En nuestro último día en Burkit Lawang, exploramos la jungla de la mano de nuestro ranger. Esta vez no viene su ayudante ni tampoco vienen los niños, a los que hemos decidido dejar en el alojamiento. No esperamos ver nada diferente hoy y con dos días ya han tenido más que suficiente. Nosotros, es que somos un poco ansias. Salimos desde el mismo hotel, adentrándonos en el bosque de árboles de caucho. Tenemos la suerte de ver cómo se las ingenia un campesino para extraer el tan preciado tesoro de la corteza del árbol. La verdad es que es muy curioso. Pela la corteza con un machete de forma que dibuja círculos por donde gotea el caucho hasta un cuenco de coco.
Tras unas tres horas volvemos al hotel para despedirnos de nuestro ranger y darnos una ducha antes del check out, además de volver a despegarnos a un par de sanguijuelas (y no voy a decir de donde ).
Nos toca ir al aeropuerto de Medan y pasar allí la noche, para coger un vuelo al día siguiente que nos llevará a la Isla de Java, concretamente a Yogyakarta. Comemos por el camino, ya que hay como unas 4 h de coche. Nos arriesgamos con un pescado de agua de río, preparado con una salsa dulzona y soja que,más allá del aspecto que ofrece, está buenísimo.
Dormir en el hotel del aeropuerto nos parece muy práctico, además de bastante barato. Lo único a tener en cuenta es que tienen el aire acondicionado a toda pastilla, así que acabamos cenando con el polar.
Al día siguiente, salimos del hotel y nos tiramos por la rampa del mismo
El vuelo a Yogyakarta (unas 4 horas) hace una parada técnica en el aeropuerto de Palembang, al sureste de Sumatra, y digo técnica porque es literalmente de 10 minutos; así que el estrés por perder la conexión es máximo. Afortunadamente (y milagrosamente) no perdemos la conexión y llegamos a Yogyakarta dentro de lo previsto, sobre las 17:30 h. Las maletas también llegan,eh!!!! No tenemos tiempo de comer (ya cenaremos), ya que a la salida nos espera Kioto, nuestro guía para los dos días que pasaremos aquí. En poco más de una hora nos plantamos en el hotel D’Omah, que es absolutamente precioso. Es uno de esos hoteles a las afueras de Yogyakarta, en un pueblo llamado Timbul. Cenamos como reyes (a las fotos me remito) por unos 30 euros.






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