27 de julio de 2017

SIGIRIYA: LA ROCA DEL LEON Y LA BARCAZA AZUL

A las 8h quedamos con Dhanu y en 15 munitos nos plantamos en la cola donde se compran los tickets para entrar en Sigiriya, Patrimonio de la Humanidad. Uno más del total de 7 que alberga esta inquietante isla. Nos preocupa un poco el tema de las escaleras que ascienden por la pared de esta inmensa roca escarpada, pero Dhanu nos asegura que es seguro y que podemos subir con los peques. La segunda preocupación es si Laura, que tiene ahora 4 años, aguantará la ascensión. Subirla a cuestas no es ninguna broma.


No hace demasiado calor a estas horas. Aunque Dhanu nos propuso subir incluso más temprano e ir a desayunar al acabar. Le dijimos que no porque pensamos que ir con el estómago vacío sería todavía más duro.  

La roca de Sigiriya, que se eleva sobre las llanuras centrales, es probablemente la imagen más espectacular de Sri Lanka. Subir hasta la cima es toda una aventura: en lo alto te espera una cumbre llana que contiene las ruinas de una civilización antigua que en su día se relata que probablemente fuera el epicentro del efímero reinado del rey Kassapa donde se refugió para poder gobernar tras asesinar a su padre ( era el hijo bastardo y temía las represalias de su hermano, legítimo heredero al trono ).




Decir que el camino está acondicionado con escaleras y barandillas ( por si alguien pensaba que había que escalar nada ): en la mayor parte de tramos asciendes por las escaleras originales aunque hay algunos en los que son de las modernas por cuestiones de seguridad. Aun así hay alguna zona algo peligrosa ( el viento no ayuda nada ) pero si vas con cuidado y sin hacer tonterías no hay peligro alguno ni siquiera con niños pequeños. Además nos encontramos con una importante ventaja: por la mañana, la vertiente por la que se asciende está de espaldas al sol por lo que hace menos calor. Sólo te lo encuentras en el tramo final de la ascensión y en la cumbre.  

Durante la ascensión te encuentras con diferentes puntos de interés que la hacen más llevadera:
  1.  Jardines Reales: se encuentran en la base de la roca y te amenizan la llegada. Están separados a 3 niveles. En el nivel más bajo te encuentras los jardines acuáticos o Water Gardens, terrazas simétricas que se extienden hasta los pies de la roca. Como estamos en temporada seca no vemos nada de agua en ellos. Es un bonito lugar para explorar lejos de la multitud aunque por razones obvias no nos detenemos: el tiempo pasa y cada vez hace más calor en la cumbre. Los tenemos fotografiados desde la cumbre y la verdad es que la imagen es espectacular. Nada más empezar a subir te encuentras los jardines de piedras o Boulder Gardens: están sembrados de enormes rocas o cuevas: Dhanu nos explica que en su tiempo sirvieron como refugio para los monjes budistas. En efecto, vemos detalles en las paredes de roca similares a los vistos en Vessagiriya cuando visitamos las ruinas de Anhuradaphura. A este nivel también te encuentras las ruinas del supuesto palacio de verano del rey Kassapa con su correspondiente salón de audiencias. Y finalmente, un nivel más arriba, están los jardines en terrazas o Terraced Gardens.
  2.  Los frescos de Sigiriya: nos los encontramos a media ascensión. Te tienes que separar del camino principal y subir por una escalera de caracol abierta hasta una larga galería cubierta junto a la pared de roca. Los frescos son realmente espectaculares por su nivel de detalle y lo bien conservados que están pues conservan su color. Los frescos representan casi una decena de mujeres con el talle ajustado y hermosos pechos al descubierto. No se pueden tomar fotografías. Posible origen: concubinas del rey Kassapa para quienes insisten en que Sigiriya fue una fortaleza militar o apsaras – ninfas celestiales – según los defensores de la teoría más moderna que asegura que la Roca ha sido siempre sede de órdenes monásticas budistas. Tampoco se conoce la fecha exacta de su realización: se especula con que podría ser el siglo V. También se especula con que pudiera haber hasta un centenar de dibujos.
  3.  El muro de los graffitis o Mirror Wall: una pared de 3 metros de altura cubierta de un barniz brillante en la que los visitantes escribían sus impresiones tras observar las mujeres de los frescos. Se consideran de un gran valor histórico pues datan de los siglos VI-XIV. Para nosotros supone un buen resguardo del viento durante un buen tramo y sin tener que preocuparnos de que ningún niño se escurra por algún agujero.
  4.  Las garras del león: el estrecho sendero da a una gran plataforma en el extremo norte de la roca. Allí te encuentras con 2 zarpas de león justo donde se inicia una escalinata para el último tramo de la ascensión. Se dice que hubo un tiempo en que había un colosal león de ladrillo y que la escalera se introducía literalmente en su boca. Este último tramo de ascensión es especialmente duro y el más complicado:
- la escalinata es estrecha y en muchos tramos ( salvo en los más altos ) coincides al subir con gente que baja
- aunque hay barandilla hay “huecos” por donde se te podría llegar a escurrir un niño al vacío
- estás expuesto al sol y hace mucha calor
- estás cansado

De todos modos, si se va con cuidado, no resulta peligroso. Nosotros la podemos hacer, Laura incluida ( se le puso entre ceja y ceja que podía llegar solita hasta la cima y está muy cerca de conseguirlo; sólo en el último tramo de escaleras, Dhanu la coge en brazos para ayudarla ).

En la cima, lo primero que haces a parte de recrearte con las vistas, es darte un sentido homenaje y subirte para hacerte la foto de recuerdo en una zona tipo pedestal con 4 rocas que marca el lugar más alto de la roca. Después recorres anonadado el recinto superior: y es donde nos encontramos con la sorpresa final: las ruinas de lo que se supone que fue el lugar elegido por el rey Kassapa para instalar su capital fortificada. Está todo bastante derruido pero no olvidemos que se encuentra en lo alto de una roca y a la intemperie. Vamos con cuidado con los niños: están cansados y no deja de ser peligroso: no hay ninguna barandilla de protección. Las vistas son impresionantes, especialmente las de los jardines reales. Pasamos por los restos del palacio del rey, por una gran cisterna y por un banco que hace las veces de trono del rey.

Las garras del león 
Después de un rato iniciamos con calma el descenso. Ahora si toca llevar a Laura en brazos. Un servidor – Jordi – la coge sin pestañear no vaya a ser que el buenazo de Dhanu se vuelva a atribuir el mérito ( ¡que padre no hay más que uno! ). Todo y que las piernas nos empiezan a temblar un poco, bajamos sin excesivos problemas con alguna paradita técnica para las explicaciones históricas de Dhanu. Ya en la base nos encontramos con la Cueva de la capucha de la Cobra; un saliente con dicha forma que es una cueva en la base y que como las demás que vemos en las Boulder Gardens era un refugio para los monjes budistas.


Llegados a este punto renunciamos a ver nada más: la visita nos ha llevado más de 3 horas y nuestros peques están rendidos. Toca parar y descansar.
Laura nos sorprende con el empeño y la tenacidad con la que quiere demostrarnos que ella puede llegar solita hasta la cima, aunque justo en el tramo final, Dhanu la coge en brazos porque los escalones son bastante más empinados.




El punto más alto

Los jardines

La cobra




El descenso

Volvemos al hotel donde nos sorprende la celebración de una boda. Los vistosos colores de los vestidos, las telas de seda pintadas de oro y la música en directo, inundan los jardines del hotel. Nos toca ser espectadores, desde la piscina, donde, a pesar de la fiesta, decidimos refrescarnos.
Laura llama la atención de algunos de los invitados. Una abuela que sostiene en brazos un bebé, y que va acompañada por una niña encastada en un precioso vestido rojo con dorados bordados, se nos acerca. Nos ofrece un plato que aceptamos por compromiso. No queremos rechazar la invitación. En el plato vemos trozos de una manzana sazonada con pimiento. Hacemos de tripas corazón y con una sonrisa algo forzada cogemos cada uno un trozo y nos lo comemos. Arrrr! En fin, que en cuanto tenemos la oportunidad, y antes de que alguien quiera invitarnos a probar nada más, nos volvemos a la habitación para cambiarnos.

Dhanu nos recoge a las 15h para ir de paseo; me explico, la idea es dar un paseo en barca para tener vistas de la roca de Sigiriya. Nos parece una buena manera de pasar la tarde y de premiar a los peques con algo emocionante y divertido para ellos. Más allá de lo que esperábamos, lo que sucede es lo siguiente:

1-     Un par de hombres nos suben en un carromato con un techo tejido con hojas de cocotero y que es arrastrado penosamente por una especie de buey al que maltratan para que se mueva. David se da cuenta de que no es algo habitual.
2-      Llegamos a un tramo a partir del cual hay que caminar unos metros, en pleno campo, hasta llegar al lago. Allí nos espera una barcaza de color azul que nos lleva a la otra orilla en menos de 10 minutos. El pequeño paseo nos regala vistas a lo lejos de la roca. Los peques están encantados.
3-      En la otra orilla, nos espera una choza con una mujer que nos invita a enseñarnos varias cosillas tradicionales: nos enseña como separan las semillas de arroz, cómo lo molen, cómo parten o rallan un coco, cómo cocinan una especies de tortitas con  coco, harina, lima, tomate y cebolla. Nos ofrece una merienda con dichas tortitas, acompañadas con una especie de cus-cus que ha preparado con un toque de guindilla (menos mal que ha puesto poca ), un delicioso mango y por último una infusión preparada con las hojas de una flor con propiedades sanatorias. En fin, toda una experiencia. Jordi no deja de pensar en el médico de Sanidad Exterior y en sus consejos con respecto al campo y a la comida.
4-      Para deleite de los niños, y después de un pequeño paseo a través de un campo de cebollas, unas chozas habitadas y un palmeral, llegamos a un camino donde nos espera un tuc- tuc tuneado ( según David ). Nos embutimos los 4 + Dhanu + conductor y llegamos al punto de partida.













La alternativa a todo ésto, habría sido quedarse en el hotel con el jolgorio de la boda.





26 de julio de 2017

MINNERIYA: LA SENDA DE LOS ELEFANTES

Salimos de nuestro paraíso en Nilaveli a las 10:00. Toca ruta en coche. Tras media hora nos paramos en Trincomalee, la ciudad más importante de la costa oriental. La idea es hacer una breve visita del templo hindú y de ver las vistas desde lo alto de la Swami Rock. Para llegar hay que atravesar los muros de la Fortaleza Frederick, construida por los portugueses en el año 1623. La fortaleza ha pasado por muchas manos ( holandesas, británicas, … ) y ha pasado por diversas reconstrucciones. En la actualidad es un bastión del ejército ceilandés y los accesos están controlados. Aunque no se pueda visitar sí se puede echar un vistazo mientras pasas con el coche. Llegamos a una zona de aparcamiento y nos bajamos del vehículo. A partir de aquí toca subir hasta lo alto a pie. Por el camino vemos una sucesión de interminables paraditas a lado y lado donde te venden de todo. Sube un montón de gente, no sólo turistas ( hay escolares y locales que suben a hacer ofrendas ). También hay personal del ejército. Justo al llegar a la cima, donde se halla el templo, te tienes que descalzar.



El templo se llama Koneswaram Kovil, uno de los principales santuarios hinduistas del país. Está dedicado a Siva con la misión de proteger la isla de desastres naturales. Es muy antiguo pero durante las guerras fue destruido; el templo actual data de la reconstrucción de 1952 ( 4 años tras obtener la independencia del país ). Para unos profanos como nosotros es difícil explicar la visita dentro del templo ( no se pueden hacer fotografías ). Está lleno de estatuas de colores en 3 dimensiones que relatan pasajes religiosos que nosotros desconocemos por completo. También hay carros para realizar sus particulares procesiones por la ciudad. En el exterior del templo contemplamos como se hace la ofrenda a pie de templo: pides el deseo y haces arder un coco. Después apagas la llama y tiras con fuerza el coco contra una piedra en un recinto cercado hasta que se hace añicos. Tras visitar el templo pasamos por la Swami Rock, saliente de 130 metros de altura con unas vistas que quitan el hipo sobre la bahía holandesa. La verdad es que el enclave es precioso ya que queda situado entre 2 bahías aunque desde la roca sólo tengas vista panorámica de una sola ( la bahía holandesa ). 
Vemos barcos y el inmenso océano. Dicen que desde aquí se pueden ver ballenas azules ( a esta hora no pasa ninguna ). 
De los árboles cuelgan los deseos de mujeres embarazadas o familiares que piden esperanza, salud y felicidad para sus bebés.

Después bajamos de regreso a la furgoneta. Hacemos la visita en unos 40 minutos. Nos armamos de paciencia pues nos esperan cerca de 2 horas de coche hasta Minneriya; por suerte para Laura, duerme todo el camino. Al llegar a destino comemos en un buffet de un hotel muy próximo al puesto de alquiler de jeeps para visitar el parque de Minneriya; es muy curioso y me permite explicar algo muy interesante que se produce en la mayoría de restaurantes para turistas. A pesar de no ser nada baratos para los precios del país y del intenso calor reinante a la hora de comer, NO tienen aire acondicionado. La gran mayoría disponen de ventiladores de techo y ventanales amplios que dejan entrar corriente de aire. Pues hay buffets que intentan ofrecerte un helado: como no disponen de congeladores, en casi todos los casos hasta la fecha te encuentras con la cuchara intentando extraer una pasta helada medio deshecha que llega licuada cuando te sientas a la mesa. Pues este buffet tiene un cuarto cerrado con – no lo diríais nunca – con AIRE ACONDICIONADO para los postres. La verdad es que para que engañaros – os escribe Jordi – me pedí todas las veces turno para ir a buscar los postres.

Tras la comida nos dirigimos al Parque de Minneriya. Como tenemos contratado el Tour, Dhanu nos lleva al punto de encuentro con el chófer – guía justo en la entrada. Cuando llega el jeep empezamos a ponernos nerviosos hasta lo que se nos viene encima: este parque nacional es uno de los mejores lugares del país para ver elefantes salvajes. Además, sabemos que estamos en época seca – de mayo a septiembre – y que es cuando abundan más. En esta época se produce la concentración; reunión de 200 o más elefantes en un punto durante semanas. Inicialmente se pensaba que era por la sed propia de la temporada seca, pero en verdad se debe a que el embalse de Minneriya ( construido en el siglo III d. C ) se seca, dejando al descubierto hierbas y brotes que atraen a los herbívoros. El recorrido inicial de 40 minutos con el jeep pasa por una pista de tierra accidentada a través de una densa jungla. Por el camino vemos monos y diversas aves; nos maravillamos contemplando un águila de cabeza blanquecina y pico amarillento descansando en lo alto de un árbol junto a su nido. Justo cuando llegamos al final de la pista vemos.. vemos… una MANADA DE ELEFANTES. Los vemos bien juntitos. Tanto nosotros como el resto de turistas de los demás jeeps empezamos a grabar y a hacer fotos como locos. Nuestro chófer – guía nos tranquiliza: se dirigen al embalse y allí los podremos observar ( fotografiar ) mejor. Aun así es paciente ( debe estar acostumbrado a la locura filmográfica de los turistas ) y espera a que se nos pase el ataque.





Al cabo de un rato llegamos al punto fuerte de la visita y sin lugar a dudas uno de sus must see o highlights: el embalse. Lo que vemos es maravilloso y espectacular: una llanura abierta inmensa con el embalse en el centro. Y en ella vemos una manada de elefantes. Y nos toca vivir lo que llamo una DECONCENTRACIÓN: los paquidermos beben tan tranquilos y tras recrearse un rato a orillas del embalse regresan con calma a la selva pasando por entre los jeeps. ¡Flipante! Como son familias enteras pues los ves de diferentes tamaños y edades. Los guías no tienen ninguna prisa y dejan a los turistas deleitarse con la filmografía. Suelen dejar los motores apagados; la única situación en que encienden el motor es cuando se acerca al vehículo algún elefante de grandes dimensiones no vaya a ser que haya que salir por patas o por ruedas. Cuando se han marchado todos damos la vuelta al embalse y nos maravillamos con las aves que pescan en las aguas del embalse poco profundas: en la orilla vemos cormoranes, grullas y grandes pelícanos. En el aire sobrevuelan el lago una decena de águilas idénticas a la que vimos antes en lo alto del árbol.





El paisaje es precioso y tranquilo. La verdad es que los chóferes ayudan mucho: apagan los motores y no tienen ninguna prisa. No hay que perseguir a ningún animal: se te presentan solitos sin necesidad de hacer nada. Efectivamente, cuando ya hemos dado la vuelta al embalse, se nos presenta una nueva manada de elefantes que se dirigen al embalse: en ésta ocasión es mucho más numerosa que la anterior y nos toca vivir el fenómeno opuesto: vivimos una CONCENTRACIÓN en toda regla. De nuevo los elefantes pasan por delante de nuestro jeep como si nada. El guía nos dice que hay cerca de 600 paquidermos en la zona. Vemos uno con colmillos: nos explica que el 5-10% los tienen. Los niños flipan de un buen principio pero como es lógico - llevamos más de una hora metidos en la planicie del embalse y son más de las 17:00 de la tarde – están cansados. Les damos agua y galletas que llevamos encima pero el efecto dura poco. Aun así se portan muy bien y, a su manera, se llevan una idea de cómo son los elefantes en su medio natural. Tras un último rato de contemplación y tras preguntarnos el chófer – guía si queremos prolongar la visita, optamos por regresar.

Tras abandonar el parque, nos queda media horita de camino en coche hasta llegar a nuestro hotel en Sigiriya (el Fresco Water Village). Baños, cena y a dormir rendidos. Mañana toca madrugón antes de otra de las grandes visitas del viaje: la ROCA DEL LEÓN!






25 de julio de 2017

LET'S GO DIVING TO PIGEON ISLAND

23-07-2017 a 25-07-2017

¡Por fin ha llegado el gran día! ¡Vamos a bucear ! Hoy hace exactamente 5 años que buceamos por última vez. Fue en Fernado de Noronha, en Brasil. ¡Vaya casualidad!
Contactamos con Poseidon Diving Center via email y nos lo pintaron muy bonito. Al llegar, resultó que tenían mucha demanda y que no nos aseguraban que pudiéramos bucear. Finalmente, lo arreglamos y decidimos turnarnos. Primero saldría yo.
Llego a las 8:15 y un divemaster me está esperando para preparar el equipo. Lo revisamos y montamos juntos y luego nos vamos al mar a hacer un par de ejercicios básicos. Muy profesionales.
Me siento de nuevo como un open. Nos vamos en la lancha con tres buceadores más a Pigeon Island, reserva Natural Patrimonio de la Humanidad. Brutal!!! Las inmersiones no son nada del otro mundo, considerando que, nada para mí, ha superado a Bunaken. Aún así, tengo que admitir que el coral es precioso. De hecho, vemos uno enorme que tiene más de 1000 años, según relata nuestro divemaster.
Entre una inmersión y la otra nos bajan en Pigeon Island, donde montones de turistas hacen snorkel en la zona de bollas reglamentaria, para ver tiburones punta negra y tortugas. Lo malo es que al ser domingo, a los turistas de chalecos naranjas y tubos de buceo, se suman los ceilandeses domingueros que vienen a pasar el día a la isla. Es curioso ver cómo las mujeres se bañan con toda la ropa puesta. No hay que olvidar que aunque la gran mayoría son budistas, también los hay hindús y musulmanes.
Lo mejor de todo es que ha sido como si nunca hubiera dejado de bucear. Me he sentido genial.

Mientras tanto los peques y yo mismamente (Jordi) optamos por día relax en el hotel. Nos levantamos tarde y nos vamos a desayunar al buffet del hotel. Los niños se quedan sentados en la mesa del restaurante mientras yo voy trayendo las cosas (el desayuno se hace en un recinto cerrado aunque también con vistas tanto al palmeral como a la piscina). Como es tradición aquí también te puedes pedir una tortilla recién hecha y que te pongan dentro lo que te apetezca (la clave está en decirles con no te pongan picante). Después nos vamos a la playa. Hace un sol de justicia: toca crema y llevar camisetas de agua. Los niños no se resisten. Empezamos recogiendo unas conchas y después nos vamos a jugar en la orilla con las olas del mar. La playa de Nivali es muy chula: muy amplia (la vista no te alcanza a ver el final), con un desnivel de entrada en el agua muy progresivo y ¡NO HAY CASI NADIE! Como únicas pegas comentar que la arena es abrasadora hasta llegar a la que está mojada (nos hacemos unas carreras tanto de ida como de vuelta incluida Laura) y hay oleaje y mucha corriente (nos podemos bañar para si vas con niños muy pequeños no te tienes que meter muy adentro). Nos lo pasamos de miedo. Desde la orilla se ve Isla Pigeon a lo lejos: no dejamos de ver barcas que van y vienen durante toda la mañana.

Después nos vamos a la piscina: profundidad de un metro en casi toda ella (puedo estar tranquilo con David) y manguitos para Laura (este año se los deja poner y la verdad es que se esfuerza en nadar un montón). Hay una zona de entrada donde hasta Laura puede estar de pie y encima da la sombra; allí pasamos un buen rato jugando a papás y mamás. Después toca comer: no hay buffet de mediodía (como en la mayoría de hoteles); tiene un restaurante de playa (techado y corre brisita) con menú infantil. Los niños flipan: toca hamburguesa de pollo con patatas fritas. ¡Y de postre fruta con helado! Cuando ya terminamos de comer llega Fani (son pasadas las 14:30): llega cansada pero muy contenta. Le he guardado parte de mi plato (hay tanto “grilled tunna” que le puedo ceder mi mitad). Ponen “wasabi” en un ladito del plato (¡que graciosillos!) y por error lo mezclo con una verdurita que había quedado allí perdida; resultado: ¡ARDOR INTENSO! 

Por la tarde ya todos juntos nos explicamos las experiencias vividas, descansamos un rato en la habitación (peli para los niños y colada y blog para los mayores) y de nuevo nos vamos todos a la playa a recoger conchas (son más de las 17:00 y el sol está ya muy bajo; como las 20:00 en verano en España) y después a la piscina. Mientras cenamos Dhanu nos viene a buscar para explicarnos que le han llamado del centro de buceo para decir que mañana Jordi no podrá ir porque los grupos están completos. Probaremos suerte el martes.




Poco que contar del lunes: pasamos un día de relax en familia alternando playa con piscina y hacemos todas las comidas en el hotel. Al mediodía nos tomamos unas “grilled jumbo prawns” que son unas gambas tamaño “king size” con mantequilla por encima: están muy sabrosas. Los niños repiten con la hamburguesa (¡y eso que tienen más opciones!). De nuevo blog y colada en los ratos libres. Por la tarde 2 incidencias. La primera es que Jordi se va con Dhanu a la agencia de buceo para “asegurar” la salida del día siguiente: ¡que una plaza y nos la dan! Será por pesados… La segunda es que mientras Jordi está en el centro de buceo Laura hace uno de sus saltos a la piscina (¡ha perdido el miedo por completo!) y pilla a Fani desprevenida: supertrompazo en toda la frente y herida con los dientecitos de Laura. La pequeña se disculpa enseguida; no se ha hecho nada (¡menos mal!) y a Fani el encargado de la piscina le ayuda a salir del agua y le trae hielo. Después llega Jordi y nos vamos a curar a la lesionada. Tenemos dudas sobre si harán o no falta puntos, pero Fani trae de todo en el botiquín y nos apañamos.

El martes viene a ser la experiencia vivida el domingo pero invertida. Las únicas diferencias son que el grupo que se queda en el hotel renuncia a la playa ya que Fani no se puede mojar la frente (se sustituye ese tiempo por blog y cuadernos de vacaciones en la sala común con wifi) y que por la tarde vamos a la playa antes (a eso de las 16:00 para pillar algo de sol).

La experiencia de buceo es similar: hay un “refreshing” previo donde te montas tú mismo el equipo y haces 3 ejercicios básicos en la orilla del mar (de nuevo me agobio – Jordi – con el de la máscara pero me dan un aprobado) y te llevan en barca a Isla Pigeon (recordar que hay que llevar las 2500 rupias que te cobran por acceder como tasa de entrada; es una isla protegida). Creo por lo que me explicó Fani que hay menos gente que el domingo; pudiera ser aunque no está mal la gentada que hay). Consideraciones a tener muy en cuenta:
  1.  La isla es muy pequeña: la atraviesas en apenas un minuto.
  2.  Hay árboles: así que te puedes resguardar del sol bajo su sombra.
  3.  Hay poco que hacer salvo bucear o hacer snorkel. Lo digo por la gente que vaya con niños pequeños (creemos que es mejor enfocarlo como lo hemos hecho nosotros: los niños disfrutan más de la playa de Nilaveli)
  4.   El agua es mucho más clara (a pesar de todo no la puedo considerar paradísica por no tener ese azul – verdoso de otras playas tan característico). Hay coral y bancos de peces tropicales.
  5.  No hay garitas o puestecitos de venta de bebidas o comida alguno: olvídate de pedirte allí unos snacks, un helado o una miserable botellita de agua: ¡te la llevas en la mochila!
  6.  No hay mesas ni sillas para picnic; por eso la mayor parte de barcas de acceso ya no dan servicio pasadas las 13:00. No hay lavabos: o te buscas un árbol escondido o te vas al agua.
  7.  Tiene 2 orillas habilitadas pero tienes una auténtica alfombra de coral: cuesta caminar por encima: imprescindible llevar calzado de agua. ¡Imaginaos lo que tuvo que ser para ambos la entrada desde la orilla al agua en una de nuestras 2 inmersiones con el equipo cargado pero las aletas en la mano!
En relación a las inmersiones comentar que están muy bien para recuperar sensaciones y quitarte el gusanillo. Verás coral y muchos pececillos tropicales. La visibilidad no suele ser muy buena por lo vivido y lo contado por el Dive Master. Con suerte puedes ver alguna morena o algún pez globo. Pero como dice Fani estamos muy lejos de Bunaken. Una inmersión la hacemos saliendo desde la orilla y la segunda saltando desde la barca; en ambas vemos más o menos lo mismo. Como anécdota comentar que mi Dive Master (un chaval jovencito y muy simpático) mira mis zapatillas de agua con mucho interés en un momento de nuestro descanso entre inmersiones; me pide por cuanto se las vendo y que para él son muy difíciles de conseguir. Se las dejo probar: le quedan bien. Se las regalo.



Isla Pigeon


En relación al Poseidon Diving Center comentar que por lo vivido por nosotros es una empresa muy seria y muy profesional tanto para la preparación del equipo y el “refreshing” (si es que lo necesitas) como para las inmersiones y los desplazamientos en barca. Se nota que son un equipo, priorizan la seguridad y se preocupan porque la experiencia sea lo más agradable posible. Hay poco “fantasmeo” (nos gusta). El problema es la organización: olvídate de hacer reservas (ni el mail ni el teléfono nos funcionaron). Hay que ir en persona a tocarles los pinreles. 

En total, refreshing + inmersiones cuestan 75$ y se puede pagar con tarjeta de crédito.






En conclusión: no nos queremos ir de aquí, pero nos esperan todavía muchas aventuras!

22 de julio de 2017

LAS RUINAS DE POLONNARUWA

Cuando nos despertamos sabemos por lo que nos anticipó Dhanushka que nos espera un día muy duro. ¡Y ya de buena mañana pega una soleada que no veas!

Tardamos una hora y media en recorrer la distancia que separa Dambulla de las ruinas de Polonnaruwa. Es un complejo arqueológico inmenso; a diferencia del de Anuradhapura, éste está menos concurrido y eso que vamos en sábado. La cantidad de turistas es similar (pocos, como casi siempre) pero hay menos feligreses. Aunque tiene casi 1000 años de antigüedad, es mucho más reciente que Anhuradaphura. La dinastía Chola del sur de la India fijó su capital en Polonnaruwa tras la conquista de Anhuradhapaura a finales del siglo X por estar situada estratégicamente. Tras la reconquista los cingaleses optaron por mantener la capital allí.

Vamos directamente al Museo Arqueológico a comprar las entradas de acceso. Aprovechamos para visitarlo y la verdad es que lo recomendamos: no es muy grande y se visita rápido. Lo que más nos llama la atención son las maquetas que hay de los principales monumentos del parque pero reconstruidos; las encontramos de un enorme interés ya que te permiten imaginarte como eran en su época de esplendor. También están expuestas armas de guerra, utensilios para hacer grabados, herramientas agrícolas e instrumental médico quirúrgico ( en serio ). Los niños miran las vitrinas con interés especialmente cuando ven una araña peluda dentro de una de ellas. En la última sala vemos una magnífica colección de estatuas hindúes que representan a diferentes dioses.

Entonces empezamos la visita de las ruinas. Son cerca de las 12:00 y el calor es sofocante. Los niños se nos desaniman rápido. El complejo está dividido en diversos grupos de ruinas. Afortunadamente podemos ir de grupo en grupo con la furgoneta. Vemos turistas desplazándose en sus autobuses, furgonetas y tuc tucs. Los más inconscientes van en bicicleta.

Empezamos por el Grupo del Sur. Allí vemos:
  1.  Estatua: estatua de casi 4 metros de altura que se dice que representa al Rey Parakramabahu I sosteniendo un yugo.
  2.  Potgul Vihara: esta estructura supuestamente se usó como biblioteca para almacenar libros sagrados. La dagoba central hacía las funciones de archivo mientras que los edificios periféricos eran salas de lectura. Nos paseamos por ahí con Laura a caballito y David refunfuñando con razón.


Después nos vamos al Grupo del Palacio Real:
  1.  Palacio Real: construido por Parakramabahu I, era un edifico residencial magnífico de 7 plantas (ya hemos visto la maqueta en el museo). En la actualidad sólo quedan unas ruinas con las que apenas te haces una idea de cómo eran las dos primeras plantas. No queda ninguna más porque las superiores eran de madera y el edificio fue quemado en su época por los invasores indios. Por desgracia, ésta es una constante de nuestra visita al complejo: las ruinas son sólo ruinas y no puedes dejar de visitarlas con la melancolía de pensar cómo serían sin la guerra y el pillaje que tuvieron que sufrir. En este sentido las ruinas que visitamos en Perú o Yucatán están mucho mejor conservadas.
  2.  Kumara Pokuna estanque para los baños.
  3.  Salón de las Audencias: donde el rey recibía visitas. No queda ningún trono pero los escalones de entrada son impresionantes.



Llegados a este punto comprendimos que los niños no daban para más. Quedaba poco para las 13:00 horas y Dhanushka propone  que en el resto de ruinas nos bajemos sólo nosotros dos mientras él se queda con los peques en la furgoneta (fijaos la confianza que teníamos ya con él). David se las ingenia para convencerle de que les compre zumo de papaya ( en inglés ¡!!!)

Llegamos al Cuadrángulo: éste presenta la mayor concentración de edificios en área bastante reducida. Como ya es lugar sagrado a partir de aquí en delante de nuevo nos vimos obligados a hacer uso del pantalón largo y de descalzarnos. Os puedo asegurar que a esas horas es imposible caminar sin calcetines: ¡el suelo quema como una mala cosa! En esta zona el estado de conservación es mayor. La verdad es que visitar las ruinas en este orden garantiza ir claramente de menos a más. A destacar:
  1.  Edificios Hatadage y Vatadage: uno enfrente del otro: el primero te queda a mano derecha según entras y el segundo a mano izquierda. De los dos el templo más impresionante es el Vatadage con sus 2 terrazas circulares, sus guardianes de piedra y su Piedra de Luna en la entrada norte. En el centro te encuentras con una dagoba flanqueada por 4 estatuas de Buda sentado
  2.  El Gal Pota o libro de piedra: una piedra alargada de 9 metros por 1.5 de ancho con inscripciones donde se explica como la piedra, de 25 toneladas, se transportó desde Mihintale (unos 100 km).
  3.  Thuparama Gedige: en el extremo sur. El único templo – no dagoba – de Polonnaruwa que conserva el techo intacto. Es un edificio ciertamente muy alto; los demás debieron ser así también. En su interior también vemos varias estatuas de Buda






Volvemos a la furgoneta: los niños se lo están pasando de miedo. Nos dicen que se están montando una superfiesta en la furgoneta con Dahnushka de cómplice. Vemos todas las botellas de agua (tanto las llenas como las vacías) esparcidas por el suelo de la furgoneta… Optamos por no saber nada más.

Pasamos al Grupo Norte. Repetimos la misma operación de dejar los niños con su fiesta privada en la furgoneta. No paran de reír y de invitarnos a salir con nuestra particular peregrinación. Alcanzamos, por este orden:
  1. Rankot Vihara: la dagoba de mayor tamaño en Polonnaruwa, con casi 55 metros de altura. Es de ladrillo oscuro; ya no conserva el blanco encalado (como ya nos pasó con algunas dagobas en Anhuradhapura. La bóveda es enorme y te hace sentir muy pequeño.
  2. Lankatilaka: misterioso templo con muros de ladrillo de 18 metros con una estatua de pie de Buda sin cabeza, probablemente arrancada en algún acto vandálico. Nos llama la atención que en algunas zonas se conserva la decoración en sus paredes externas
  3. Kiri Vihara: esta dagoba sí conserva su color blanco y se halla en medio de una arboleda. La verdad es que te queda una imagen muy hermosa pues se mantiene muy bien


Volvemos al coche; la pequefiesta continúa. Hasta aquí podemos decir que la visita, a pesar de ser muy interesante, no logra sorprendernos. Eso es debido a que faltaba el plato fuerte a nuestro humilde modo de ver. Es entonces cuando llegamos a Gal Vihara, el monumento más famoso de Polonnaruwa. Sencillamente espectacular. Se trata de un enorme fragmento de roca que muestra cuatro imágenes de Buda talladas en granito; un hito en las tallas en roca cingalesas. Las 4 estatuas escenifican cronológicamente (de izquierda a derecha) momentos de la vida de Buda. Las 2 de la izquierda muestran un Buda sentado en posición de meditación. El tercero por la izquierda nos muestra un Buda de pie de 7 metros de altura, con los brazos cruzados y con el rostro triste. Dhanushka nos explica que muestra a un Buda que es consciente de su próxima muerte y que lamenta no poder “iluminar” a más gente. Finalmente podemos apreciar el Buda Reclinado, de 14 metros, representado mientras entra en el parinirvana (nirvana tras la muerte). Para esta visita si vamos todos (las explicaciones de Dhanushka a pie de roca son muy valiosas); como de imaginar los niños protestan. Mientras nos acercamos a verlo de cerca los dejamos a la sombra de un árbol de Dhanushka.






Volviendo a la furgoneta nos encontramos con una mama macaco con su pequeño en brazos en medio del camino; todo el mundo se para a mirarla. Nosotros también nos quedamos un rato observándola (los niños alucinan). Es la foto del día ( después de taaaanto caloooor ).


La visita la terminamos pasadas las 14:00 de la tarde pasando por un estanque en forma de flor de loto muy bonito que debió ser usado por los monjes para baños rituales. Llegamos a un restaurante buffet en menos de 10 minutos. Estamos tan acalorados y cansado que ya no tenemos ni hambre.

Tras reponer fuerza nos subimos a la furgoneta: nos esperan dos horas y media de coche hasta Nilaveli. Aunque dormimos todos, la megasiesta que se pegan los niños es de órdago. Antes de llegar al hotel paramos por una escuela de buceo que teníamos mirada por Internet para intentar acordar alguna inmersión durante nuestra estancia en las playas del este. Por desgracia, a pesar de los mensajes recibidos vía mail con ellos en los que lo pintaban todo de color de rosas, están muy llenos y por el momento sólo pueden asegurar la salida de Fani del día siguiente. Aceptamos.

Después llegamos al hotel ( Hotel Nilaveli Beach ): como son cerca de las 19:00 ya es de noche. Optamos por salir con los niños con las linternas para explorar la playa. Los niños flipan: empiezan a recoger sus primeras conchas y encontramos hasta algún cangrejo.
El hotel es una pasada. Un lujazo que no nos habríamos permitido si no lo hubiéramos contratado por agencia.
La cena es una pasada: buffet al aire libre, al pie de la piscina. Las mesas están dispersas de forma aleatoria entre árboles frutales y manglares, algunas en la arena de la playa, a la luz tenue de velas y pequeñas fogatas. Todo un lujo. Muy romántico.
Me llama la altención que haya mujeres intentando barrer las hojas de los árboles. Me parece un esfuerzo con muy poca recompensa. 

En un rincón te sirven diferentes tipos de pescado y carnes a la brasa, recién hechos. Pastas, arroces, verduras, panes, frutas, postres típicos…hay mucho para escoger. Y cada vez que pongo algo en el plato pregunto: ¿ esto pica ? 

Aquí pasaremos nuestros próximos 3 días.




Invitado inesperado