, que no es venenosa, pero mantenemos la distancia por si acaso). Los niños alucinan. El agua es transparente y la visibilidad, excelente. Lo único que sí resulta un poco agobiante es que continuamente se mueven embarcaciones y el sonido de los motores es algo inquietante (tienes todo el rato el temor de que no te vean y te puedan arrollar... seguramente infundado, pero...).

Regresamos al barco. Estamos varados cerca de la costa este de Gili Trawangan. Podemos ver la costa repleta de edificaciones hoteleras (afortunadamente, la gran mayoría de solo una, a lo sumo dos, plantas y bastante integradas con el entorno natural). Como veremos más adelante en las otras 2 islas Gili, será una constante.

Tras una corta navegación, volvemos a echar el ancla... ¡Para un segundo, snorkel! Aún estamos mojados y algo cansados. El guía nos dice que es una parada TOP, pues es la de las estatuas o “NEST”. Son muy famosas y salen fotografiadas en centenares de sitios. Son un conjunto de 48 figuras humanas de tamaño natural agrupadas en círculo. Fueron creadas por el artista Jason de Caires Taylor y están situadas frente a la costa oeste de Gili Meno. El guía nos explica que fueron creadas como reclamo turístico del hotel que tiene enfrente y que, como están tan solo a 4 metros, son muy accesibles. Nos lanzamos al agua (esta vez ya sin David, que “pasa”). Al poco de llegar, ya vemos que se concentran justo encima y por los alrededores decenas de bañistas. Realmente es agobiante y no deja de ser una “TURISTADA”. Para conseguir la ansiada fotografía, hay que sumergirse y pasar a ras del fondo, entre ellas. El problema es cuando te quedas sin aire y tienes que subir... Búscate un espacio entre la multitud... Fani lo consigue, pero es que es muy buena en el agua. Llama la atención que hay mujeres musulmanas allí metidas, con sus burquinis. Es curioso, pero no imprescindible. Estamos lo justo y le pedimos al guía marcharnos.

Por fin toca un descanso: el barco nos acerca a la costa de Gili Meno, donde nos bajamos para dar un pequeño paseo y visitar una granja de tortugas. El paseo nos muestra una avenida repleta de bares y restaurantes con sus correspondientes hamacas y parasoles. Hay mucha animación y gente por todas partes. Dista mucho de la idea que nos habíamos hecho de isla para recién casados... La granja consta de cuatro parcelas repletas de tortugas y separadas por tamaño y edad. Las hacen crecer allí, alimentándolas y protegiéndolas de los depredadores. Tras un año, y con la tortuga ya crecida, se libera al mar. El proyecto lleva más de treinta años en marcha y la visita es libre.

Volvemos al barco y ponemos ya rumbo a Gili Air, donde accederemos al embarcadero de la zona sur de la isla. Allí hacemos nuestro tercer y último snorkel del día y quizá el mejor, pues casi ni hay nadie y el fondo de coral es sencillamente espectacular y repleto de peces tropicales. Además, nada más lanzarnos al agua, volvemos a ver otra tortuga. Estamos relativamente cerca de la costa, por lo que tomamos nota de que probablemente podremos disfrutar de más snorkel los demás días sin necesidad de subirnos a ningún barco.

Comemos en uno de los restaurantes del embarcadero. Nos asignan una zona para los cuatro y hacemos una comida sencilla. Esta vez no perdonamos el café, aunque el de este país sigue dejando mucho que desear. Repasamos con nuestro “fotógrafo” las fotografías. ¡Son preciosas! Nos las pasa directamente al móvil.

Nuestro alojamiento para los próximos 3 días es el Hotel Isla del Agua. Nuestro guía no sabe dónde está y, como no tiene ganas de complicarse, nos avisa un carro con caballo para que nos lleve hasta el hotel. Nos enfada bastante porque aquí te COBRAN LITERALMENTE LO QUE LES DA LA GANA sin posibilidad de negociar porque no tienes alternativa. La “broma” nos supone la friolera de 350000 rupias que, tratándose de Indonesia, es un auténtico robo para una carrera de apenas 20 minutos (y el conductor, Lamborgili, qué cachondo, nos dice que nos ha hecho un “descuento”… Sin comentarios). Decidimos que ha sido el único carro que hemos pagado y que no habrá ni uno más. En la isla puedes acceder a todas partes caminando, pero también se puede alquilar bicicleta y/o scooter eléctrica (estas son muy manejables y a Laura le han hecho tilín).

El hotel Isla del Agua es un lujazo: está en la zona norte, es familiar y acogedor y las habitaciones están decoradas con gusto. Además, te dan toallas para la playa y máscaras grandotas para el snorkel. ¡Genial! Tiene piscina. Tras hacer el check-in, nos sentamos con el recepcionista a repasar el mapa de la isla. Nos hace un montón de recomendaciones de las que tomamos nota, especialmente de restaurantes molones, zonas de snorkel y zonas para la puesta de sol. Tras instalarnos, salimos a dar un buen paseo por la zona norte, donde disfrutamos de nuestra primera puesta de sol. Ya vemos que aquí son muy especiales y somos muchos los que nos concentramos en la playa para poder admirarla con la boca abierta. Hay turistas, pero también locales. Nos cruzamos con algunos runners y con turistas montados a caballo. Por el paseo hay muchas zonas arenosas no asfaltadas, con lo que vemos mucha gente empujando sus bicicletas o scouters alquilados. En la isla no hay robos y se considera muy segura. En ningún momento vemos policía.





La cena la hacemos en el Hakuna Matata, un restaurante de sushi. Mientras esperamos que lleguen los platos de sushi, los niños se ponen a jugar una partida de ajedrez con el tablero que tiene el propio restaurante cerca de la barra y que es de marfil. Los papis disfrutamos de nuestro momento “edamame” del día. De vuelta al hotel, identificamos una heladería donde por cada bola que pides te regalan otra. Ya tenemos claro que la visitaremos más veces. 



5 de julio de 2026

LAS CASCADAS DEL NORTE

Hoy nos toca explorar el norte de Lombok. Nuestro guía nos recoge y la primera parada la hacemos en un pequeño mercado local, ¿pequeño? Los pasillos son estrechos y están abarrotados, pero queda espacio para que pasen motos cargadas hasta los topes. Nos parece todo muy caótico, pero seguro que ellos piensan que es lo más.







La segunda parada la hacemos en el parque Sendang Gile y Tiu Kelep Waterfall, en Senaru, al norte de Lombok. Se trata de un parque que alberga, entre otras, un par de cascadas. SE puede incluso hacer una ruta circular de tres días para recorrer todo el parque. Nosotros nos decidimos por el paseo (todos tranquilos). Tardamos casi 1 h en llegar desde el mercado.

Empezamos desde un hotel que tiene un mirador desde donde puedes ver la primera cascada a lo lejos (Sensang Gile). Luego toca caminar por el bosque, que está lleno de ruiditos y cosas que se mueven entre los árboles (son monos que esperan a ver si sacas algo de comida). El bosque es superfrondoso, lleno de diferentes tipos de árboles y helechos. Se las han apañado para medio arreglar un camino (como una senda) para facilitar el acceso y en algunos tramos hay escaleras. Incluso han desviado a través de un canal parte del agua del río para organizar una turistada más: bajar por el canal con donuts de goma. 


En el tramo final, antes de llegar a la segunda cascada (Tiu Kelep), tenemos que pasar por el río. El agua está fría (cosa que se agradece). La ruta para visitar las dos cascadas acaba durando casi una hora y media.

Nos hacemos las fotitos de rigor sin disfrutar demasiado del sitio; hay que hacer el mismo recorrido a la inversa para volver y ya estamos algo cansados. David no se encuentra bien desde hace rato.

La comida la hacemos en el restaurante desde el que hemos salido, que además tiene piscina. Tras la comida, decidimos cancelar los planes de la tarde (visitar la mezquita y una casa tradicional indonesia) porque nos queda más de una hora y media de coche para volver y, como David está fino, no podemos pedirle más. De hecho, duerme todo el camino de vuelta, lo que es raro en él.

Acabamos llegando sobre las 15:30 h y pasamos la tarde en la piscina del hotel sin perdonar nuestro momento café-puesta de sol (sí, le he puesto nombre). 



NUESTRO DÍA VEHÍCULOS FREE

Nos levantamos pensando en que no está nada mal tener tiempo para aburrirse de vez en cuando y disfrutar del día que vamos a llamar vehículos free, para pasear, leer, bañarse y tomar el sol. Nos decidimos por dar primero un paseo por la playa, para hacernos los healthy y bajar el desayuno, que nos hemos pasado.

Por casualidad pasamos por delante de un pequeño chiringuito. Está hecho con materiales naturales (por no decir con lo que han pillado del bosque). Está algo destartalado y parece que, si soplas, se va a caer. Nos llama la atención un cartel que dice: —No wifi. Talk to each other. Pretend it’s 90s. Es una pequeña escuela de surf. Le pregunto a Laura si se anima. De entrada me dice que no, pero luego reflexiona y nos dice:

- ¿Sabes qué? A lo mejor no volvemos a tener la oportunidad de hacer algo así en un lugar como este.

Así que sí, acabamos tomando una clase de casi 2 h de surf. ¡Increíble! Porque lo del tiempo libre está sobrevalorado.

Hacemos un primer briefing de normas básicas de supervivencia y técnica y acabamos montadas en las tablas, esperando a que lleguen las olas perfectas. El mar está perfecto para principiantes, o eso nos dicen los instructores. Menos mal que hemos decidido hacer la clase con pantalones y camiseta porque nos hemos caído tantas veces que no sé si no habríamos salido desnudas del agua, tal como sirenas. Aguantamos una hora y media. A partir de ahí, las olas están más altas y chocan con fuerza en la orilla y abandonamos por miedo (aunque la emoción todavía se siente).





Poder vivir esta experiencia con Laura ha sido muy chulo. Y ella ha sido muy valiente. Además, no se le ha dado nada mal. Por supuesto, solo hemos aprendido a levantarnos y aguantar, de pie; para nada hemos movido la tabla a nuestro antojo, pero no ha estado nada mal. 

Tras la comida, que es a la carta y con unos precios más asequibles y parecidos a los del resto del viaje, toca piscina, capuchino y puesta de sol. 



4 de julio de 2026

NUESTRO PARAÍSO EN LOMBOK; NI TAN MAL

Toca madrugar un poco. Nuestro conductor está esperándonos para cargar mochilas y maletas y salir en dirección al aeropuerto de Surabaya. Son unas 2.5 h de coche hasta el aeropuerto, con 30 larguísimos minutos iniciales de curvas, así que, por si acaso, me tomo la biodramina, que me conozco. 

Como volamos a Lombok en un vuelo doméstico, con 1.5 h antes para el check-in será suficiente. No vamos con mucho tiempo de sobra, pero llegamos. El desayuno lo hacemos en el coche en marcha porque no nos da para más. El vuelo, para nuestra sorpresa, dura solo una hora y no dos como pensábamos. Resulta que en Lombok es una hora más tarde que en Bromo.

Nuestro guía nos espera para recogernos. Al principio, hay un poco de confusión porque los guías esperan a la salida del aeropuerto, pero después de haber pasado la cola de taxis que intentan que te vayas con ellos. Del aeropuerto al hotel tenemos unas dos horas más, así que decidimos parar para comer. El guía nos lleva a un modesto restaurante a pie de playa para comer lo que sea, algo rápido, ya que tenemos unas ganas locas de llegar a nuestro primer hotel de playa. Al entrar, un chico nos abre una nevera y nos pide que escojamos el pescado que nos vamos a comer, sí, en efecto, del mar al grill. Escogemos uno que acaba pesando 1600 g para los 4. Lo acompañamos de verduras y patatas fritas. Mejor pongo una foto porque no sé cómo explicar lo bueno que está.

Después de comer llegamos al hotel (Living Asia Resort and Spa Lombok). A pesar de lo rimbombante del nombre, no es tan chulo como el de Omah, pero tiene piscinón que asoma a la playa, que es también espectacular. Tenemos toda la tarde y el día de mañana entero para aclimatarnos (no sé si lo vamos a conseguir).

Pasamos la tarde paseando por la playa. El cartel de: "Cuidado, fuertes corrientes" y la bandera roja nos echan para atrás los planes de bañarnos y ya hemos aprendido que con el mar no se juega. La playa es de arena negra y está llena de pechinas y trocitos de coral. 

De todas formas, pasamos un rato en la piscina, así que ni tan mal. 

El hotel está en la costa oeste de Lombok, así que nos toca aguantar la impresionante puesta de sol en el mar; así que ni tan mal. En nuestro ranking de puestas de sol está entre las de Meteora en Grecia y las de Madagascar.



La cena la hacemos en el restaurante del hotel. Como es sábado, toca tema: barbacoa y música en directo. Nos cobran unos 70 € a los 4, lo cual es bastante para los estándares del país, donde hemos estado comiendo por unos 30 € aproximadamente los cuatro.


3 de julio de 2026

LÍMITE: 24 HORAS

El día comienza con un supermadrugón, para no perder la costumbre. Son las 04:30 am y, con los rezos del imán, nos ponemos en marcha. Hemos quedado con el conductor a las 05:15 h. Cerramos maletas y recogemos unas cajas del hotel d'Omah con el desayuno. Las cajas son de bambú y, además del desayuno, incluyen unos termos pequeños para café, té y leche. Nos hemos flipado. Un último obsequio de este gran hotel.

En poco más de media hora nos plantamos en la estación de tren de Yogyakarta. Sorprende la cantidad de gente que hay a esas horas por las calles. Aquí la gente madruga mucho: hay mucho tráfico rodado, motos sobre todo, y gente por todas partes caminando de aquí para allá. Por haber, vemos hasta gente haciendo footing. ¡Qué diferente de nuestro país!

Las calles parecen todas iguales y parece mentira que nuestro conductor no necesite ningún Google Maps o similar para moverse por el intrincado laberinto de calles.

La estación de tren nos sorprende, pues la esperábamos más pequeña. Está bastante bien, con paneles indicativos de todos los trenes y sus correspondientes horarios y andenes actualizados. Es imposible equivocarse de tren, algo que, por cierto, nos daba algo de miedo, ya que el conductor se ha largado. Tenemos que pasar la hoja impresa con los billetes por un lector de QR e imprimirlos. Enseguida nos ayuda un empleado muy amable. Hay un control de acceso en el que revisan solo el billete (aunque llevábamos los pasaportes a la vista).  

Cuando faltan 15 minutos para la salida del tren (fijada a las 06:45 h), nos subimos. Moderno, con espacio de sobra entre asientos y con unos amplios compartimentos superiores donde colocamos sin problemas nuestras maletas. Cuando nos ponemos en marcha, observamos una curiosa escena que dice mucho de la gente de este país: varios empleados de la compañía de tren se colocan en el andén con las manos en posición saludo-despedida y mirándonos al arrancar. Al verlo, Laura nos dice: —Pero no nos va a pasar nada, ¿no? Y es que la despedida es tan solemne que da la impresión de que nos la vamos a pegar. 

El viaje a Surabaya dura 4 h, por lo que tenemos tiempo de sobra de desayunar los packs del hotel, dormir un buen rato (caemos todos), leer, escribir blog y jugar a maquinitas. En el vagón hay locales y turistas, y van pasando empleados a vigilar y recoger basura. En ningún momento te sientes inseguro y el viaje pasa volando.

Llegamos puntuales. Mucha gente se baja y hay un poco de apelotonamiento en el andén. Pero con paciencia salimos. Afuera nos espera nuestro conductor, cuyas únicas instrucciones son llevarnos a nuestro hotel cerca de Bromo. No habla inglés e intentamos en vano comunicarnos con él. No sabe nada de que tengamos que ir por la tarde a visitar el volcán, ya que tenemos billetes de avión para las 11:00 h del día siguiente. Al contrario, nos enseña un mensaje de texto del móvil pregrabado con indicaciones de madrugón y visita al amanecer, que es lo que hace casi todo el mundo. Conseguimos contactar con nuestro agente de Evaneos (Marco) y nos dice que estemos tranquilos, que intentará arreglar el entuerto. Una cosa nos queda clara: tenemos un LÍMITE DE 24 HRS, ni una más.

Con el ánimo un tanto inquieto, nos ponemos en marcha. La distancia es considerable y nos lleva unas 2 horas y media llegar al hotel. La primera parte: Salimos de Surabaya; es una ciudad mucho más moderna que Yogyakarta, con todas las calles asfaltadas, arcenes, edificios de bloques de pisos y centros comerciales. A plena luz del día la ciudad luce. Después toca autopista. Para qué engañaros... ¿Alguien se la esperaba? Aprovechamos para hacer una parada técnica y usar el lavabo. El conductor nos pasa al guía local por teléfono: lo primero que hace es disculparse por la confusión y enseguida arreglamos con él la visita al volcán Bromo para la misma tarde. ¡Menos mal! Como nos vemos venir que el tiempo es oro, decidimos comer allí mismo, en la misma estación de servicio. Hay un montón de puestecitos de comida y nos sentamos en uno que parece que ofrece pollo y arroz sin picante. ¡Acertamos! Sin complicaciones. La comida más barata de todo el viaje: nos costó la friolera de 102000 rupias... o sea, 5 euros. 

Tras recorrer otro tramo de autopista, nos toca pillar una salida para ascender hasta Wonotoro. Esta parte está llena de curvas y más de uno se pone malo. El conductor va a todo trapo, pero cualquiera le dice nada... Nos espera el Tour Sunset y el reloj sigue contando.

El hotel Jiwi Jawa es un auténtico pasote. A lo parador nacional, mimetizado con el propio bosque. Está decorado con gusto; de hecho, expone obras de artistas, sobre todo cuadros. El guía local ya nos estaba esperando y no deja de disculparse por la confusión. Nosotros le tranquilizamos y le pedimos que nos dé 10 minutos para instalarnos. Las habitaciones son espaciosas y están comunicadas. Dejada en toda regla de maletas y ¡al ataque!

Arrancamos el tour a las 15:00 h. Nos subimos a un jeep rojo de época. Un pasote: parece sacado de una película de Indiana Jones con sus botones en el salpicadero, el ruido incesante del motor y el penetrante olor a gasolina. El conductor se ve experimentado; es un señor de unos cincuenta años (¿señor?), redondo y bajito, pero con mirada de pocos amigos. Enseguida descubrimos que lo de subir a la zona de los volcanes en estos jeeps es práctica habitual y que tienen toda una flota de ellos por todas partes. Nuestro guía nos informa de que es una suerte que hagamos el Sunset Tour porque por las mañanas se forman unas colas a las 03:00 - 04:00 h de la mañana de aúpa para poder fotografiar el amanecer. Se ve que es un locurón. Y todo para poder acceder a un palito de mirador rodeado por centenares de personas. ¡Ni de coña hacemos nosotros eso!

El jeep tarda unos 20 minutos en aparcar en un descampado, cerca del volcán Bromo. Aquí toca bajarse del jeep e iniciar una larga caminata hasta la cima del volcán. Lo primero que pensamos es que está muy lejos y que no lo vamos a conseguir ni en broma, vista la hora que es. Pero el guía parece muy convencido de que sí y marca un ritmo bastante normal que podemos seguir todos. A lo lejos vemos una zona de escalinatas, rollo “Muralla China”. La verdad es que estamos todos de buen ánimo (no olvidemos que llevamos todo el día encerrados en vehículos motores) y con ganas de caminar. La primera parte se hace relativamente fácil; se llega hasta un primer templo hinduista. A partir de aquí empieza la subida y cuesta lo suyo; en esta parte la pista está llena de rocas y, si te descuidas, resbala. Pero con paciencia, parones estratégicos y agua lo conseguimos. Se llega a un segundo templo hinduista y, desde aquí, parte el largo tramo de escaleras hasta la cima. Son un total de 204 empinados peldaños que hay que subir con calma. Hay zonas laterales para descansar sin molestar y tomar aire.




El volcán Bromo está activo, se eleva a una altura de 2329 metros y pertenece al parque nacional Bromo Tengger Semeru. Es difícil explicar lo que se siente una vez alcanzas la cima; es algo que hay que “vivir” en persona. Por un lado, tienes el cráter del volcán con su humareda y su olor a sulfuro; hay zonas en las que se deja entrever la lava. Y luego están las vistas de todo el parque con el Mar de Arena, los templos hindúes y el resto de volcanes. De uno de ellos vemos cómo emerge una humareda importante a lo lejos. El espacio de la cima es bastante estrecho y algo peligroso: no hay ni plataforma ni barandillas, así que hay que moverse con cuidado. La verdad es que debe ser bastante estresante hacer la visita con mogollón de gente. Estamos casi solos y podemos movernos con mayor seguridad. Tomamos nuestro tiempo (y nuestras fotos), sobrecogidos y con la boca abierta. Nos impresiona el ruido que hace.  


A eso de las 16:15 h aproximadamente, el guía nos recomendó iniciar el descenso y hacerlo más bien rapidito para poder llegar con tiempo al mirador de la puesta de sol. Intentamos no entretenernos y seguimos el camino inverso. Nos lleva apenas 20 minutos; eso sí, corriendo en ciertas zonas y aprovechando el desnivel.

Después nos volvemos a montar en el jeep y seguimos ascendiendo a la zona de los miradores (cuando se hace el Sunrise Tour, es la misma secuencia, pero al revés). Encontramos poco tráfico y ningún problema en la carretera. Hay muchas curvas y Fani empieza a marearse. Tras unos 20 mins de “masaje javanés”, llegamos al mirador más famoso donde ver el amanecer (y, por ende, la puesta de sol): se llama el King Kong Hill. Llegamos justo a tiempo para disfrutar del lugar y poder contemplar la impresionante puesta de sol. Nos encontramos con algún turista suelto, pero ningún agobio. Eso sí, la temperatura empieza a bajar y pasamos frío. Aun así, este Sunset Tour acaba de la mejor manera posible y finalmente podemos dar nuestra aventura en Bromo como exitosa.!Misión cumplida¡



Son las 18:00 h y toca regresar. Nos subimos en el jeep cuando ya está anocheciendo y empezamos un nuevo eslalon de curvas de media hora de duración. Ya no se ve nada por las ventanillas: solo las luces de algún otro vehículo. 

Ya en el hotel, no tardamos en ir a cenar al restaurante. Y nos espera una supercena. La verdad es que el restaurante del hotel Jiwi Jawa es un pasote con platos locales y extranjeros excelentes. Destacar el pato que se pide Jordi, el caldo de Fani y los zumos y la repostería. Nos ponemos las botas.

La temperatura ha seguido bajando y hace un frío que pela. Es curiosa la sensación de ir a las habitaciones y tener que colocar las mantas para poder dormir. ¡Frío en Indonesia! ¡Ver para creer!