21 de agosto de 2020
FOZ DE LUMBIER, EN LUMBIER!
20 de agosto de 2020
EL CASTILLO DE LOARRE Y EL REINO DE LOS CIELOS
En nuestro tercer día por Loarre decidimos hacer pocos kilómetros con el coche y, aprovechando nuestra ubicación privilegiada, decidimos ir a visitar el castillo de Loarre.
Se trata de uno de los castillos medievales mejor conservados de Europa y es una visita muy recomendable, especialmente por su emplazamiento y vistas de la hoz de Huesca. La zona está muy tranquila a nuestra llegada... ¡Qué diferente de la visita a Lacuniacha del día anterior! Aparcamos fácil muy cerca del bosque cercado que hay en la cara norte del castillo y nos sorprende ver que hay muy pocos visitantes. ¡Mejor para nosotros!
Los tickets se compran en el centro de visitantes que hay en un edificio cercano al castillo. Decidimos aprovechar que hay poca gente para hacer la visita guiada (por 7 euros en total te la incluye). La primera visita es a las 10:30 hrs; hacemos tiempo sacando unas panorámicas del castillo.
La visita empieza con un video cortito tutorial sobre la historia del castillo. Después hacemos la visita con uno de los guías; resulta más amena de lo esperado y los niños se portan muy bien. Por dentro no es tan espectacular como por fuera; la visita gana enteros si te van explicando un poco las ruinas que te vas encontrando. Al final de la misma nos espera un espectáculo de trobadores muy divertido; acabamos riendo y cantando con ellos.
Aquí se han rodado varias películas y programas: El Reino de los Cielos, el programa de Jesús Calleja - Volando voy - y un especial de Cuarto Milenio sobre cacofonías del fantasma de Violancia de Luna. Aún así, Orlando Bloom no está incluído en la entrada :)
Después de la visita hacemos el vermut en la cafetería del centro de visitantes del castillo y después decidimos irnos a comer a Murillo de Gállego con la esperanza de bañarnos en el río Gállego. Pero la verdad es que a esas horas hace mucho calor y nos encontramos muchos restaurantes cerrados (parece que el jueves es habitual que sea día de descanso por estos lares). Acabamos comiendo en una terraza al aire libre (bocatas y croquetas) y volviendo al cámping prontito para descansar sin ganas de complicarnos más la vida. Toca dencansar.
19 de agosto de 2020
LA CUNIACHA
Nuestro segundo día madrugamos sólo un poco. Hemos decidido volver al Parque Faunístico de Lacuniacha en Biescas, esta vez con los peques capaces de ir por su propio pie. La primera vez tuvimos que cargarlos en mochilas y todavía nos acordamos. Fue en el 2013, en nuestra ruta por Francia. Laura tenía 4 meses y David casi 3 años.
Desde Loarre tardamos una hora y media en coche. Al llegar tenemos suerte. El parque abre a las 11h y son las 11:10h. Un presentimiento nos recomienda aparcar en un pequeño parquing que hay justo antes de llegar al parquing oficial. Sólo queda una plaza y no nos lo pensamos.
Al llegar a la entrada alucinamos con la cantidad de gente que ya hay haciendo cola. La cola es considerable y una de las trabajadoras del parque intenta que la gente mantenga la distancia de seguridad entre familias. Los coches ya no saben por dónde ir. Después de media hora de espera ( y de pensar si nos dábamos o no la vuelta ) conseguimos entrar al parque. Una vez en el interior la gente se dispersa y se nos pasa el agobio inicial. El recorrido transcurre a lo largo de unos 5 kms en mitad de un bosque repleto de helechos, abedules y pinos. Está marcado por flechas que te indican la dirección, así que es imposible extraviarse. Los animales están separados por vallas, sin embargo no esperéis jaulas ni nada por el estilo. Aquí nosotros somos los intrusos. Ellos están en su hábitat natural. Es en realidad lo que buscamos cuando intentamos ver animales. Somos antizoos por naturaleza.
No sé qué nos gusta más: el bosque o los animales.
De los animales no nos podemos quejar en absoluto y es que, además de los habituales del parque (ciervos, corzos, cabras, jabalíes, caballos, ...) conseguimos ver:
1. Al lince ibérico. En su jaula descansando pero posando para la cámara (la verdad es que la cámara de Fani hace verdaderos milagros).
2. Al oso pardo. Una de las novedades del parque desde nuestra última visita es el fuerte edificado donde los han ubicado. Alcanzamos a ver hasta 3.
3 . A los lobos pirenaicos. Tenemos bastante suerte pues son caros de ver y como es primera hora de la tarde vemos un grupito en movimiento. Debe ser su hora de caza. Nos enseñan sus fauces y todo (de nuevo el zoom de la cámara de Fani obra el milagro).
A eso de las 14:00 hrs (llevamos media visita aproximadamente) conseguimos hacernos con una mesa en la zona del merendero (aunque sea sin sombra, por desgracia) y nos zampamos los bocatas en un santiamén.
Subimos al mirador del parque a disfrutar de las hermosas vistas del frente pirenaico. Nos trae recuerdos de Suiza
David y Laura no se quejan para nada y disfrutan la visita. Cámara en mano están muy atentos a los animales y hacen un montón de fotos de los animales. Ni una sola queja durante todo el recorrido.
Por la tarde sorpresón para los peques: clase de hípica de 1h a los pies del Castillo de Loarre y sobre las impresionantes vistas de la llanura del Hoyo de Huesca.
¿ Cómo se cuida a un caballo ? ¿ Cómo se le peina la cola ? ¿ Cómo se monta ? Aprendemos cosas sobre ellos en un escenario de lujo. Aquí los caballos no están encerrados en establos, viven en semilibertad.
La profe (Aitana) instruye nuestros peques con perspicacia. Flipamos viendo cómo, en su primera clase, llegan a realizar alguna pequeña acrobacia sobre el caballo. Nuestros peques apreden rápido y acaban guiando los caballos desde la zona de entrenamiento hasta la cuadra por sí solos. Su sonrisa al finalizar la clase lo vale todo (calor y solana incluidos).
Ha sido un día memorable para nuestros peques. Laura y David lo han disfrutado de lo lindo. David nos ha dicho que hoy ha sido " el mejor día de mi vida ".
18 de agosto de 2020
POR EL CAMINO DEL CIELO
Este año la pandemia por el virus SARS-Cov2 nos ha quitado muchas cosas. No hace falta hablar de cúantos abrazos nos hemos perdido. Eso es poco importante. A riesgo de parecer poco romántica me parece insensible quejarme de eso, teniendo en cuenta la cantidad de daños, llamémoslos, colaterales, que ha causado. Pero no quiero hablar de eso, no. Quiero dar gracias por la oportunidad de pasar más tiempo con mis hijos y de leer bajo el sol de mi terraza.
Como todos los años, habíamos planeado unas grandes vacaciones con los peques, un gran viaje que esperará un año más ( no digo a dónde para hacerme la misteriosa ). Pero lógicamente nos hemos visto forzados a cambiar de planes. Así que hemos llenado el coche de maletas y cachibaches y hemos improvisado en menos de una semana, una ruta por los Pirineos.
Nuestra primera estancia la hacemos en Loarre, en la provincia de Huesca, situado a los pies de la sierra y del castillo que llevan su mismo nombre. Y es que hace unos pocos días que encontramos alojamiento en un bungalow del camping de Loarre. El camping no es muy grande y además hay poca gente. De fábula. La piscina está cerrada (consecuencias del dichoso COVID) pero los niños se lo pasan de cine igualmente haciendo pequeñas incursiones por los alrededores del bungalow. No es que esté muy limpio pero la verdad es que el bungalow es muy funcional y el precio muy bueno por lo que no podemos quejarnos. Aquí estaremos un total de 4 noches; no conseguimos cenar en nuestra terracita hasta la tercera por culpa de una inoportuna lluvia vespertina la primera noche y el airecillo de la sierra la segunda).
Tras
el viaje en coche del primer día, decidimos hacer una primera excursión cerca
de nuestro alojamiento: optamos por explorar Los Mallos de Riglos, en el
prepirineo aragonés. Estos gigantes de roca forman una muralla de hasta 275
metros de altitud y suponen una puerta natural que separa el llano (al sur) de
las grandes cumbres pirenaicas (al norte). De nuestro alojamiento al pueblo de
Riglos hay apenas media hora de coche. El pueblo es bien pequeño;
conseguimos dejar el coche en uno de los aparcamientos que hay a la entrada.
Hace fresquito así que sacamos las chaquetas y nos ponemos en marcha. De las
rutas de senderismo que hay en la zona nosotros escogemos la que a priori está
considerada como más sencilla y que se vendía como EL CAMINO DEL CIELO, un “agradable
paseo de media jornada por una ruta circular de escasos 5 kilómetros”.
¿Suena bien, verdad?
Para encontrar el principio de la ruta, hay que dirigirse hasta un cruce de calles en el que unos carteles nos indican el comienzo de la senda. Hay que ir al este para hacerla bordeando las montañas en el sentido contrario de las agujas del reloj, que es como es más natural (aunque nos encontramos gente haciéndola en el sentido inverso). En pocos minutos salimos del pueblo y nos encontramos (al oeste) con unas bonitas vistas de los Mallos de Riglos. La verdad es que es fácil de seguir ya que está señalizada con 2 trazas de pintura de color azul; Laura se entretiene durante parte del trayecto enseñándonos orgullosa las marcas que va encontrando. El camino inicial es muy cómodo y nos conduce, tras pasar por un desvío a la izquierda, hasta unas moreras (¡riquísimas!) y a un estrecho sendero por donde empieza una subida constante, en zig zag. Es un terreno de arbustos sin sombra; así que a ponerse crema solar y a cargar en las mochilas la ropa de abrigo.
Aparte
de las impresionantes vistas de Los Mallos, llaman la atención los buitres
leonados que sobrevuelan la zona de forma majestuosa. Nos quedamos
boquiabiertos contemplándolos. Hay muchos.
A medio ascenso (nosotros tardamos una horita en llegar) nos encontramos un pequeño mirador con buenas vistas. Paramos a comer unos pistachos y tomamos fotografías.
El
sendero sigue ascendiendo sin piedad y nuestras piernas empiezan a notarlo.
Nuestro peques también; empiezan a aparecer las primeras quejas. La verdad es
que lo de paseo agradable habría que revisarlo. Después de superar este segundo
tramo llegamos a un prado conocido como Campo Roseta, con una bonita
cabaña a nuestra derecha y el mirador de Espinabla situado a la izquierda. Las
vistas son realmente impresionantes desde este punto, en la parte trasera (cara
norte) de los Mallos. No sabemos decir qué llama más la atención: si las
enormes moles de piedra que tenemos justo enfrente o el río Gállego surcando la
inmensa llanura. En todo caso vale la pena entretenerse un rato.
Después
seguimos por la senda trazada y ascendemos un rato más, aunque por un
camino con mucha menor pendiente. Las quejas de nuestros peques siguen
aumentando y con razón. Les habíamos vendido una agradable ruta circular de 5
kilómetros y nos tenemos que tragar nuestras palabras con patatas (o mejor
dicho: CON PISTACHOS). La verdad es que se portan como unos campeones.
No
tardamos en iniciar el descenso por ladera oeste. Y la verdad es que llegados a
este punto se entiende perfectamente que se recomiende hacer la ruta en sentido
contrario a las agujas del reloj. El desnivel es mucho más pronunciado. Es
mediodía y hace un calor de mil demonios; no hay más que ver las caras de la
gente que nos encontramos haciendo el ascenso. Aunque nosotros no creo que
hagamos mejor cara, la verdad. Nos encontramos bastantes zonas con piedra
suelta y todos sufrimos algún que otro resbalón, aunque afortunadamente,
ninguno de importancia. A media bajada nos encontramos con un último mirador,
situado en un pequeño promontorio de arena que nos regala unas últimas vistas
de escándalo.
La
parte final se hace interminable: no se puede bajar deprisa por las dichosas
piedrecitas y nuestras piernas empiezan a pasarnos la factura. A Laura le salen
ampollas en las puntas de los dedos de los pies durante la bajada. Le
prometemos lo que quiera con tal de no tenerla que cargar a cuestas. Lo
conseguimos. Sí.
Decidimos
comer en Ayerbe, situado a 15 minutos de Riglos. Llegamos hambrientos y medio
desfallecidos cuando son casi las 3 de la tarde. Nos metemos sin pensarlo en el
restaurante O´Callejón de Belchite y tenemos la suerte de que tengan una
mesa libre disponible. Las decenas de personas que lo intentan durante la media
hora siguiente no tienen tanta suerte. La comida es realmente impresionante con
el cocinero y su parrillada enfrente nuestro. Nada como una excursión exigente
para hacer mejor una comida de primera.
Aprovechamos
nuestra parada en Ayerbe para pasar por su supermercado local y la panadería de
su plaza (la Gracia Badhi) donde compramos un pan y una coca de azúcar típica de la zona para la merienda de primera.
24 de agosto de 2019
JAPÓN, EL PAÍS DE LOS SAMURAIS
https://www.polarsteps.com/fanimartinez/1870783-japon-el-pais-de-los-samurais
Japón es luz, arte, tradición, gastronomía, magia, misterio, misticismo y lluvia.











