6 de diciembre de 2017

IMPERIAL TOUR, SOL Y MÚSICA MAESTROS!!!

Nos despertamos y vemos que el panorama a cambiado respecto a ayer: ya no llueve y han subido un poquito las temperaturas. Estamos a 6ºC. Además, parece que va a salir el soooool. Es un día ideal para hacer una escapadita al Palacio de Schonbrünn. 



Para llegar hasta él hay que coger el metro (línea U4, en dirección Hütteldorf y apearse en la parada del mismo nombre que el famoso Palacio imperial. Lo primero que nos llama la atención al llegar es que, cómo no, también tienen montado un mercado navideño en la plaza central. Los puestecillos ya están abiertos y las luces del inmenso árbol navideño encendidas. Lo segundo es que vemos muchos muchos turistas. No llega a ser agobiante ni mucho menos. Nos imaginamos esto en verano...pero como es invierno ( en realidad otoño ) vamos bien tapaditos.


Al llegar al recinto lo primero que hay que hacer es entrar al edificio de la izquierda para comprar los tickets. Nosotros, dado que vamos con los peques y nos da miedo que pierdan rápido el interés, nos conformamos con un Imperial Tour (es algo más corto que el Grand Tour) aunque te enseñan menos dependencias palaciegas (13.5 euros cada adulto. David paga 10.5 euros y Laura entra gratis). Después volvemos a salir afuera y nos vamos para el Palacio. Nada más entrar optamos por coger las audioguías. La verdad es que las encontramos imprescindibles. Por un lado despiertan la curiosidad de nuestros peques y David escucha todas las pistas de cada sala con mucho interés. La información que te da es variada pero sobretodo te explica cuestiones muy interesantes de la vida de los emperadores (especialmente tanto de Maria Teresa como de Francisco José y su esposa Sisí) y de cómo era su vida en el Palacio. Una infelicidad absoluta. En la primera sala, tienen montado un andamio. En él un hombre y dos mujeres, limpian el polvo de los marcos de los cuadros de a pared. Una de las mujeres pierde el equilibrio y está a punto de caerse. Se agarra al marco y se vuelve a incorporar. Los otros dos compañeros la sujetan. No lo ha agujereado de milagro. Qué trabajo tan peligroso! En la siguiente estancia, la del billar, dos hombres paleta de pinturas en mano, restauran uno de los enormes lienzos de la pared. Es una pasada verlo en directo. Allí, bajo la atenta mirada de los turistas trabajan como si no estubiéramos.

Durante el recorrido (tardamos cerca de una hora) hay muchas estancias que nos llaman la atención como el estudio de Francisco José o la habitación del espejo donde en 1762 actuó Mozart a la edad de 6 años ante una extasiada María Teresa. Pero lo más espectacular es la Gran Galería, de 40 metros, donde se celebraban bailes y banquetes con imponentes estucos, espejos, arañas doradas y unos frescos en el techo preciosos. Nuestras audiogías nos explican que en esta sala tuvo lugar la histórica reunión entre John F. Kennedy y Nikita Krushchov en 1961. De nuevo, al igual que en el Palacio de Hofbürg, no se permite tomar fotografías. Lástima...

Después optamos por recorrer los jardines del palacio. Nos encontramos con la sorpresa de que sale el sol y la verdad es que la luz está preciosa (llevamos 5 días en Viena y es la primera vez que podemos disfrutarlo). Dada la estación del año no podemos esperar ver ni muchas flores ni mucha vegetación. De todos modos la extensión de terreno es descomunal. La entrada es gratuita y está abierta hasta el atardecer. Hay muchas avenidas bordeadas de árboles que te llevan literalmente dentro del bosque. Lo más llamativo del emplazamiento son la Neptunbrunnen o fuente de Neptuno (un capricho imperial que data del año 1781 de temática mitológica griega) y la Gloriette desde donde las vistas tanto de Schonbrünn como de la propia ciudad de Viena son espectaculares (hay que subir una colina). Podríamos visitar el Tiergarten (el zoo más antiguo del mundo) pero con el frío que hace no nos lo planteamos.








Después nos vamos a comer al café restaurante que hay junto al mercado navideño. El local es muy bonito y nos llama la atención que se montan colas cada hora: no son para entrar al local (afortunadamente) sino que son para asistir a demostraciones culinarias de como hacen la famosa applestrüdel (tarta de manzana). Dentro nos sentamos y reponemos fuerzas con unos sandwiches para nuestro peques, una condimentada Bradwürst para Fani y una Wiener Schnitzel para Jordi que  comparte con los niños. Pedimos limonada local. La comida en este país (aunque te gastes un dineral como es el caso) no es nada del otro mundo. En efecto y por poner un ejemplo la famosa wiener schnitzel no es más que escalopa de ternera (aquí te cobran unos 20 euros por un plato). Si pides agua embotellada te cobrarán unos 6 euros por una botella de 75 cl. Y si te pides un café, el precio oscila entre 4 y 6 euros. Si optas por añadirle una tarta o strudel, pues otros 4-5 eurillos. Y así, vas sumando, hasta dejarte unos 70-80 euros por comida familiar (de un sólo plato y sin postre para los niños). Y ni se te ocurra pedirte un vino: aquí una botella te sale por 25-40 euros (la gente suele pedirse una copa; el coste baja a 4 euros pero para lo que estamos acostumbrados los españoles es ridículo). Hay que tener en cuenta, que esto que hemos dicho se aplica especialmente a los restaurantes y cafeterías más turísticos o típicos.

Como son las 15:00 después de comer optamos por recorrer de nuevo un poco la zona de los jardines. Como llega el atardecer el sol está muy bajo y la luz está muy bonita. Eso sí, como era de esperar empieza a hacer más frío. No aguantamos mucho rato y nos metemos en el mercado de navideño para recorrer los puestecillos y dejar que David y Laura jueguen un ratito. Los mayores aprovechamos para pedirnos nuestro primer Glüvhein: es un vino dulzón que te sirven caliente y que sirve para recorrer los mercados mientras entras en calor. Está bueno. Te cobran 4 euros aunque tienes que llevar encima el vaso. Como no llevamos ninguno encima te cobran 2.5 euros por el primero. Lógicamente no lo rellenamos más (no hace falta coger una borrachera que todavía nos quedan cosas por hacer por la tarde y tenemos que llevar los niños al apartamento) aunque quedarte la taza es un bonito recuerdo.


Volvemos en metro. Esta vez bajamos en Karsplatz. Nos dirigimos al Museo de la Música ( Haus der Musik ). Por el camino pasamos por la avenida Kärtner Street junto a la Staatsoper: la decoración y la iluminación son espectaculares.

Finalmente llegamos al Museo: se trata de un edificio de varias plantas con diversas exposiciones en cada una de ellas. En la primera tienes un monográfico sobre la Orquesta Sinfónica de Viena; nos llama mucho la atención la recopilación de Conciertos de Año Nuevo (hasta tienes una pequeña sala de cine donde se proyecta el del último año con una sonoridad excelente). En la segunda planta tienes una exposición sobre el sonido con explicaciones científicas y demostraciones prácticas. La tercera planta es la de los grandes compositores con diferentes salas dedicadas a cada uno de ellos (Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert o Strauss). Finalmente en la cuarta tienes la tienda y un par de salas interactivas para jugar con la música. La gracia del museo está en que combina "atracciones" tanto para niños como para adultos y que entretiene a ambos casi por igual. Puedes escuchar música y por supuesto, experimentar con ella, con los sonidos y con tu propia voz. Toda una experiencia sensorial para niños y adultos. Como platos estrella tienes la escalera musical nada más pasar por taquilla: un piano cuyas teclas ascienden por la escalera del edificio (¡los niños se lo pasan bomba!) y la posibilidad de dirigir una orquesta virtual en una de las atracciones finales del museo (¡con reprimenda "virtual" de los músicos si te equivocas mucho!). Dentro se está muy calentito y pasamos 2 horitas muy entretenidos todos.







5 de diciembre de 2017

EL PALACIO DE SISI

Miramos por la ventana: llueve. Pensamos en ir a algún sitio que no suponga estar mucho al aire libre, por si cae un chaparrón, así que hoy nos proponemos ir al Palacio de Hofburg. 
Después de enfundar a los niños con gorros, guantes, bufandas y abrigos salimos hacia el metro ( 2,20 e por adulto, niños gratis ) hasta la parada más cercana al Palacio, Herrengase. Llegamos justo en el momento en que un pelotón de soldados da la bienvenida a un coche oficial ( no vemos quién se baja ) trompetas y tambores en  mano. 
El Palacio en sí, es quizás el último vestigio del poder imperial Austríaco. La monarquía se extinguió en 1918. Hoy en día alberga las oficinas del presidente, algunos museos y plazas impresionantes que comunican los diferentes edificios. De hecho, no tenemos la impresión de estar entrando en un palacio. Compramos los tickets ( hay varias modalidades según lo que quieras ver ). Nosotros visitamos las estancias abiertas al público ( Kaiserappartements ), una exposición que explica la que para nosotros es, la desgraciada vida de la Emperatriz Isabel ( la famosa Sisí ), y la vajilla imperial o Silverkammer ( todo muy suntuoso ). Me indigno. Pero bueno, es arte e historia al fin y al cabo. No dejan hacer fotos. 





De ahí vamos caminando entre las plazas hasta El Prunksaal State Hall, la Biblioteca Nacional. La sala que se puede visitar es impresionante. Si habéis visto la peli de la Bella y la Bestia sabréis a lo que me refiero. 

Comemos cerca, en un restaurante donde nos sirven algunos platos típicos vieneses: sopa de ternera, verduras y fideos para los niños, ternera empanada con patatas dulces  ( Wiener Schnitzel ) y ternera en salsa de puré de patatas al perejil. De postre tarta de manzana.

David pide la cuenta en inglés! Lo gracioso es ver como se cuela por detrás de la barra para buscar al camarero...con su hermana detrás, siguiéndolo allá donde vaya.

Acabamos la tarde de nuevo en el Mercado de Navidad del Rathaus. Paseamos entre los puestecillos a la espera de que se ponga el sol para disfrutar de las luces de navidad. De algunos de los puestecillos los olores de los dulces embargan nuestros sentidos. Laura disfruta comiendo fresas con chocolate ( y yo también ). Cuando ya nos damos por satisfechos, volvemos a casa en busca del famoso Café Central. Tenemos suerte. A pesar de las colas, uno de los camareros nos cuela por delante de los demás ( lo de llevar un carrito con una niña envuelta a lo esquimal, ejerce un poderoso efecto sobre los demás ). El local tiene el encanto de aquellos cafés coloniales de la época, donde intelectuales y genios literarios se daban cita para tomar café. Altas columnas de mármol, candelabros en las paredes, lámparas de araña, suelo de parquet y un piano en mitad de la sala. 
David pide la cuenta y casi nos da un pasmo ( casi 6e por un capuccino !! ). Jordi disfruta su café central, la especialidad: café con ron y crema. En fin, el local lo vale.
Volvemos al apartamento caminando bajo las luces de las calles, la gente abarrotando los puestecillos callejeros humeantes, el olor a vino caliente impregnándolo todo, los carruajes a pie de la imponente Stephansdom, en Stephansplatz. Cruzamos el puente Marien Brücke deprisa.
Ya llevamos más de una hora en la calle y es nuestro límite para aguantar el frío, aunque hoy hemos estado a 6ºC.











Rathaus



Café central 

Stephansdom



4 de diciembre de 2017

LET IT SNOW

Nada más despertarnos nos espera una sorpresa: ¡ESTÁ NEVANDO! Los niños empiezan a mirar a través de la ventana de nuestro apartamento alborotados. Para ellos ver nevar es poco habitual y miran con mucha curiosidad. 

 

Después de desayunar nos precipitamos a la calle para ver la nevada. Inicialmente cae poquito y el suelo está despejado. Optamos por ir caminando en dirección al centro. Justo cuando estamos llegando a la Catedral empieza a caer con más fuerza y nos refugiamos dentro. Obra maestra del gótico, es el mejor símbolo arquitectónico de la ciudad. Entramos por la nave lateral izquierda (por aquí la entrada es gratuita) y nos hacemos una idea rápida de como es la Catedral por dentro. Tenemos la inmensa suerte de encontrarnos una orquesta ensayando cerca del altar para la función prevista para la noche. Es gracioso ver las probaturas que hacen y como intentan coordinarse entre ellos. Nuestros peques, rodeados de turistas, miran y escuchan con mucha atención. La sonoridad es perfecta: están ensayando el Réquiem de Mozart. Cuando se ponen a tocar nos quedamos todos en silencio, escuchando.

Después optamos por explorar la Torre Sur. Los que seguís nuestras aventuras ya sabréis que no nos da ninguna pereza ponernos a subir escaleras si la situación lo requiere. Y aquí está en juego poder acceder a una de las vistas más espectaculares de los tejados del centro histórico y ¡nevando! La torre mide 137 metros. Se tienen que subir un total de 343 peldaños por una estrecha escalinata para poder acceder a una plataforma situada a 65 metros de altura. Afortunadamente la plataforma está techada por lo que no pasamos frío. La ascensión nos ha permitido entrar en calor. David las sube con Fani sin problemas. Laura sí necesita de la ayuda de Jordi. Hay un momento de agobio al poco de iniciar la subida cundo coincidimos con 2 grupos de escolares y otro grupo de turistas italianos que deciden bajar todos a la vez (a diferencia de otras Catedrales, en ésta subes y bajas por la misma escalinata y al mismo tiempo). Es cuestión de tener un poco de paciencia. Al llegar arriba las vistas son espectaculares. Lo primero que destaca es el majestuoso tejado de azulejos de la propia Catedral. Después empiezas a ver un sinfín de monumentos y edificios tanto del centro histórico como de los barrios colindantes hasta donde llega la vista. La visibilidad no es muy buena pero ver nevar vale el sacrificio.



Cuando bajamos descubrimos que ha dejado de nevar. Nos ponemos a caminar por las amplias avenidas del centro histórico viendo las tiendas a lado y lado de la calle. Llegamos hasta el Albertina pasando por el Palacio de Hofbürg. Después pasamos por el Bürggarten: el parque está nevado y, aunque empieza a hacer mucho frío, se ve todo muy bonito. Al fondo identificamos rápido la nave de la Schmetterlinghaus y nos decidimos a entrar enseguida. Se trata de un mariposario que nos permite entrar rápido en calor y que hace las delicias de nuestros peques. La nave comprende una única gran sala con 2 niveles (una escalinata te permite subir al nivel de arriba); los niños se sueltan enseguida y empiezan a correr como energúmenos. No llegamos a dar mucho la nota porque hay más niños y (mira por donde) a todos les da por hacer lo mismo.  





Después nos dirigimos a la Museumsplatz, que es donde se ubican los 3 grandes espacios culturales de la ciudad: el Kunsthistorisches Museum, el Naturhistorisches Museum y el Museums Quartier. Como se nos ha hecho la hora de comer nos buscamos un restaurante. Acabamos en el restaurante del Architekturzentrm Wien, con una decoración muy llamativa. Nos atienden muy bien y nos dan una buena mesa. Tenemos que reconocer que en general en la mayor parte de restaurantes de Viena entrar con niños es todo un privilegio: te suelen pasar los primeros (aunque haya cola) y te suelen dar mesas espaciosas y ubicadas en los extremos del local. Nos pedimos un Rindsgoulash (goulash de ternera) y nos ponemos las botas. 

Optamos por visitar el Naturhistorisches Museum. Y es que vamos con niños. Qué mejos excusa!!
En la entrada nos espera una sorpresa: nuestro primer mercado navideño en toda regla. Un montón de pequeñas casetas de madera adornadas dispuestas estratégicamente delante de la entrada a los museos. Ai madre! Que ya es Navidad!! Nos sentimos tentados. Queremos comprarlo todo. Pero el frío apremia. Y no es broma. 

El edificio del museo en sí ya es una pasada. Tiene dos plantas muy bien organizadas. Las salas dan la vuelta a todo el edificio, así que es fácil no perderse nada. Después de más de tres horas de dinosaurios, minerales y animales de todo tipo ( repito: todo tipo ) estamos saturados. No teníamos ni idea de que existieran tantos tipos distintos de monos, insectos, peces, pájaros, cocodrilos y roedores. David nos explica emocionado qué es un ornitorrinco y en la sala dedicada a monos, gorilas y orangutanes, reconoce a la primera al mono que conocimos este verano en Sri Lanka. Y hay un montón, en serio!!  No nos imaginamos la cantidad de trabajo que puede haber supuesto clasificar tal cantidad de animales, vertebrados e invertebrados. Los minerales no se quedan atrás, ni tampoco los fósiles. La sala de los dinosaurios es nuestra preferida. Lógicamente, son réplicas, o como dice Laura, son de broma. Aún así, tienen expuesto un fémur de verdad de dinosaurio que puedes tocar. También hay un sinfín de animales disecados, sobretodo insectos, anfibios y serpientes. 
En una de las salas, hay una exposición que habla de la evolución de las especies, y de los distintos períodos de lo que yo llamo - nuestra existencia - , pasando del paleolítico al mesolítico y neolítico, y desde la edad de hierro a la de bronce. También hay un planetario con varias sesiones y horarios ( hay que reservar pase en la entrada ). No tenemos tiempo de todo así que decidimos vagabundear tranquilamente entre las diferentes salas, dejándonos llevar por lo que más nos gusta.
Recomendamos no agobiarse. Es literalmente imposible verlo todo. 







Merendamos en la cafetería del museo, sólo por el placer de sentarnos bajo una bóveda impresionante. Ya es de noche, y mapa en mano nos damos cuenta de que no estamos muy lejos del ayuntamiento de la ciudad, el famoso Rathaus, así que acomodamos a Laura en el carro y nos vamos directos sin pensarlo demasiado. Laura se duerme. Por fin llegamos. 
A los pies del ayuntamiento, se despliegan cientos de paraditas de Navidad de todo tipo: adornos, juguetes, caramelos, galletas, ponche, vino, frutas, chocolate, bufandas y gorros, curiosidades... todo bajo un sinfín de luces de Navidad. Incluso hay un mapa en la entrada del mercado, para no perderte. 
Hay una pista de patinaje que da vueltas entre los árboles, no es una pista circular ( que es a lo que estamos más acostumbrados ). Para los peques hay una cuadrada pequeña, pero hace demasiado frío y no me planteo sacar las manos de los bolsillos. 
Lo que más me impresiona son los árboles iluminados con cientos, miles de lucecitas.  
Lo segundo más impresionante: hay un coro de gente cantando villancicos. Con el frío que hace!! Y lo tercero: les gusta comer y beber en plena calle, al pie de los puestecillos, donde se disponen algunas mesas altas. Esta gente está hecha de otra pasta.


Volvemos dando un paseo, más bien rapidito, porque ya no podemos más. Por el camino compramos una de esas bufandas gigantes para usarla como manta para Laura, que todaví aduerme en el carrito. Esta noche nos vamos a enterar. 




3 de diciembre de 2017

LA NORIA DEL PRATER Y LA BELLA DURMIENTE

Viajar a Viena es viajar a una ciudad de ensueño. Un lugar donde nieva. Un lugar donde puedes subirte a una inmensa noria. Un lugar donde todo un reino se queda dormido en el instante en que una princesa se pincha un dedo con una rueca. Un lugar donde las hadas te cantan ópera mientras un príncipe te despierta con un beso. Un lugar con calles majestuosas y cafeterías de ensueño. Un lugar donde puedes recorrer atracciones de otra época.  ¡Hoy es un día especial! ¡Y lo sabemos! Por eso no nos cuesta nada madrugar.

Como nos fuimos a dormir pronto hemos dormido un montón. Que a las 4 de la tarde sea ya de noche nos tiene un poco confundidos a los niños: piensan que la hora de la merienda es la de la cena y que luego toca dormir.

Como no llueve, nos vamos paseando en dirección al Prater. Nuestra ubicación privilegiada nos permite hacerlo y así explorar un barrio como el del Leopolstadt. No es el centro histórico pero tampoco se le queda muy lejos en cuanto a avenidas amplias y edificios de fachadas imponentes. Ofrece también una amplia y variada oferta de restauración. De nuevo y pese a ser ya de día hace mucho frío. Tardamos cerca de una horita en llegar a la entrada del parque ya pasadas las 09:00; para nuestra sorpresa nos lo encontramos cerrado (nos habíamos imaginado que esto sería como cuando te plantas delante de la Torre Eiffel bien temprano y descubres que centenares de personas se te han adelantado). Casi no hay nadie; apenas vemos gente que se dirige a la estación de metro o algún runner corriendo por las calles. Para hacer tiempo nos metemos en una donutería que hay al final de la Praterstrasse que nos ha llamado la atención al pasar al lado. Entramos en calor y no podemos resistirnos a pedir un par de donuts y a acompañarlos de una bebida calentita. ¡Tienen una carta de donuts! Aprovechamos para pedir un Orange Punsch, una infusión muy especiada típica de aquí. La cafetería se anima rápido y pronto se llena de gente. 

Cuando nos decidimos a salir vemos que el parque ya está abierto. Sin perder más tiempo nos dirigimos a su atracción estrella: la Riesenrad. Dicen que no has visitado Viena si no te has subido en ella: ¡pues allá que vamos! No hay mucha cola a esas horas y llegas enseguida ya que está justo a la entrada del parque de atracciones. Los niños a partir de 3 años pagan pero sólo medio billete (subirnos nos sale por 26 euros). No cierra nunca afortunadamente (más tarde descubriremos que muchas atracciones del parque están cerradas en invierno).


Construida en 1897, mide 65 metros de altura y tarda unos 20 minutos en completar una vuelta. Te da tiempo suficiente para tomar fotos de la ciudad aunque la verdad es que mientras das el recorrido lo que más impresiona es el propio engranaje interior de la máquina. A nuestros niños les encanta; es un recorrido mágico. Llama la atención que hay vagones restaurante que puedes reservar con antelación ya sea de día o de noche y tomarte un menú degustación (es bastante caro y nos parece algo exagerado ). Los vagones son amplios y a esas horas dejan subir a pocos pasajeros a la vez (desconocemos cómo debe ser en horas más concurridas). Y lo más importante: ¡no hace frío! En la base de la atracción te encuentras con vagones antiguos dispuestos en una amplia sala con maquetas muy vistosas que escenifican diversas secuencias históricas. La verdad es que son muy chulas y hacen las delicias de nuestros peques. Hay una muy llamativa donde puedes ver la noria tras el bombardeo de 1945 completamente destruida.


El resto de la visita al parque de atracciones, el Würstelprater no tiene mucho interés a esas horas. Suponemos que una visita nocturna con toda la iluminación y todas las atracciones en funcionamiento debe ser mucho más interesante. Nosotros nos encontramos con un ambiente muy tranquilo. Hay gente, sí. Pero poca. Nos llama la atención que el resto de atracciones tiene ese sabor antiguo de feria. La verdad es que al recorrerla te entra cierta nostalgia de tu época de niño. Hay placas de hielo por el camino y de vez en cuando nos encontramos con empleados del recinto despejando el paseo o limpiando las propias mesas de los locales. 

Salimos del parque y nos aventuramos a entrar al segundo parque del Prater: el Unterer Prater: una descomunal extensión boscosa donde solían cazar los Habsburgo. Vemos mucha gente paseando a pie o en bici y también diversos runners. Sale el sol y la temperatura asciende. Es muy agradable, especialmente si recorres la Hauptallee, su avenida principal cerrada al tráfico y rodeada de esculturales castaños. Además, como curiosidad, en esta zona te encuentras con el Kugelmugel. Es una extraña casa con forma de esfera y flanqueada por una valla que constituye una república independiente o micronación. Nace de la rebeldía contra el Gobierno de Viena de un artista, Edwing Lipburger.



Salimos del parque y nos aventuramos a entrar al segundo parque del Prater: el Unterer Prater: una descomunal extensión boscosa donde solían cazar los Habsburgo. Vemos mucha gente paseando a pie o en bici y también diversos runners. Sale el sol y la temperatura asciende. Es muy agradable, especialmente si recorres la Hauptallee, su avenida principal cerrada al tráfico y rodeada de esculturales castaños. Además, como curiosidad, en esta zona te encuentras con el Kugelmugel. Es una extraña casa con forma de esfera y flanqueada por una valla que constituye una república independiente o micronación. Nace de la rebeldía contra el Gobierno de Viena de un artista, Edwing Lipburger.



Buscamos un sitio para comer. Justo al lado de la Hauptallee nos encontramos con el Kolariks-Praterfee. Es un restaurante familiar donde dispones de mucho espacio, zona de recreo infantil y hasta te viene un señor y se lleva los niños un rato para explicarles un cuento (¡lástima que sea en alemán!). Las costillas están buenísimas y el menú infantil está muy bien. Nuestros peques se ponen las botas, especialmente David que nos pide un segundo plato. Después se van a jugar mientras nos tomamos los cafés. Jordi se pide un Eiskaffee: un café frío con helado de vainilla y nata montada.

Con el estómago lleno nos volvemos para el apartamento. Recorremos otra vez las calles del barrio del Leopolsdatd, ésta vez en sentido inverso. Se nota que es domingo y hay poca gente. Después de calentarnos un rato en nuestro apartamento, volvemos a aprovecharnos de nuestra privilegiada ubicación y nos vamos paseando a la sala de conciertos MuTh justo a la entrada del parque de Augarten. El edificio es moderno y muy vistoso. Tiene un auditorio de 400 plazas y muy buena sonoridad. Nos espera una ópera infantil que hemos reservado desde España (tenemos las entradas impresas: 19 euros cada adulto y 12 euros la entrada infantil). Es una adaptación de La Bella Durmiente. 


Tienes un guardarropía en la entrada para soltar lastre. Los niños disponen de alzadores para sentarse como en el cine. La sala se llena: hay mucha expectación y montones de familias. Nosotros no las tenemos todas. Imaginaos: ópera, en alemán, una hora sin moverse y con niños pequeños.
Pues... va y sale bien.
Lejos de lo que esperábamos, David y Laura escuchan con atención. La música en directo inunda la sala. En el escenario, nada de famosos ni grandes vozarrones: sólo un grupo de niños, estudiantes que ofrecen al público, la sencillez de una historia de príncipes y princesas, reinados y brujas. Es un espectáculo de calidad. ¡Nos encanta a todos!

Salimos y ya es de noche. Volvemos para el centro: hay menos gente que ayer y podemos pasear con más calma. Esta vez sí nos metemos en una concurrida cafetería cerca de la Catedral donde los niños devoran unos sandwiches mientras nosotros compartimos una crepe con un chocolate caliente. Mañana nos espera un gran día. Y seguro que hará mucho frío!


2 de diciembre de 2017

VIENNA'S WINTER

Este año como nos quedaban unos días libres y el Puente de Diciembre cae en unas fechas ideales,  optamos por hacer una "escapada". Tras pensarlo detenidamente nos decidimos por Viena. Tenemos ganas de frío, nieve, ciudad con encanto y, sobre todo, de Navidad. Y la verdad es que Viena cumple todos los requisitos.

Volamos con Ryanair la mañana del sábado 02 de Diciembre. Tenemos el vuelo a las 11:00 a.m. por lo que no nos representa ningún madrugón importante; nos basta con mantener el mismo horario que el de nuestras mañanas habituales. Es un viaje sin sobresaltos: el vuelo dura poco más de 2 horas. Los niños lo agradecen: el último duró cerca de 12 horas y con escala ( viaje a Sri Lanka ). A nuestra llegada nos espera un taxi que nos lleva al hotel en media horita. 

Nos alojamos en un apartamento en el barrio de Leopoldstadt ( el Apartment Octocom Wien de la calle Hammer - Purgstallgasse ). La verdad es que, a pesar de no ser nada glamuroso, está muy bien. Es un apartamento muy funcional. En la cocina no falta de nada. El comedor es amplio. Tienes en un extremo el sofá y una cama grande para dos. En la entrada otras habitación con cama de matrimonio. La wifi funciona genial. Y lo más importante: la calefacción calienta de cine; puedes ir por el apartamento en manga corta. Tienes un supermercado a menos de cinco minutos ( es un SPAR: tienes de todo ). Otro de los puntos a tener muy en cuenta es su excelente ubicación: en 10 minutos a pie te plantas en la Catedral y el centro histórico. El precio está bien teniendo en cuenta la oferta hotelera que hay cerca. Es buen sitio para alojarse y lo recomendamos. Justo al lado tienes un complejo lúdico termal que nos recomienda nuestra anfitriona Nora ( ideal para familias y con toboganes de agua ) ¡ Lástima que no lo sabíamos y no nos ha dado por traer los bañadores !

Lo primero que hacemos es ir al supermercado a abastecernos. Compramos para unas cuantas comidas y volvemos al apartamento a comer. Se nos ha hecho un poco tarde: son las 16:00 ( menos mal que a los niños les llevamos un par de bocatas para el avión ). Comemos en el apartamento mientras afuera... ¡ empieza a ANOCHECER !

Después de reponer fuerzas decidimos salir un rato bien abrigados para echar un vistazo al centro y situarnos un poco en previsión a prepararnos para lo que está por llegar. Nos llaman la atención 2 cosas. La primera es la cantidad de gente que hay por la calle. Es sábado por la tarde y, como era de esperar en cualquier ciudad con tiendas, una enorme cantidad de gente se desplaza por todos y cada uno de los rincones de la ciudad. Las cafeterías y las tiendas están a rebosar. Llegamos hasta la Catedral de Stephansdom: hay paraditas navideñas alrededor... envueltas por una verdadera muchedumbre que se agolpa alrededor de ellas. 


La gente se detiene a tomar bebidas calientes para entrar en calor ( ponches o vinos ) y diversos tentempiés. Se toman de pie. Te sirven hasta sopas en cuencos de pan y la gente se las pide y toma igualmente allí en medio de la calle y a la intemperie. Y aquí viene la segunda cosa que nos llama poderosamente la atención: hace MUCHO frío. La temperatura llega a -3ºC. Apenas aguantamos una hora. Menos mal que hemos ido bien equipados. Sólo hemos fallado con los guantes: llega un momento en que se nos empiezan a congelar los deditos de las manos y optamos por regresar y dar por finalizada nuestra "escapada nocturna". La verdad es que estamos cansados del viaje y, tras un baño reparador y una cena sencilla, nos metemos en la cama sin tiempo para más y antes de las 22:00 ya estamos todos bien dormiditos.