6 de julio de 2018

LA CUIDADELA IMPERIAL DE HUE: ¿ PEQUEÑA ?

Hemos previsto pasar 2 días en Hue. Entendemos que es imposible comprender o llegarse a encariñar con una ciudad en tan poco tiempo. Pero viniendo de Hoi An el contraste es brutal. Con Hue vuelve el caos habitual dentro de las ciudades asiáticas que ya vivimos en Camboya. Coches que cambian de sentido en medio de una vía principal a reventar, enjambres de motocicletas por todas partes, no existe prioridad alguna en las rotonas... De nuevo vuelve a imperar la ley de quien le da más fuerte al claxon y persiste el NULO respeto al peatón. Vamos aprendiendo cómo se cruza la calle: hay que lanzarse en el momento que veas menos densidad de tráfico e intentar ni acelerar ni rectificar el paso pues todo lo que se te viene encima intentará evitarte siempre que cumplas alguna de estas premisas. Aquí no existen semáforos para peatones. Aquí los pasos de cebra son meros elementos ornamentales que se desbibujan con el paso de los años.

Sin embargo la ciudad de Hue tiene un tesoro que la hace diferente a todas. Y es un portal (a lo Stargate). En efecto, una vez cruzado te permite teletransportarte en espacio y tiempo a otros mundos. En concreto a los tiempos de la dinastía Nguyen. Al tiempo de los palacios y ciudadelas imperiales. A un mundo donde entrar en ciudades prohibidas te podía costar la vida. Un lugar donde se sustituyen coches y motos por rickshaws y palanquines. Urnas dinásticas, tumbas imperiales y cañones sagrados componen una nueva jerga. Estamos hablando tanto de la Ciudadela como de las Tumbas Imperiales de Hue: estos recintos sagrados son un verdadero remanso de paz y tranquilidad. Un lugar donde encontrarte contigo mismo.

Dicen que los lugares cambian a las personas. Bueno... vale. Pero colocar a nuestras fierecillas por allí en medio también cambió el lugar. Que si tengo sed, que si hace mucho calor, que si falta mucho para terminar... carreras por aquí... persecuciones por allá... ventilador por aquí... ya llevo yo el mapa. No yo. No no, lo llevo yo... ¿Pero cuánto falta? Jugamos al escondite dentro del templito por allá...
Luego viene el dejad de correr... quietos... no hagáis ruido (ja ja ja)... aquí no se puede gritar así, que os habéis pensado (je je je). Cinco minutos menos de piscina esta tarde. ¡Que digo cinco! ¡Diez! ¿Como? (ji ji ji). Ya es la veinteava vez que os digo que nos hagáis caso (jo jo jo).
Y la gente mirándonos. Y la gente acercándose a los niños. ¡Qué bonitos que son! Esta se parece a su madre.... Este a su padre. ¿Nos podemos hacer una foto con los peques? El enjambre de turistas asiáticos te envuelve. ¿Cuántos años tienes? ¿Cómo te llamas? ¿Un caramelo?
Ya veis que el lugar CAMBIA bastante con nuestra mera presencia. ¿Paz? (ja ja ja) ¿Tranquilidad? (je je je) ¿Quietud? (ji ji ji) ¿Sosiego? (jo jo jo).


Puerta de Ngo Mon
En 1802 el emperador Gia Long fundó la dinastía Nguyen y construyó la ciudadela imperial tras trasladar la capital de Hanoi a Hue. Construida entre 1804 y 1833, ésta sigue siendo el corazón de Hue en un emplazamiento formidable (en pleno centro y a orillas del río Perfume). Cuenta con una sólida muralla de 2 m de ancho y 10 km de largo, un foso y 10 puertas. El recinto es enorme: explorarlo te puede llevar entre mediodía y un día entero. Recomendamos comprar la entrada combinada que incluye el acceso a 3 de las tumbas imperiales más importantes. Desde su adquisición tiene una vigencia de 2 días que son los que te harán falta para verlo todo. Cuesta 360000 vnd por adulto.

Se accede al recinto imperial por la puerta de Ngo Mon, situada enfrente de la torre de la bandera. Nada mas entrar te encuentras con un estanque con flores de loto. El camino central (que estaba reservado para el uso del emperador) lo divide por la mitad. En un santiamén te plantas en el palacio de Thai Hoa que si miras en el mapa se sitúa aproximadamente en el centro del recinto. ¡Esto es muy pequeño! - comenta Fani. Craso error: las dimensiones del recinto son colosales y empezamos a andar como borregos todo el día. Lo peor es el CALOR. En menos de media hora (solo son las 10:00 am) se hace del todo insoportable. La verdad es que a pesar de que encuentras sombra es una visita bastante durilla.



Palacio de Thai Hoa
El palacio de Thai Hoa es una espaciosa construcción con recargado techo de madera donde se celebraban las recepciones oficiales del emperador. No se permite hacer fotografías. Salimos por detrás y exploramos las salas de los mandarines. La visita se hace muy interesante en esta parte pues te encuentras exposiciones fotográficas de principios del siglo XX con ceremonias oficiales dentro del recinto donde te puedes intentar hacer una idea de como eran. Puedes ver fotos de los embajadores franceses, de los soldados o ministros con los vestidos de época, músicos, elefantes... y también imágenes del mismísimo emperador. El reportaje fotográfico mejor documentado es el del 40 aniversario del emperador Khai Dinh. También tienen una interesantísima exposición de sellos reales y de algunos documentos oficiales de aquella época.


La exposición fotográfica también muestra imágenes del desastre de la Guerra de Vietnam. La batalla de Hue y el bombardeo del recinto por las fuerzas norteamericanas diezmó numerosos templos. De hecho aquí es donde nos llevamos la gran decepción del día: el templo de Thai Hoa es el que se conserva mejor. A partir de aquí veremos el resto de edificios bastante dañados, muchos en fase de restauración. Por desgracia apenas queda nada de la majestuosa Ciudad Púrpura Prohibida (era otra ciudadela dentro de la ciudadela, reservada exclusivamente para el uso del emperador). Actualmente los pocos restos que quedan están cubiertos por maleza. Queda un inmenso solar en medio del recinto. Es bastante triste la verdad. Aunque ello no pudo evitar que el recinto fuera declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO a principios de los noventa.


Seguimos la visita haciendo una tentativa poco exitosa de explorar la zona noreste del recinto. Allí están los jardines de Co Ha. Pero comprendemos pronto que no estamos en Versailles. Empezamos a estar muy cansados y los niños empiezan a desanimarse. Llegamos al extremo norte desde donde apreciamos la muralla y el foso.
Bastante cansados ya acabamos todos junto a una pista de tenis que... ¡una pista de tenis! ¡Y esto que pinta aquí! Volvemos a las salas de los mandarines y nos tomamos un refresco.
¡Esto empieza a parecerse a una gymkana!

Pasillos de los mandarines 




Optamos por simplificar la visita y explorar los edificios más importantes; éstos estan en la zona sudoeste. Llegamos a la residencia Dien Tho (de 1804). El estado de conservación es aceptable. Contenía los aposentos y la sala de audencias de las reinas madre de la disnastía Nguyen. Como a esta hora hay muy poca gente (son las 13:00 pm) hacemos la visita "solos" (con las fierecillas al lado, claro). Dentro hay un pabellón sobre un estanque de nenúfares que ha sido transformado en una cafetería. Pactamos comer allí pero solo tienen servicio de cafetería.
¡Seguimos con la gymkana!







Volvemos a la zona central de la Ciudadela: allí hay un restaurante que sirve algún plato local y sandwiches aunque tienes que ir a pedirlo a la barra y te clavan por las bebidas. El arroz fracasa con los niños. En cambio los Pho Bo sí que triunfan. Y tenemos la gran sorpresa del día: el comedor del restaurante tiene AIRE ACONDICIONADO FUNCIONANDO. ¡Una auténtica pasada! ¡Ya era hora! Pensad que en este país la gente va con tejanos todo el día y por las mañanas llevan una chaqueta.

Comemos sin prisas y tras recobrar fuerzas nos vamos con el plato fuerte del día: el complejo del Templo de Thai To Mieu y sus nueve urnas dinásticas. En el templo principal se encuentran los sepulcros de los emperadores. Recorrer el inmenso pabellón con los diferentes altares cada uno correspondiendo a un emperador impone bastante. Fuera están las nueve urnas dinásticas creadas entre 1835 y 1836, cada una de ellas dedicada también a un soberano Nguyen. Miden unos 2 m de alto y pesan entre 1900 y 2600 kg. Simbolizan el poder y la estabilidad del trono.








Damos por finalizada la visita cuando son cerca de las 16:00 pm. Hechamos un último vistazo al puente central con el impresionante palacio de Thai Hoa al fondo. Y, arrastrándonos literalmente por el suelo (a Laura hace un ratito que la lleva Jordi a caballito) intentamos encontrar la salida del recinto.
A partir de aquí viene un final de jornada un tanto tedioso y penoso en el que no vale la pena recrearse. Para resumirlo diremos que:
- intentamos salir por la entrada pero no nos dejaron y resultó que la salida estaba en la puerta este.
- tuvimos que escoger entre visitar un último templito que estaba cerca de salida y la tienda de souvenirs con un montón  de sombreros vietnamitas. Tras someterlo a votación entre los 4 perdió Fani y acabamos todos en la tienda haciéndonos fotos con los sombreros que tienen allí colgados.
- nos dejamos caer en la piscina del hotel nada más llegar. Como el ascensor no paraba en la planta -1 nos tocó subir por la recepción del hotel justo cuando estaban haciendo el chek in 2 autobuses de clientes bien vestidos. ¡Y nosotros con las chancletas y las gafas de piscina! ¡Y los niños sin camiseta!
- optamos por perrear y quedarnos a cenar en el hotel. ¡Un auténtico desastre! Tardaron un montón en servirnos comida escasa y nada sorprendente. David sí disfrutó: espaguettis boloñesa. Lo que sí nos sorprendió fue la cuenta. ¡Vaya clavada! Mañana toca buscarse la vida fuera. ¡A ver si tenemos más suerte que en Hue estamos comiendo muy mal por el momento!




5 de julio de 2018

LAS MONTAÑAS DE MÁRMOL DE DANANG Y LAS ZAPATILLAS

Nos levantamos temprano. El calor no nos da tregua,son las 8h y ya estamos a 34ºC. Estamos listos. VM travel nos recoge puntual en el hotel para llevarnos a Hue, nuestro próximo  destino, pasando por las Montañas  de  mármol,  en Da Nang. 
Son un complejo de 5 montañas  que representan cada una de ellas a los 5 elementos . La única que se puede visitar es la de Thuy Son, que representa al agua. 
Pagodas, templos y cuevas se reparten de forma caprichosa por la montaña creando un espectáculo  peculiar. La entrada cuesta unos 40.000VND. Por suerte existe des de hace poco, un elevador que te sube a la cima principal, hasta  la Torre Xa Loi. El ascensor se paga aparte y cuesta 15.000VND. No nos planteamos no cogerlo, y David y Laura, todavía menos. Por supuesto, existe la opción  de subir o bajar caminando.

Lo que iban a ser 2h de visita acaban siendo 3. El complejo es enorme y paramos a menudo porque Laura está cansada. Consta de 5 cuevas, 3 pagodas y 2 miradores ( subimos sólo a uno de ellos ).
Las fotos no hacen justicia a la sensación  que experimentamos al entrar en la última  de las cuevas; la Huyen Khong Cave, donde la luz se cuela por los orificios del techo e iluminan el interior como si fuera magia. Un buda enorme en posición  de meditación nos mira. 

Xa Loi Tower


Tang Chon Cave 





Tam Thai Pagoda

Mirador de Vong Giang Dai

Mirador de Vong Giang Dai


Huyen Khong Cave





Antes de marcharnos decidimos ir al labavo. Para nuestra sorpresa nos piden que debemos deslcazarnos y ponernos unas zapatillas de plástico ( talla estándard ) que han dejado al pie de las escaleras de acceso. ¿ En serio ? Bueno, vamos allá. Laura elige unas. Un chico nos mira sin decir nada. Como son mucho más grandes que todas las demás decido cambiárselas. El chico aprovecha ese momento para recuperar sus zapatillas y marcharse...

Por el camino hacia Hue, pasamos por el frondoso puerto de montaña de Hai Van ( no pasamos por el túnel  del mismo nombre que nos habría ahorrado una hora de camino, para - según el conductor - no perdernos las vistas ). Paramos a comer en un pequeño y modesto  bar de carretera con unas vistas impresionantes de la laguna de Lang Co, donde podemos ver en el horizonte decenas de granjas de ostras y barcas de bambú. 

Playa de Lang Co 

Laguna de Lang Co 


Al llegar al hotel en Hue, lo primero que hacemos es refrescarnos en la piscina. Cuando salimos a cenar, la primera impresión no es muy buena. Cerca del hotel las calles están repletas de restaurantes de comida rápida, bares y garitos para backpackers ( nosotros vamos de otro rollo ahora que tenemos  niños, ya tenemos una edad... 😊) 
Todo es muy ruidoso. Cruzar la calle es toda una aventura a lo Lara Croft y las luces de neón  colapsan nuestro sentidos. Cenamos en un local que de entrada nos causa buena impresión. La comida resulta una basura pero agradecemos que para Laura y David nos hayan preparado unos boles de arroz blanco con huevos fritos. 



A ver si mañana  la ciudad cambia de color. 

4 de julio de 2018

LAS FLORES QUE ILUMINAN HOI AN

Nos alojamos en el Hoi An Hideaway Villas. Es un negocio familiar localizado en la isla de Cam Nam, a tan sólo 10 minutos caminando del puente que te deja en la ciudadela. Las fotos que nos enamoraron que tienen colgadas como reclamo en Internet están muy bien hechas. Por una vez la realidad no supera la ficción. Lo que sí destacamos es el trato familiar que recibimos, el precio de las habitaciones es excelente y tiene piscina. Ya sabéis que el tema de la piscina con nuestros niños y con el calor que hace marca la diferencia. Nos sorprende que todas las casas de esa zona (es un barrio residencial) tienen sus puerta abiertas de par en par. Desde el hotel nos comentan que aquí es lo normal, que nadie roba. Contratamos un chófer privado para la mañana del miércoles y explorar el yacimiento arqueológico de MY SON.

Tardamos poco más de una hora en llegar. Nos cobran 120000 dongs a cada adulto (los niños de nuevo gratis). Nos hidratamos y nos ponemos la crema solar. Son las 10:00 am y como es habitual el calor aprieta de lo lindo. Vemos una señal que indica que las ruinas están a 2 kilómetros tras pasar el punto de acceso. ¡2 kilómetros! ¿What?
Es entonces cuando descubrimos que nos esperan unos cochecitos elétricos techados listos para transportanos. ¡Una auténtica pasada!

Nada más llegar descubrimos un entorno natural exuberante. El yacimiento se halla en medio de un valle y a los pies de una montaña. Por el medio pasa un arroyo. Hay un montón de árboles que rodean un sendero que te permite acceder a todas las ruinas. Hace un bucle lo cual te permite hacer un recorrido sin tener que regresar por donde has entrado. Además hay pocas zonas a la intemperie; siempre tienes acceso a la sombra de algún árbol y a medida que avanzas te encuentras numerosos bancos de piedra para poder descansar o dejar a los niños unos minutitos pues están a pie de ruina. Hay un par de bares estratégicamente colocados para poder proveerte de bebidas frías. La zona está muy bien acondicionada la verdad, lo cual hace la visita totalmente recomendable.

A medida que te adentras en el valle descubres una realidad. Algo de lo que habíamos escapado en Camboya pero que no podemos evitar en esta ocasión: los horrores de la guerra. En Phnom Penh evitamos visitar los campos de exterminio a toda costa. ¡Y lo conseguimos! Esta vez descubrimos (sin saberlo) que el yacimiento cham más importante del Vietnam está en muy mal estado debido a los bombardeos estadounidenses de la Guerra del Vietnam. En efecto, el Viet Cong utilizó My Son como base durante la guerra con los EE.UU y los bombardeos destruyeron muchos de los monumentos más importantes. A medida que avanzamos sobre el yacimiento descubrimos enormes hoyos en el suelo, templos derruidos y piedras calcinadas. Mientras vas por el sendero rodeado de árboles y escuchando el ruido de los grillos no puedes dejar de pensar en la pelíula Platoon de Oliver Stone. Muchas de las escenas me vienen a la memoria, sólo que esta vez es de verdad.

El yacimiento en sí tiene poco misterio. La mayor parte de él está derruido pero quedan algunos edificios en pie de un gran valor histórico. My Son se convirtió en centro religioso a finales del siglo IV y estuvo continuamente ocupada hasta el siglo XIII, el período más largo de desarrollo de cualquier enclave monumental en el sureste asiático. En la actualidad forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco.
Los monumentos está divididos con una nomenclatura práctica pero poco inspirada como A, A´, B, C, D, E, F, G H y K. El grupo de mayor interés es el B sin lugar a dudas pues es el que más edificios tiene enteros y donde más relieves puedes apreciar. Nos sorprende descubrir como en el interior de alguno de estos templos cham la temperatura baja 








Los niños se lo pasan bastante bien. Cochecitos eléctricos por aquí, selva, bancos para sentarse, templo fresquito por allá, un refresco, de nuevo el coche eléctrico...
La verdad es que disponemos de 2 horas para visitar el yacimiento y se nos pasan volando.
Volvemos en una hora con el vehículo privado. Nos cobran 600000 dongs por el servicio contratado desde el mismo hotel.

Le pedimos al chófer que nos deje en la Ciudadela antigua de Hoi An para comer allí. Esta vez nos regalamos una comida en el Lantern Town, otro restaurante de moda que se encuentra en un edificio antigua con entrada tanto desde la Nguyen Thai Hoc como desde el Bach Dang enfrente del río. Como es el mediodía volvemos a tener el  restaurante casi para nosotros solos (por la noche la cosa cambia y todo se pone a reventar de gente). Fani se anima con un Cau Lao de frutos del mar y Jordi con un variado de productos típicos de Hoi An que incluye la "rosa blanca" o banh vac (envoltorio de gambas aderezado con cebolla crujiente). Se nos ocurre pedir un café. En Camboya fue un naufragio total pero pensamos que no tiene porque ser lo mismo en Vietnam. Acertamos. Aquí el café es sencillamente EXCELENTE. Es muy diferente del de España. Tiene un sabor propio. Es más dulce. Jordi se lo pide con hielo (¿hielo? ¿dije hielo?): es como un granizado. Está riquísimo.








Después toca descansar y resguardarse del calor en el hotel un par de horitas. Los niños se han ganado su ratito de piscina. Merendamos en el mismo hotel fruta fresca (mango y piña) que hemos comprado en el mercado. 

Salimos de nuevo a vivir por última vez (¡que desgracia!) la noche de Hoi An. La verdad es que impresiona y nos volvemos a quedar con la boca abierta cuando volvemos a ver las calles engalanadas con los farolillos de colores y el río repleto de barcas a remos donde la gente tira sus flores de luz al agua (son cajitas de papel con una vela encendida dentro) tras pedir un deseo.

Les hemos prometido a los niños comprarles algo al llegar así que hacen todo el camino desde el hotel superemocionados y pensando que se van a comprar. Ya tiene localizada tanto la tienda como el producto en cuestión: han escogido unos ventiladores Pokemon que sueltan aire. Tiene 3 velocidades, una lucecita y cable para cargar (¡no tiene pilas! ¡adoro este país!). David se lo coge azul y Laura... ¿Rosa?
¿Rosa?
Oh my god...
Intentamos comprarle un vestido pero sigue sin colar...
David se lo ha pedido en inglés a la tendera y nos hemos quedado flipando!!

Tras el subidón nos dejamos caer sobre una de las famosas barcas de remo que recorren el Thu Bon. Nos piden 200000 dongs por un recorrido de 20 minutos. Fani se mira el sol. ¡Tenemos puesta de sol a la vista! ¡A embarcar!
Tocan fotos a la ida: la luz está muy bonita.
A la vuelta nos entretenemos hechando una flores de luz al agua. ¡Los niños se lo toman muy en serio!
La verdad es que, aunque haya muchos botes en el agua y no deje de ser una "turistada", la experiencia es bonita y creemos que vale la pena hacerla una vez.












Después cruzamos el puente de Hoi An para explorar el otro lado de la ribera: más gente, más farolillos y más restaurantes. Como todo está abarrotado acabamos en nuestro restaurante favorito, el Red Style, comiendo comida local vietnamita a buen precio. Aprovechamos para pedir uno de los últimos platos que nos quedaba por probar, el Banh Xeo: creps saladas enrolladas en papel de arroz recién hecho. Como nos lo ponen en el plato sin montar y no tenemos ni idea de cómo hacerlo la camarera nos hecha un cable.

De vuelta al hotel (¡no queremos irnos de aquí!) nos saluda la frutera del mercado que ya nos conoce. Como esta vez  le compramos nada nos regala 2 rodajas de sandía. 

Hoi An es una auténtica maravilla. Un regalo para todos los sentidos.
Nos costará dejarla atrás...