10 de julio de 2024

ZHANG JIA JIE: LAS MONTAÑAS DE AVATAR

Día 08 de Julio del 2024

La salida de Fenghuang fue más difícil de lo esperado. Todo viaje tiene su momento de caos y éste no iba a ser  ninguna excepción.

Bajamos con antelación a la recepción del hotel. Son las 08:00 am y nos ponemos a pedir un Didi que nos lleve hasta Huaihua. Como el tren no sale hasta las 10:45 hrs estamos más que tranquilos. Tardamos más de 10 minutos en darnos cuenta de que la aplicación Didi no nos va a servir. Fani lo intenta varias veces y acabamos consultándole al recepcionista (el señor Li). Nos contesta que la aplicación Didi no funciona en esta región. Vale. Ahora ya entendemos que no pudiéramos  conseguir uno anoche y menos ahora. Le decimos que necesitamos un taxi que nos lleve a la estación de tren de Huaihua. Nos dice que lo pide tras verificar que la estación de tren de nuestros billetes es la correcta y de comentarnos que la carrera cuesta 260 yuanes. Hasta aquí todo bien. Después de que pase la friolera de VEINTE MINUTOS (ya son las 08:40 minutos) nos pide ver otra vez los billetes. Esta vez mira la hora y nos dice que deberíamos  plantearnos cambiar la hora porque ve difícil que lleguemos. Nosotros le contestamos que no. Que no pensamos cambiar la hora y que reclame el taxi. Después de otros DIEZ MINUTOS nos dice que quizá nos planteemos un taxi de 7 plazas; que no encuentra ninguno de 5 plazas y que esto pasa por pedir uno tan “suddenly”. Si hace más de media hora que le avisamos... Nos dice que 7 plazas pasa a 300 yuanes. Le dedimos que ningún problema, que pagamos la diferencia pero que nos consiga el taxi YA! Y encima sin desayunar!

Nosotros ya empezamos a estar de los nervios. Jordi no para quieto y Fani empieza a mirar opciones de cambiar el horario del tren. La verdad es que con China Train no tenemos problemas y nos contestan enseguida que es posible. Lo que pasa es que no nos apetece, aunque tenemos la opción allí por si acaso. Finalmente pasa otra MEDIA HORA hasta que finalmente llega un taxi de 5 plazas con un minúsculo maletero pero nosotros ya le hemos pagado a LI los 300 yuanes del de 7 plazas pero quien se pone a protestar ahora y bla bla bla. Por favor arranca ya! Ay no... que el maletero no está bien cerrado. Menos mal que Fani sabe de Tetris y les enseña al chófer y al rececionista como hay que colocar las maletas. Finalmente arrancamos a las 09:30 hrs. El GPS del conductor da un tempo de una hora y 10 minutos. Eso significa que sobrarían unos 10 para encontrar la plataforma y hacer el check in. Fani contacta con China Train para hacer el cambio. Espera! Que ahora el GPS marca 50 mins y vamos por autopista a toda pastilla. Empezamos a hacer cálculos con los peques (véis como las matemáticas sirven de algo?) y vemos que ahora sobrarían entre 15 y 18 minutos si no hay retención a la entrada a la ciudad de Huaihua. Todo va bien. No cambiamos billetes.

El problema a la entrada no es la supuesta retención, sino el peaje de salida de la autopista y que resulta que nuestro taxista es el primero y probablemente el único que no disponga del dichoso teletack de las narices. Además es como la cola del supermercado y justo nos toca la cola que no avanza. Pasan 10 LARGOS MINUTOS hasta que nuestro conductor se pega una colada de aúpa y logramos salir de la autopista. La estación de tren está allí mismo. Son las 10:32 minutos y nos quedan 15 para subir al tren. Empezamos a correr con las maletas como pollos sin cabeza. Primero el control de seguridad. Hoy nos toca al azar control de líquidos: a Fani le hacen beber de su botellín de agua no vaya a ser que lleve veneno o material detonante o vete tu a saber. Después toca control de pasaportes. Esta vez el agente es de esos que se la suda que lleves prisa y apunta las letras y los números de los 4 pasaportes con la mayor parsimonia del mundo. Socorro! A correr! Que se me va el tren!

Seguimos corriendo y buscamos la plataforma en los paneles. Vaya! Si están en chino... Corremos al primer mostrador que vemos y nos dicen que vamos bien pero que hay que coger el de al lado. Jordi se pasa de frenada. Menos mal que Laura es observadora y le para los pies.

Seguimos corriendo como locos y llegamos a la plataforma a las 10:44 minutos. Nos han sobrado TRES! Subimos y nos dejamos caer sobre los asientos exhaustos. Prueba superada! Y en ayunas!

El recorrido hasta Zhang Jia Jie dura hora y media. Llegamos a las 12:15 hrs y decidimos pillar el taxi en la estación y comer una vez dejemos las maletas en el hotel. Nos hospedamos en la Easy House, un hotel en la zona de Wu Lingyuan que regenta Rebeca, una china que domina el inglés. El taxista dice que nos lleva por 100 yuanes (de la ciudad de Zhang Jia Jie a la de Wu Lingyuan hay más de 30 kms y tramo interurbano). Llegamos a las 13:00 hrs pero resulta que el taxista no se entera con la dirección que le damos (está escrita en chino) y empieza a dar vueltas como una peonza. Como no encuentra el hotel, se empieza a poner nervioso. Acabamos llamando a Rebeca y ésta le da las directrices por teléfono. Nuestro chófer para en una gasolinera y se baja del vehículo para ir al WC (está nervioso) y seguir conversando (discutiendo) con Rebeca.

Rebeca es un encanto pero nosotros no estamos de humor, especialmente Jordi. Y menos cuando le dice que la habitación que tenemos asignada está en la quinta planta y no hay ascensor. No la  tiene lista pero le decimos que no pasa nada y que con que nos guarde las maletas mientras vamos a comer algo ya nos va bien. No parece que pille la indirecta de que tenemos hambre y nos despliega un supermapa del parque de Zhang Jia Jie y se pone a darnos explicaciones de como visitarlo. Jordi la corta en seco y le dice que lo que queremos es comer y que ya iremos por la tarde al parque a comprar el billete para cuatro días. Ella nos dice que junto a la billeteria hay varios restaurantes y que nos lleva. Pues vale. Tardamos 5 minutos y nos plantamos en la entrada del parque, donde hay KFC y Starbucks. Entramos en ambos locales por ese orden. Son casi las 15:00 hrs y ya no sabemos si tenemos hambre, sueño, estrés o que. Probablemente un poco de todo. Al final los yogures, el café y el aire congelado del Starbucks obran el milagro.

Nos ponemos a repasar el dosier de 6 páginas que nos ha dado Rebeca con instrucciones sobre los servicios del hotel (sirven cenas por encargo) y las excursiones. Lástima que no lo envíe antes, cuando haces la reserva, porque hay mucho que leer. Lo miramos con atención y vemos que las opciones de visita guiada del parque que ofrecen son bastante convenientes. Nos comunicamos con ella por We Chat y le pedimos un par para los dos días siguientes: venimos estudiados y las opciones 1 y 2 que ofertan son las que queríamos (tendremos guía privado por 400 yuanes la excursión). También le encargamos la cena por We Chat. Nos garantiza que no picará y que estemos tranquilos. Se nota que está acostumbrada al turista extranjero y la verdad es que Rebeca empieza a demostrar que es eficaz y diligente y que es una suerte estar hospedados con ella.

Pasamos por la billeteria del parque y compramos el billete que te da acceso al parque hasta 4 días. Sale por unos 230 yuanes por persona. Nos encontramos con las sorpresa de que los ninos sólo pagan 3 yuanes cada uno.

“Normal” - contesta David - “Ningún niño querría estar aquí. Nos tendríais que pagar por acompañaros”

Entramos en el parque y hacemos un recorrido en autobús hasta una de las paradas del parque. La señalización inicial es escasa y el chófer del autobus no entiende adonde queremos ir. Nos alegramos de disponer de guía para los próximos 2 días. No hubiera resultado sencillo ir por aquí por libre.

Volvermos al hotel a descansar. Nos encontramos con la sorpresa de que las maletas ya están en la habitación de la quinta planta y  de que es ENORME con 2 habitaciones grandes y con espaciosas camas para todos. El aire acondionado funciona de perlas y tenemos servicio de laundry gratuito. A las 19:30 hrs, Rebeca nos avisa de que la cena está lista. Al bajar vemos que tenemos una mesa preparada cerca de la recepción y que la comida está de rechupete. Hemos pedido noodles, arroz, dumplings y verduras (judías, acelgas y calabazín). También fruta (sandía y melón). Lo prepara todo Rebeca en su propia cocina y sus 2 hijos corren por allí. Al poco llega su marido de trabajar. Es un negocio familiar que Rebeca lleva casi sola. Tiene más turistas alojados y son todos extranjeros. Hay un par de catalanas con las que nos saludamos y compartimos experiencias del viaje.

Estamos tan a gusto aquí que decidimos alargar la estancia 2 noches más ( cancelamoss por booking las 2 que estaban previstas en la ciudad de Zhang Jia Jie, cerac de la Montaña de Tianmen) y confirmarle a Rebeca que cenaremos con ella todos los días, Genial para aprovechar más las excursiones y estar más tranquilos.

Y Li preguntando por We Chat si llegamos bien al tren...un detalle.


Día 09 de Julio del 2024

El desayuno está muy bien: café calentito, leche para los cuatro, tostadas con mermelada, noodles y arroz frito para los del salado y fruta. Más que bien.

Nos pasa a buscar Wiga. Un chico de 18 años que acaba de terminar el cole y que espera entrar en la universidad para hacer la carrera de derecho. Se defiende con el inglés y tiene previsto compaginar el trabajo de guía turístico con clases de refuerzo de matemáticas durante el verano para ganarse unos dinerillos. Es un crío bastante simpático. Rebeca nos acerca a la entrada del parque a los 5 en su coche (un todoterreno). Con los desayunos la ayuda una señora mayor (su madre). A medida que van acabando de desayunar los turistas que regentan su hotel, Rebeca los lleva en su coche o bien  a la estación de autobuses más próxima o bien a la entrada del parque. Es una mujer total, de eso no cabe duda. No nos extraña que tengo el hotel lleno.

Como ya tenemos los billetes del parque de Zhang Jia Jie, no tardamos en entrar. El recorrido que hacemos es uno de los más famosos y estamos expectantes. El funcionamiento del parque es similar al de Juizhaigou: autobuses internos para desplazarte entre los diferentes puntos de interés, algún que otro funicular o elevador, largas pasarelas acondicionadas para evitar pisar senderos naturales y multitud de servicios a tu alcance (lavabos, tiendas y chiringuitos por doquier). Hay gente por todas partes y el recorrido de hoy, al ser quizá el más famoso, nos obsequia con un gentío de aúpa desde el principio hasta el final.

Tomamos un par de autobuses hasta llegar a la zona del famoso elevador de Baylong, en el área escénica de Yuanjiajie. Se trata del ascensor externo más alto del mundo, con 326 metros de altura. Lo más impresionante es la forma en que el ascensor se “agarra” al acantilado. Esperábamos una larga cola; en efecto la hay, pero avanza bastante deprisa y no tardamos en subirnos. Hay que pagar un ticket de 68 yuanes por personas y aquí sí que nos cobran a los niños. Para entrar comprueban pasaportes (una constante del parque). No tenemos mucha suerte al entrar y nos toca de los últimos, cerca de la pared con nulas vistas (las paredes de cristal están en su parte delantera). De todos modos, sube en un periquete y no da tiempo a mucho.

Una vez arriba tienes acceso a un recorrido marcado con senderos y salpicado con diversos miradores para poder contemplar una de las principales atracciones del parque: sus montañas. Estas montañas se han hecho famosas por inspirar la película Avatar de James Cameron y son una auténtica pasada. Hay muchas y de todas las formas inimaginables. Es paisaje es sobrecogedor. Hay mucha gente en los miradores y cuesta tomar buenas fotos. Pero con paciencia se puede conseguir. En algunos miradores están puestos estratégicamente puntos de fotografiado con venta posterior (como en Port Aventura): son bastante agobiantes ya que su logística ocupa mucho espacio y los empleados son muy ruidosos con sus altavoces. Graban hasta videos con drones. Todo un espectáculo. El recorrido nos lleva más de una hora y atravesamos un puente. Estamos a más de 1000 metros de altitud, hace calor y es bastante agobiante, pero merece mucho la pena.







Vemos nuestro primer macaco comiendo; suelen dejarse ver cerca de las zonas de descanso, esperando que los turistas chinos les den de comer (cosa que está prohibida pero comprobamos que es práctica habitual).

Uno de los grandes atractivos del recorrido es pasar sobre un puente natural formado entre 2 formaciones rocosas. Es muy ancho y no hay sensación de peligro en ningún momento. Accedemos a una montaña sagrada, repleta de cintas rojas y candados (que te venden para que puedas pedir deseos de amor, salud y suerte ). También pasamos por un lago donde puedes alquilar un pez rojo para devolverlo al mismo, al tiempo de expresas un deseo (también de paganini). Esta todo lleno de árboles frondosos y aquí hay menos gente (quizá porque queda más repartida).

Después pillamos un par de largos autobuses (el recorrido nos lleva cerca de una hora) hasta llegar a la montaña de Tianzi. Seguimos estando por encima de los 1000 metros de altura. Lo primero que hacemos es hacer una parada para comer. Aquí hay una zona llena de restaurantes rollo picoteo - buffet donde vas comprando al tiempo que pasas y/o te sientas en una zona de mesas compartidas que hay justo enfrente. Nos hacemos con raciones de dumplings, pasta con verduras y fruta. También conseguimos bebidas frescas. Como Laura se ha enterado de que hay un McDonalds cerca no lo perdona y hace que la acompañen Fani y nuestro Wiga. Está bastante lejos y encima su los nuggets que pide pican un poco; Laura no se atreve a quejarse y hace el mejor papel posible. Eso sí, no perdona ni una sola patata frita.

La visita a la montaña de Tianzu incluye zonas pavimentadas con estatuas de gente importante (Wiga se para a saludar alguna como muestra de respeto y del lavado de cerebro chino) y miradores que quitan el hipo y que nos siguen regalando unas vistas del valle y de las montañas del parque espectaculares. Aquí llama la atención (pasa en muchos países) que también tienen la manía de buscarles formas imposjbles a las rocas y de darles nombre. Destaca una que pretende encarnar la forma de una mujer que lleva un cesto con flores. En la montaña Tianzi hay un bosque espectacular por el que pasa el sendero y también se puede visitar y subir a un templo con unas vistas del valle muy chulas.


Para bajar de la montaña hay que coger un funicular. Nos cobran 72 yuanes (los niños también pagan). En éste caben 8 personas y es bastante largo. Lo disfrutamos mogollón. Pasamos junto a algunas de las montañas del parque y es realmente impresionante. Una vez abajo vemos que son más de las 16:00 hrs y decidimos dar la excursión por finalizada. Pillamos el autobús de vuelta a la entrada del parque. Ya se empiezan a formar largas colas porque los visitantes ya tienen la misma idea que nosotros. A pesar de las colas organizadas, cuando llega el momento de subirse al autobús descubrimos que la gente que está al principio de la fila sale corriendo rollo película de 300 al acecho de las primeras posiciones, que por supuesto te otorgan el premio de un asiento. Nuestro peques empiezan a desarrollar su adaptación al medio: mientras David me pide la mochila para apuntalar su técnica de body block, Laura hace gala de la agilidad ganada en los entrenos de basket para colarse entre la gente con la velocidad de un rayo.

Ya en la entrada del parque pillamos un taxi con Wiga. Como somos cinco y el conductor (6 en un coche normal) un policía nos llama la atención. Sorprende en un país donde los motoristas no llevan casco y la gente conduce como le da la gana. Wiga se baja y nos dice que estemos tranquilos, que no nos preocupemos por él. El taxista emprende la marcha; tras una decena de metros contesta el teléfono y detiene el vehículo. Es Wiga de nuevo que le ha avisado por teléfono, mientras llega corriendo y se vuelve a subir al taxi, ya lejos de la mirada de la policía. La picaresca china no tiene límites.

Llegamos al hotel casi a las 17:00 hrs. Descansamos, le damos a Rebeca la colada y bajamos a cenar a eso de las 20:00 hrs. Hoy hemos comprado agua y cerveza fresca en un supermercado que hay cerca del hotel y que (qué sorpresa!) regenta la señora mayor que ayuda a Rebeca (su madre) con los desayunos. Hoy hemos pedido un hot pod de pescado: lleva tofu, el pescado descansa enterito en el fondo y el caldo está de rechupete. Los niños añaden el arroz de los boles.

No esta nada mal para nuestro primer día en Zhang Jia Jie.


Día 10 de Julio del 2024

Segundo día explorando el área escénica de Wulingyuan. Vamos otra vez con Wiga, nuestro guía. Esta vez Rebeca nos lleva en su coche hasta una estación de minibuses que hay cerca de la entrada del parque (puerta oeste). Aquí sí que hay que pagar el billete. Es un pequeño recorrido de apenas 15 minutos que nos lleva hasta la puerta sur, por la que entramos. Nos sigue sirviendo el billete que compramos, pues tiene una vigencia de 4 días. Recorremos un pequeño sendero que pasa por un bosque y junto a un río. Dan muchas ganas de entretenerse por ahí; Wiga nos dice que estemos tranquilos, que lo recorreremos por la tarde. Encontramos una escultura en forma de corazón y Laura nos hace una divertida foto. Difícil resistirse.

Tomamos un autobús (trayecto corto) y nos subimos a un teleférico con destino al “Huangshi Zhai” o pueblo de piedra amarilla. Hay que pagar billete: son 68 yuanes por persona. El trayecto en teleférico es espectacular: ascendemos lentamente junto a las montañas del parque, muy similares a las del día anterior y tan características. Arriba nos espera un impresionante recorrido circular por un área escénica  que no tiene nada que envidiar al del día anterior y que está mucho menos concurrido. Hay trozos del sendero que pasan por un impresionante bosque y otros que discurren por borde de la misma montaña, regalándonos unas vistas increíbles. Pasamos por varios miradores, destacando el Pico de la Aguja, la Puerta del Sur del Cielo y el Pico de los Cinco Dedos. Hay poca gente, pero se hace notaren más de un mirador: en efecto, se ponen a gritar de todas las maneras posibles para comprobar como resuena el eco. Y sí. Resuena mogollón. No veas que potencia de grito que tienen los niños chinos. Lo más espectacular son las impresionantes vistas de las montañas. Parece que estemos en la peli de Avatar y que en cualquier momento vaya a surcar el cielo algún dragón alado.







Hay muchos monos en esta zona y se acercan mucho a los turistas porque éstos no dejan de darles de comer. Algunos se muestran algo agresivos y la verdad es que pillamos algo de miedo (sobretodo Jordi). Están por todas partes. Cuando acabamos el recorrido circular, Wiga nos propone parar a comer pero nosotros le decimos que mejor en otro lugar y es que cerca, de los merenderos, es donde hay mayor concentración de monos.

Bajamos con el teleférico; hay que volver a pagar el billete (otros 68 yuanes por persona). Una vez abajo encontramos un puesto de comida en la propia estación con un par de mesas. Ocupamos una y pedimos unos noodles, dumplings y un par de deliciosas empanadillas de carne que están de rechupete. También tienen sandía. Wiga también aprovecha para comer y no veas como engulle!

Una vez abajo, nos volvemos a plantar en la zona boscosa que hay cerca de la entrada sur del parque y empezamos el segundo recorrido del día, el Gold Whip Stream. Wiga nos informa de que son casi 8 kilómetros pero que es un recorrido plano que pasa en paralelo al río y por el bosque.  





Es el paseo más tranquilo de todo el parque y no hay mucha gente. La verdad es que los recorridos de hoy nos están gustando más que los de ayer, especialmente porque hay mucha menos gente. Atravesamos riachuelos, puentecitos y cascadas, envueltos en un manto verde. Las formaciones rocosas que parten desde el suelo y se elevan hasta el cielo nos dan la sensación de estar caminando entre gigantes. Se pone a llover en un par de ocasiones pero no lo suficiente como para tener que plantearnos renunciar a la excursión. Hace calor aunque es llevadero. Cometemos el error de parar en un merendero y pedir un par de snacks de patatas fritas; cunado nos las dan calentitas nos piden la friolera de 28 yuanes POR CADA UNA. Vaya atraco! Y encima están malísimas! Wiga flipa con el robo!

Al final del recorrido sale el sol y está todo precioso. Nos encontramos con formaciones rocosas espectaculares. Aquí también les dan diferentes nombres, como un pico con forma de águila o una pareja de enamorados. Vemos mucha gente en el río intentando pescar peces; están todos muy emocionados con la atracción. La verdad es que a nosotros nos llama poco la atención buscar peces saltarines. Al final del trayecto hay más gente. El recorrido enlaza con la parada del autobús del elevador de Bailong y está muy animado. Pero de donde ha salido de repente tanta gente! Y ya sabemos que donde hay gente, hay comida. Y donde hay comida... HAY MONOS! UN MONTONZAO! Pasamos con cuidado de camino a la parada del autobús, evitando el gentío.

En la parada del autobús hay un poco de cola pero avanza bastante deprisa. El problema es que, cuando vamos por el final, se pone a llover bastante y la gente empieza a ponerse nerviosa. Empiezan a aparecer diversas “abuelas colonas” que van tomando posiciones. Hemos quedado de los primeros para el autobús que está por venir. Primeros? De eso nada: en un abrir y cerrar de ojos nos vemos envueltos de chinos de diversas edades y condiciones físicas, expectantes. Esto parece la salida de una carrera de 100 metros. Hay que llegar al autobús de los primeros para pillar asiento. David me pide la mochila para ganar volumen y va tomando posición. Laura se prepara. La expectación aumenta. Fani también está concentrada. El autobús se acerca. Deja de llover. El empleado del parque está esperando para dar la salida... perdón autorizar que pasemos. Y... Un, dos, tres... AL ATAQUEEEEEEEE!!!!!!! POR LEÓNIDAS!!!!!! ESTO ES ESPARTA!!!!!!! Todo pasa muy deprisa... En cuestión de segundos. Es difícil de explicar. Si lo hubiéramos grabado, tendríamos que pasarlo a cámara lenta para no perder detalles. La cosa se reume en que la señora que ha intentado empujar a David ha salido rebotada al tiempo que se estampaba contra el marco de la puerta del autobús (con los niños no se juega), Laura se ha escurrido entre 2 chinas y Fani coge el bolsa de una señora que intentaba “reservar” sitio y se lo pone encima de falda mientras se sienta en la silla. Los tres acaban sentados, y Jordi de pie justo enfrente (ya le está bien así). Ha sido bastante penoso, la verdad. Pero esto es lo que hay aquí. Nos esperan veinte minutos de recorrido hasta la entrada del parque y, después de caminar casi 17 kilómetros (véase 24000 pasos), ir sentados es un lujo que los peques se han ganado a pulso.

Ya en la entrada del parque nos despedimos de Wiga (son las 17:00 hrs) y nos vamos a merendar al Starbucks: yogures para los peques, capuccino para Fani y café helado con nata montada para Jordi. Y todo con un aire acondicionado de cine. Qué bien nos sienta!

Después taxi hasta el hotel, descanso y baños. Aprovechamos para doblar la colada que nos ha hecho Rebeca (no nos la cobra). La cena con ella vuelve a ser un lujazo: hoy hemos pedido el hot pod de cerdo y está muy bueno. Rebeca y su familia aprovechan para cenar también en el porche, al aire libre. Hoy también hay más niños (primos?).

Y así termina otro día en Zhag Jia Jie. Intenso, disputado y disfrutado. Que pase el siguiente!

7 de julio de 2024

FENGHUANG: LA CIUDAD MÁS BONITA DE CHINA

Días 06 y 07 de Julio del 2024

Toca mañana de traslado. A las 06:00 hrs ya estamos en la recepción del hotel con las maletas, pidiendo un taxi. Ya en la estación cogemos el desayuno para llevar en un Starbucks y a las 07:45 ya estamos iniciando la ruta en tren. La distancia es larga pero, afortunadamente para nosotros, ahora podemos hacer en 6 horas lo que antes se hacía en 12 hrs y de noche. Aprovechamos para desayunar, revisar cuestiones logísticas del viaje, escribir blog y arreglar fotos; se nos pasa volando (los peques con el filón de las pantallas idem).

Nos plantamos en la estación de tren de la ciudad de Huaihua a las 13:30 hrs. Paramos a comer en un pequeño local de la misma estación donde pedimos lo habitual ( sin riesgos ): sopa de fideos y dumplings. No es nada del otro mundo pero nos sirve para salir del paso y además sólo nos cuesta sólo 78 yuanes ( unos 20e ). Cuando estamos acabando de comer aparecen un par de chinos que rodean nuestra mesa y nos preguntan si necesitamos transporte para Fenghuang ( si es que se nos ve a leguas ). Como es el caso, entablamos negociación. Pablo (el guía de Chendgú) ya nos previno que pasaría y que una carrera a Fenghuang (son cerca de 90 kms) debería salir por 200 yuanes, máximo 250. Nos piden 320. Tras un tira y afloja, lo acabamos dejando en 240. Como nos llevan un par de tipos forzudos hasta una zona aparcada del parking, y además, nos han sacado directamente del restaurante, empezamos a bromear sobre la posibilidad de que lo que quieran realmente es secuestrarnos para traficar con nuestros órganos. Tanto David como Laura hacen diversas conjeturas al respecto y pasamos un rato divertido en el coche. No tardamos en quedarnos dormidos los 4 profundamente. Será que nos habían puesto alguna droga en la comida? Habrá que revisar si nos han quitado algún riñón...

La Ciudad Antigua de Fenghuang está cerrada al tráfico rodado. Hay numerosos estacionamientos a la entrada. Nuestro conductor (muy amable, por cierto) nos acerca lo más que puede y acabamos a pie (apenas 5 minutos con las maletas). La habitación del hotel (Hemu House) es pequeña y hay que subir 2 pisos sin ascensor. Lo bueno es que el aire acondicionado va de perlas y que está situado a 5 minutos caminando de la zona céntrica de la Ancient City. Todo un lujo. Hay muchos más alojamientos cerca del río, pero son más ruidosos. Nos atiende Li, traductor en mano. Nos facilita un mapa y nos convence para comprar unas entradas para ir al Teatro. Las pillamos para la segunda noche (600 yuanes los 4, a las 20:00 hrs). Nos parece que puede ser una experiencia interesante.

La Ancient City de Fenghuang está considerada como el pueblo más bonito de China. Y la verdad es que no podemos estar más de acuerdo. Se trata de un idílico pueblo de cuento oriental rodeado de montañas. Por Él pasa el río Tuojiang, salpicado de puentes de piedra (a cual más bonito). Lo cruzan numerosas barcas de madera y en la orilla hay zonas de casas colgantes sostenidas con pilones de madera. Añadir farolillos rojos, tejados de pizarra negra, calles empedradas y lugareños transportando la fruta con un palo a la espalda y dos cestas. Lo dicho, de cuento. Y este lugar no es otro que Fenghuang, la Ciudad del Fénix. Un tesoro escondido en China.



Tras descansar en el hotel nos ponemos en marcha. Ya son pasadas las 18:00 hrs y las calles ya están bastante animadas (es sábado por la tarde). Para no perder la costumbre está lleno de turistas chinos. Muchos, especialmente las mujeres, alquilan trajes tradicionales y fotógrafo profesional y empiezan con sesiones de fotos en los puntos más emblemáticos del pueblo. Podemos asegurar que no hay punto que esté libre de estudio fotográfico improvisado. El pueblo es una pasada. A esa hora la luz está preciosa y nos sumergimos en el ambiente. Es como viajar a otro mundo.  




A medida que la tarde va avanzando, el gentío va en aumento. Podemos ver como poco a poco el pueblo se va transformando, especialmente cuando oscurece y se encienden las luces. Es como el Dr. Jekyll y Mr. Hide: decenas de botes en el agua repletos de turistas, bares nocturnos con cantantes en directo, puestecitos de comida con largas colas, luces de neón, farolillos, etc... Y gente por todas partes.

Buscamos sin éxito un restaurante para cenar. Habíamos leído sobre uno que servía pizzas pero, para disgusto de Laura, no damos con él. Finalmente acabamos consiguiendo una mesa en un bar con terraza y vistas al puente principal; tienen una parrilla y nos pedimos con toda la ilusión del mundo unos pinchos de carne y de pescado. Pero nos despistamos y nos olvidamos de pedirlos sin picante. Menos mal que sirven también unos socorridos caldos de pasta y unas tortitas de huevo, harina y camarones. Jordi lo intenta y acaba con la los labios hinchados. Compramos sandía al salir en un puestecito callejero.

Tras más de 3 horas de “paseo” acabamos optando por dejar los niños en la habitación del hotel y seguir nosotros un rato más; son las ventajas de la excelente ubicación del hotel. Cada vez está todo más animado; en ciertas zonas hay que avanzar con calma, por el gentío que hay. Esta vez recorremos una ribera que tiene una pagoda iluminada y llegamos hasta un bonito puente.

Nos llega una mezcolanza de música de los diferentes bares; como si estuvieran sintonizadas varias emisoras de música a la vez. Las tiendas son todas las mismas y están todas abiertas: alquiler de trajes con servicio de maquillaje, casas de masajes, puestos de comida, restaurantes y hoteles con habitaciones sobre el mismo río. Y vuelta a empezar: trajes, masajes, comida, hoteles, ... Y vuelta a empezar hasta el infinito. Y todo iluminado a lo bestia. Parece Las Vegas! ( aunque todavía no hemos estado en las Vegas ).

Cuando volvemos a la habitación los peques nos abren con la contraseña. Esta vez toca “conozco mis derechos” (ver Matrix) pero la vamos cambiando de tanto en tanto. Ya hemos usado “pez espada” y “pastilla azul”.

Al día siguiente, como no tenemos que madrugar, aprovechamos para dormir más. Fenghuang ofrece la cara más tradicional y hermosa. Calles medio desiertas, silencio, tranquilidad, paz,... Un regalo. Salimos a hacer un caminata matutina con los peques. Desayunamos por el camino; en el puente principal hay un puestecito de fruta donde te preparas un bol de iogurt o helado a tu gusto y le añades el topping que quieras ( fruta, nueces, bolitas que parecen gelatina, gominolas, chocolate, lacasitos..) Más tarde damos con una cafetería junto al río. El paseo nos lleva, por un recorrido de más de 3 horas, a explorar el lado oeste del pueblo, desde el puente principal y pasando por todos los puentes que hay. Hay algún que otro grupo de turistas, pero nada que ver con la noche. Podemos hacernos todas las fotos que queremos sin problemas. Nos llama la atención una tienda de artesanía y compramos figuras talladas  de madera. El artesano está haciendo un caballo en ese momento.









El puente de piedras ( rollo zamburguesas ) está cerrado y no podemos cruzarlo. El resto sí. Pasamos por una parte del pueblo con una zona amurallada y más adelante con molinos de agua. Hace bastante calor y los niños ya empiezan a protestar. Aun así aguantan hasta el final. Tenemos la suerte de dar con un restaurante en el mismo río que sirve espaguettis boloñesa ( pican un poco; no hay manera a pesar de las advertencias ) y platos combinados de carne y pescado rebozados con patatas fritas. Las vistas son impresionantes. A las 14:00 hrs estamos de vuelta al hotel y aprovechamos para descansar.

A las 15:00 hrs salimos para hacer un segundo tour por el pueblo. Esta vez sin los niños, para dejarlos descansar.  Nos vamos a pasear por el lado opuesto, intentando seguir el curso del río. Hay muy poca gente. Hay algún puente que tiene zonas casi a ras de río; queda muy coqueto pero no deja de ser peligroso. En esta zona el río se ensancha y hay bastante corriente. Fani se atreve a pasar una zona con precaución; nos sorprende que no esté cortado. Al poco oímos lejos los gritos de una madre desde la ribera opuesta en donde nos encontramos: su hijo pequeño ha caído al agua mientas cruzaba con su padre. Éste  no tarda en zambullirse; vemos con terror como ambos intentan en vano regresar al extremo del puente. La madre se pone a correr como una loca desde la calle (ella va vestida con un traje tradicional y estaba alejada del puente) y empieza a gritar auxilio. Se tropieza con el vestido y se cae de morros. Mientras tanto el marido está en el agua intentando agarrar a su hijo pero éste ya se le escurre por momentos. En menos de un minuto, aparecen 2 hombres que se tiran al agua mientras un tercero va a buscar un salvavidas. No tardan en controlar la situación. Menos mal. Qué susto. El niño sale ileso mientras que el padre sale todo mareado y exhausto. Una multitud los rodea.

Con el susto en el cuerpo seguimos con el “paseo”. Cruzamos al otro lado y regresamos por la ribera opuesta. Empiezan a aparecer ya muchas chinas maquilladas y con los trajes tradicionales, listas para sus sesiones de fotos. Cada vez hay más gente en la calle. Da la impresión de que a pesar de ser domingo, esto se va a llenar y que todos los días Fenghuang sufre la misma transformación. Llevamos más de 2 horas y optamos por volver al hotel para recoger a los niños y salir a merendar algo.  

A las 19:00 hrs nos espera un taxi en la recepción del hotel para llevarnos al teatro. Tardamos media hora en llegar; está fuera de la “Ancient City”. Descubrimos que Fenghuang es una ciudad más grande de lo que parece y que la zona antigua es una minúscula parte, que ha logrado sobrevivir al paso del tiempo. El teatro está bastante ,lejos y si lo llegamos a saber no hubiéramos ido. Nosotros nos pensábamos que estaría en el mismo pueblo. La función dura poco más de una hora. Lo mejor es la escenografía: al aire libre, con diferentes niveles que le dan profundidad, agua, luces y decenas de bailarines. Es de noche y mola mucho. Eso sí, hablan  en chino. Lo peor es que la música y las voces son playback y que sólo hay un número de acrobacia. El resto son coreografías y baile. Hay un perro que ladra y es de verdad. El público chino se comporta de forma muy curiosa: nada de aplausos, cada dos por tres grabando con el móvil y gente marchándose antes de que acabe la función. Somos los últimos en salir. No encontramos ningún taxi a la salida, por lo que empezamos a bajar caminando. Fani intenta sin éxito pedir un Didi; la aplicación no funciona bien. Unos motoristas intentan convencernos para llevarnos por separado. El ataque de risa nerviosa de Fani los asusta a todos.

 


Al final damos con un taxi por pura casualidad; deja un cliente delante de nuestros morros y lo pillamos en el acto. Logramos volver a la Ancient City pasadas las 22:30 hrs; estamos cansados y hay tanta peña por todas partes que decidimos ir a la habitación sin cenar. Ya tuvimos bastante Mr. Hyde anoche y toca desconectar de tantas luces y tanto ruido.

Y colorín colorado, el cuento de Fenghuang se acabó.

TIPS:

- Con una noche y un día o medio día es suficiente para ver el pueblo en sus dos versiones.

- La comida pica casi siempre.

- No tienen Didi.

- A pesar de las luces de neón, no lo quites de tu ruta. Es realmente precioso.

- No te alojes en pleno río si quieres dormir por la noche. Hay hoteles cerca del centro más tranquilos.

5 de julio de 2024

CHENGDÚ: PANDA WORLD

Días 04 y 05 de Julio del 2024

El 04 de Julio es otro de esos días en que toca traslado largo. Con Jerry quedamos a las 07:30 hrs am tras desayunar en el buffet del hotel. Nos esperan 3 hrs de coche desde Juizhaigou hasta la estación de tren. La carretera está en excelente estado pero no se puede correr mucho (sólo un carril por sentido y hay camiones y tramos en obras).

Lo que viene después ya nos lo sabemos del viaje de ida: hora y poco de tren hasta Chengdú y traslado al hotel en taxi atravesando los 5 anillos de la ciudad hasta llegar al centro. Quizá destacar el “incidente del ascensor” en la estación de tren de Juizhaigou: como vamos muy cargados y no hay escaleras mecánicas de subida, decidimos usar el ascensor. Como hacen el check in tarde (de hecho es inexistente para no retrasar la salida del tren) todos accedemos al andén sin mucho tiempo. No es que haya mucha cola para subir en ascensor pero ya sabemos como las gastan los chinos: nada de filas organizadas: todos en tropel y a usar el body block para ganarse la posición, con los consabidos intentos de colarse por los laterales. Realmente es agotador. Hay un policia que, en lugar de hacer su trabajo, no tiene otra idea que quedarse mirando el “espectáculo” hasta que decide regañar a Fani por bloquear el intento de colarse de una señora por su lateral con un hábil maletazo. Fani no se deja amedrentar y se mantiene firme. Logramos entrar los 4. Nos estamos adaptando al medio aunque es todo bastante lamentable.

Tenemos una estancia de 2 noches en el mismo hotel que hace 3 días. Esta vez no tienen la habitación preparada, por lo que dejamos las maletas en recepción y nos vamos a comer a la zona de ocio de siempre. Como es tarde, está casi todo cerrado. Los niños nos insisten en comer en un Kentucky: esta vez nos sale cruz porque el pollo rebozado viene especiado y pica mogollón. Lástima. Esta vez cae café y tarta en el Starbucks. Compensación?

Hacemos cuentas del dinero que nos queda y decidimos ir al banco más cercano a cambiar nuestros euros por yuanes. Optamos por dejar a los peques en el hotel y evitarles la gestión. Contraseña: cambiamos “pez espada” por “pastilla azul”. Les ponemos deberes de colada y les dejamos merienda (hemos pasado por el supermercado). De camino con el taxi, hemos visto varias sucursales bancarias en el camino principal. En la primera nos dan calabazas, pero nos remiten al banco de Chengdú a escasos metros. En la sucursal del banco de Chengdú nos dicen que no nos  pueden hacer el cambio, pero tienen otra cerca más grande donde sí pueden. Confirman por teléfono y una de las empleadas nos acompaña. Son casi tres travesías y hay que cruzar una amplia avenida, muy transitada. Es toda una aventura. La empleada,  muy simpática y uniformada, nos hace de forma tímida alguna pregunta sobre nuestro viaje en inglés.

La sucursal es más grande y hay más gente trabajando que clientes. Los más jóvenes atienden fuera y en las cajas. Dentro hay empleados de mayor edad. Hay un chico que habla inglés y que releva a nuestra simpática acompañante que se despide de nosotros. Cogemos tanda para esperar que nos atiendan en mostrador. Ya llevamos una hora de gestión. Al poco, nos invitan a acercarnos a un mostrador donde entre el chico que habla inglés y una empleada que hay tras el mostrador inician la árdua de tarea de rellenar formularios con los datos del pasaporte de Fani. La operación es larga y tediosa. Nos recuerda a la toma del perezoso de la peli de Zootropolis. Avisamos a David por telefóno de que la cosa va para largo y de que no se olvide de hacer la colada. Volvemos caminando al hotel: hemos tardado hora y media y son casi las 18:00 hrs.

Esta vez la habitación que nos dan tiene terraza exterior con una bañera. La llenamos y salimos con los bañadores: las vistas no son gran cosa y no hay privacidad, pero es lo más cerca que vamos a estar de una piscina en mucho tiempo. Nos metemos los 4 en remojo y pasamos un rato divertido.

Acabamos el día cenando en nuestro restaurante japonés habitual de la zona. Ya nos empiezan a conocer. Nos obsequian con un plato de sandía y esta vez nos da la impresión de que las raciones son algo más generosas. Los niños ya son unos expertos cocineros y es bastante entretenido ir comiendo al tiempo que cocinas.

Intentamos no ir a dormir tarde aunaue al final se nos hacen las 23:00 hrs. Al día siguiente tenemos Tour privado por Chengdú con Civitatis. Hemos quedado con Pablo a las 07:00 am. Es un chino de 30 años muy simpático y que habla un muy buen español. Enseguida congeniamos con él. Salimos sin desayunar y tardamos 30 minutos en llegar a nuestra primera y gran parada del día: la Reserva de osos panda. Pablo nos comenta que hemos tenido mucha suerte: ayer el Panda más famoso del parque cumplía años y vino un montón de gente a verlo. Se ve que el parque se colapsó y hubo gente que empezó a hacer cola la noche anterior. Resulta que la osa Panda en cuestión es influencer y la gente se volvió loca. Vaya tela!

Por el camino, Pablo nos explica muchas cosas sobre la vida de los Pandas. Los niños escuchan con mucha atención. Los vemos con las expectativas muy altas. Hay 2500 osos panda en China, de los cuales sólo el 40% son salvajes. Son considerados un Tesoro Nacional y cazar uno conlleva la pena de muerte. Su alimentación es esencialmente bamboo: comen 17 kg al día y se pasan 10-12 hrs masticándolo; el resto lo emplean durmiendo (en la Reserva han ideado un pastel de bamboo con más nutrientes para complementar su dieta). Su expectativa de vida es de 20 años (los salvajes) y más de 30 (los demás). El embarazo es variable: oscila entre 3 y 11 meses y suelen dar a luz a prematuros de 100 gramos de media. El primer año crecen muy rápido, hasta 50 kg. Si salen gemelos (50%) sólo uno será cuidado por la madre, con el que se vuelca los siguientes 4 años (no tendrá ninguna pareja durante todo este tiempo). Los salvajes sólo dan a luz entre los 4 y los 16 años (máximo 4 descendientes por hembra panda). También nos habla del Oso Gato o Panda Rojo: en el mundo quedan menos de 10000 y la mayoría están concentrados en la Sierra del Himalaya, aunque también tienen en la Reserva.



Es muy reomendable llegar bien prontito al parque: no sólo para evitar largas colas, sino para ver a los osos despiertos y desayunando. En la Reserva los tiene en zonas delimitadas con parte interior (climatizada) y otra exterior. Cuando empieza a apretar el calor - temperatura por encima de 26º - los cuidadores los acompañan a la zona interior y la mayoría se ponen a dormir. Para verlos activo hay que llegar prontito, que es justo lo que hemos hecho. El parque es enorme y hay que caminar mucho. La distancia entre pabellones es grande y el recinto está muy bien cuidado, con plantaciones de bamboo. Enseguida damos con los osos pandas. Nos encontramos a bastantes comiendo bamboo: sentados y usando las manos para partir el bamboo. Es muy divertido verles comer. Vemos algunos ya durmiendo. También vemos algunos jugueteando entre ellos y otros moviéndose. A pesar del tamaño son bastante ágiles y no les cuesta nada trepar por los árboles con la fuerza de sus brazos. No lo consideramos solo un centro de crianza ( hay muchas críticas en internet sobre la ética del parque ). Además tienen un programa de reinserción del oso panda en la naturaleza. Los que padecen algún síntoma de estrés, están en otra zona del aprque no abierta al público.

La instalación ha cambiado bastante desde que vino Fani: ahora están más alejados del turista y las instalaciones están más protegidas. Nos parece estupendo. Esto es una Reserva y lo primero son los osos. Tras 2 horas de recorrido (se han pasado literalmente volando), hacemos una parada para desayunar en una cafetería de la Reserva. Pedimos café y unas enormes madalenas que sólo Jordi consigue acabarse. Ya tocaba!

El resto de la visita nos lleva a recorrer algún pabellón más con osos pandas (son cerca de las 10:00 hrs y ya muchos duermen), zonas de bosque con bamboo y finalmente llegamos a la zona del Panda Rojo. No se deja ver mucho (la mayoría se esconde tras los árboles) pero finalmente damos con uno que pasa delante de nuestras narices. La visita la terminamos en la tienda de la Reserva comprando de todo. Imposible resistirse! Son más de las 11:00 hrs y hemos pasado más de 4 hrs dentro de la Reserva.

Nuestra siguiente parada nos lleva a uno de los sitios más famosos de Chengdú, a los callejones ancho y estrecho (Wide a Narrow Alley): se trata de una zona con casas de estilo tradicional de cerca de 500 años de historia. Recorrerlas es más que recomendable aunque la reforma que ha sufrido la zona ha conllevado que prácticamente la totalidad de las casas ahora son tiendas y suponen un evidente reclamo turístico. Eso sí, son de productos locales. Destacan tiendas de artesanía y ebanistería, pastelerías, casas de té y tiendas de souvenirs. También hay restauración y tiendas gastronómicas con degustación especializadas en determinados animales (véase pato o conejo). Tiene mucho éxito con Laura y Jordi una juguetería especializada en unos mini - funkos que se ve que están muy de moda en china; nuestros “peques” caen irremediablemente y se hacen con un par. La visita resulta muy entretenida y se pasa volando.




Después nos vamos a visitar el People´s Park o parque del pueblo, para pasar allí el resto de la mañana. Es mediodía y hace mucho calor; aun así está bastante animado. Lo primero que hacemos es ir a comer a un restaurante del parque. Pablo nos lleva a uno con opciones variadas y a la carta. Está todo en chino y abarrotado. Menos mal que estamos con Pablo: nos ayuda a pedir y nos consigue una mesa en la planta superior que compartimos con una pareja de chinos mayores. Comemos los 4 por 84 yuanes: 3 boles de fideos y un plato de dumplings, incluyendo las bebidas (refrescos y cerveza). Esta comida se convertirá en una de las mejores del viaje si tenemos en cuenta la relación calidad - precio.

Después damos un paseo por el parque. Encontramos gente jugando a cartas y a una especie de ajedrez chino. Hay un jardín de bonsais espectacular. También hay un corredor con anuncios de chicos / chicas que buscan pareja y presentan su curriculum y requisitos. Hay padres mirando las fichas expuestas (formularios rosa para las chicas y azul para los chicos) y haciendo más de una foto. Pablo nos explica que aquí pasar de la treintena sin casarse está mal visto y que él está sufriendo ya la presión de su familia (aunque no tiene el menor interés en encontrar pareja).




Son las 14:30 hrs y el Tour está próximo a acabar. Tras conversar con Pablo sobre las diferentes opciones que tenemos, optamos por pedirle que nos lleve a una zona céntrica donde hay un centro comercial y un templo budista, para acabar de aprovechar el día. Por el camino tienen el detalle de parar un momento en el hotel para que Jordi suba a dejar los bultos (vamos bastante cargados de las compras de las tiendas de souvenirs).

El centro comercial que visitamos está en el famoso edificio IFS. Pablo nos explica que es famoso por el Panda que hay en el lateral del edificio, llegando al techo. La gente sube a hacerse fotos en la terraza superior para demostrar que han visitado Chengdú. El centro comercial es espectacular: 7 plantas llenas de tiendas con todas las marcas que uno pueda imaginarse. Todo es ultramoderno, especialmente la parte de electrónica. Escaleras mecánicas, chinos trajeados y lavabos impolutos. Igual que en España pero a lo bestia. En la terraza superior hay cola para hacerse una foto con Panda Kong; de hecho hay que pagar por ella y te la hacen. Nosotros pasamos de este reclamo turístico y lo fotografiamos de lejos, que que queda igual de chulo. Hay más esculturas modernistas y te puedes pasear por allí libremente; pero hace mucho calor y dentro se está fresquito con el aire acondicionado.


Acabamos nuestro Tour visitando el Monasterio Budista de Wenshu. Está junto al edifico IFS y está integrado con otro centro comercial que lo flanquea, cual muralla, con decenas de tiendas de marcas. Está todo al aire libre: la zona de tiendas (de 2 plantas) rodeo la zona del monasterio que está constituida por diversos templos. La recorremos tranquilamente (Jordi no tanto que está con una indisposición; menos mal que los lavabos de la muralla - comercial están de lujo). Es un contraste brutal pasear por allí: templos budistas rodeados de edificios comerciales, con rascacielos a lo lejos. Paramos en una cafetería a descansar; Laura se pone las botas con un yogur con topping (gominolas, lacasitos, frutos secos).



Pedimos un taxi por la aplicación wechat-didi y volvemos al hotel. Es viernes por la tarde y es hora punta. Tardamos un rato. Caos total: multitud de coches haciendo zig-zags imposibles (nuestro taxista no es la excepción), motos que se cruzan, cambios de sentido de 180º en plena recta, semáforos aparentemente en rojo, ... Nada que no hayamos visto ya, pero no por ello deja de sorprender. Al que se vuelva a quejar del tráfico en Barcelona que se pase por aquí!

Por la noche, volvemos a cenar por cuarta y última vez en “nuestro” restaurante japonés. Como es viernes por la noche, está lleno y no hay mesa. Como nos conocen, nos invitan a sentarnos en una mesa que tienen en la terraza a esperar mesa. Nos traen un plato de sandia. A los  15 minutos ya estamos sentados dentro y pidiendo. A modo de despedida, nos pedimos uno de los especiales de la casa: una enorme figura de un ternero que trae una selección de sus carnes. Ya somos unos expertos con las brasas y nos ponemos las botas!