1 de julio de 2026

EL TEMPLO HINDUÍSTA MÁS GRANDE DEL MUNDO

No tardamos en comprobar para qué eran los tapones. Las habitaciones son muy ruidosas de noche. Por un lado, comprobamos que entre las dos habitaciones dobles que tenemos (están separadas por un pasillo exterior) podemos llegar a escucharnos si hablamos alto. Al poco rato de estar dormidos, se escucha un “rasca rasca” como si, dentro mismo de la habitación, tuvieras un bichito paseando por entre las cortinas (no sabemos el tamaño). ¿Alguna lagartija? ¿Algo más grande? Acabaremos todos levantados y revisando exhaustivamente las paredes. Al final descubrimos que es el ruidito que hace el agua del aire acondicionado al pasar por las tuberías de desagüe. Tras conseguir dormirnos, a unas horas intempestivas (concretamente a eso de las 04:00 am), empezamos a escuchar la larga letanía del imán de la mezquita local llamando a la oración. Hay que recordar que el 80% de la población indonesia es musulmana y que, por lo tanto, cumplen con rigurosidad sus rezos. De hecho, más adelante sabremos que mucha gente en este país ya se despierta con los rezos y se pone a faenar. Al imán lo escuchamos como si estuviera en el pasillo... Y, finalmente, con tanto alboroto, se escuchan gallinas que se van paseando por el jardín, desconcertadas...

A pesar del ruido, lo que es innegable es que el hotel de Omah es muy chulo. Pasear por los pasillos exteriores del hotel para acceder al comedor es muy relajante: la luz está muy bonita y se respira paz y tranquilidad (sobre todo ahora que el imán se ha callado). Tenemos reservado el desayuno para las 07:30 h y totalmente personalizado y a la carta. Te puedes pedir lo que quieras: fruta, zumos, huevos, croissants, tostadas, aguacate, muesli, waffles, crepes, ... La verdad es que nos ponemos las botas. Te lo traen todo a la mesa. Déjate de tiras y aflojas en buffets donde ya no queda casi nada. O peleas por hacerte con la última mesa o por poder acceder a la tostadora. Aquí te sientas, te pones a mirar embelesado las vistas de su terraza con estanque y te relajas de verdad mientras te sirven. ¡Esto sí son vacaciones!

Hemos quedado con el chófer a las 08:30 h. Con él está el guía: se presenta como Kioto y resulta que habla español. No va muy sobrado y le cuesta mucho pronunciar frases enteras, pero está bien. Resultón. Nos ponemos en marcha. 

Vamos cómodos en la espaciosa y ventilada furgoneta. Las calles están repletas de vehículos de toda índole, con enjambres de motoristas y personal de tráfico con silbato y banderolas en lugar de semáforos. Conducen por la derecha y se ve todo muy caótico. Mucho uso del claxon para alertar y nada de respetar la distancia de seguridad (¿qué es eso?). Entramos en plena ciudad de Yogyakarta y el tráfico se intensifica. Por suerte, no llegamos a entrar en ningún atasco.

Nuestra primera parada es el Palacio del Sultán (o Kraton de Yogyakarta). Construido en 1755-56, es la residencia actual del sultán. No tenemos que olvidar que Yogyakarta es la única ciudad real de Indonesia aún gobernada por una monarquía. Simboliza la resistencia de la ciudad y la rebelión contra los neerlandeses. Nada más pasar la entrada, nos encontramos con un teatro donde están actuando con marionetas y música en directo. Lo primero que vemos (desde las localidades) es el escenario con las marionetas; descubrimos que son jóvenes adolescentes y niños los que suelen manejarlas, intercambiándolas y con distintos registros de voz durante horas (en el palacio o kratón, las representaciones son bien largas). Tras el escenario encontramos la orquesta javanesa o gamelán: hay un montón de músicos que tocan xilófonos, gongs y flautas. Nos quedamos un rato escuchando. 


Después exploramos el conjunto arquitectónico con varios edificios y pabellones. No destaca el lujo. Sí vemos estatuas y portales imponentes. Entramos en algún edificio y descubrimos algunas curiosidades (libros antiguos, piezas de té, maquetas, fotografías del sultán con embajadores europeos...). Es interesante sin más. Las dependencias actuales del sultán no se pueden visitar.

A la salida nos paramos en un taller de marionetas donde nos enseñan cómo las fabrican. Las hay de dos tipos:

- por un lado están las bidimensionales del Wayang Kulit: están hechas de piel de búfalo recortada y montadas sobre varillas de bambú. Después las pintan. Dan pie a un teatro de sombras.

- por otro lado, están las tridimensionales del Wayang Golek: hechas de madera.

Al final (¡cómo no!) hay tienda y te venden las que quieras. 




Imagen generada con Chatgpt

La siguiente parada nos lleva al Palacio del Agua del sultán o Taman Sari. No está muy lejos del palacio del sultán. Fue construido a mediados del siglo XVIII y tenía múltiples funciones como área de descanso (aquí el sultán “seleccionaba” sus concubinas), área de meditación, área defensiva y escondite. De hecho, está amurallado y, en el pasado, aparte de albergar 3 piscinas de agua, estaba completamente rodeado de agua. Por un conjunto de pasadizos y túneles excavados bajo el nivel del agua, el sultán podía escapar de un asedio o guarecerse en el lugar de la kratón más inesperado. Es muy bonito recorrerlo, aunque nos encontramos las piscinas vacías de agua. Subiendo a lo alto del edificio principal se obtienen unas bonitas vistas. Una de las entradas tiene forma de cúpula y se dice que aquí se situaban los músicos cuando tocaban para el sultán y sus ceremonias. Kioto, nuestro guía, se anima aquí con unos cuantos cánticos melódicos. 



Al salir del Palacio del Agua recorremos el asentamiento llamado Kampung Taman, con 2700 residentes. Donde antes había agua, ahora hay casas, comercios y estrechos callejones peatonales. Con todo y que hace calor, no llevamos nada mal el paseo. Nos detenemos a observar lo que dejan ver de la mezquita Sokotunggal; podemos ver, desde el exterior, que están en ruinas. Con un solo pilar y dos niveles: el inferior para las mujeres y el superior para los hombres... La visita sigue con un pequeño recorrido por uno de los túneles de la antigua Kratón, donde están tocando música en una esquina y nos podemos hacer una idea de cómo eran originalmente. Llaman la atención sus paredes en diagonal para evitar inundaciones.

Visitamos después un taller de batik muy interesante. Aquí vemos locales dando clase de pintura a turistas. A nosotros nos asignan una dependienta que nos va explicando en inglés la elaboración de estas pinturas tradicionales que sirven tanto para cuadros como para estampar textiles. El batik se elabora dibujando o estampando cera sobre la tela, lo cual crea un patrón negativo al retirar la cera de la tela teñida. Nuestra guía nos enseña patrones que tienen creados (como si fueran sellos) y muchos están totalmente personalizados. Resulta muy interesante. Al finalizar la visita, hay tienda (¡qué sorpresa!) donde puedes comprar lienzos. Esperamos al guía en la calle, junto a la furgoneta; estaba rezando.



Nos espera trayecto en coche hasta la región de Prambanam, ya fuera de Yogyakarta, pues está prevista la visita al complejo por la tarde. Como estamos cansados y acalorados, el trayecto se nos hace muy ameno. Son más de las 13:00 hrs y paramos a comer en el restaurante Opak: aquí paran muchos grupos de turistas. Es un local muy espacioso y con unas vistas del río y los jardines muy chulas. Pedimos varios platos y está todo muy rico, pescado para nosotros y pollo para los peques (que ya no son peques, pero nos da igual). Los zumos están increíbles y el café es un regalo.

Después toca hacer la visita TOP del día, que es PRAMBANAM, el templo hindú más grande del mundo. Fue construido durante el siglo IX y está dedicado a Shiva. Pagamos la entrada y accedemos al recinto. Hay gente por todas partes y no hay ningún recorrido establecido. Lo puedes recorrer a tu aire. Nosotros lo hacemos siguiendo las explicaciones de Kioto, muy interesantes. Se empieza por el propio Templo de Prambanam, que consta de tres patios. El exterior vendría a ser el tercer patio, sin templos. Caminando un poco, llegamos al segundo patio con 224 templos de perwara que se forman en 4 filas. Muchos están en ruinas; hay que tener en cuenta que el templo se derrumbó durante un gran terremoto en el siglo XVI y solo quedan 114. Es interesante ver conjuntos de piedras apilados y esperando (cual puzzle) a que alguien se entretenga a recomponer. Las piedras tienen diversas ranuras y aperturas para su encaje directo, de ahí que parezca una faena imposible...

El conjunto nos recuerda un poco, salvando las distancias, a los templos de Angkor Wat en Camboya. No pensábamos que volveríamos a ver algo parecido.  

No tardamos en acceder al tercer patio o patio principal con 16 templos. De todos ellos destacan los tres del final:

- a la izquierda, el de Brahma

- a la derecha, el de Visnú.

- en medio, el de Shiva. El más grande y el más alto de los tres templos principales






Sorprende que se pueda acceder a ellos. Para hacerlo, calma y tranquilidad, que los escalones son muy altos, hay mucha gente y el calor aprieta. De los tres, visitamos el de Brahma y el de Shiva. El de Brahma tiene una única cámara que alberga al ídolo creador. El de Shiva tiene 4 cámaras. Destaca la del este con el ídolo del dios. En las otras 3 encontramos los ídolos de Agastya, Ganhesa y la imponente y divina diosa Durga, con sus 8 brazos.





Aquí pasa lo habitual: mientras el ánimo de Jordi va in crescendo, totalmente resuelto a visitar todos y cada uno de los templos, el de los niños ya está por los suelos. En el de Shiva, David ya ni sube y decide esperarnos sentado en la escalinata de acceso. Laura, la muy heroica, no deja de esforzarse y nos acompaña, resignada.

Destacar de estos templos principales el relieve de Ramayana, tanto en el de Brahma como en el de Shiva. Vemos paneles en las paredes que cuentan la historia épica del príncipe Rama, encarnación de Visnú en la tierra. El tallado se conserva muy bien y se pueden interpretar muy bien las diferentes escenas del Ramayana. Del resto del patio central exploramos uno de los 3 templos de Wahana (vehículo de los dioses) para hacernos una idea de cómo son. En este hay un buey al que le falta el asta izquierda.

Son más de las 16:30 h y se acerca la puesta de sol (sobre las 17:30 h). No queda mucho tiempo de visita. Kioto compra tickets para trasladarnos con uno de los shuttles o megacarritos de golf del parque (a lo trenet Salou para hacernos una idea). Tenemos que llegar al otro extremo del complejo donde nos espera el Templo de Sewu (a más de medio kilómetro y hay que volver). Cuando llegamos allí, estamos casi solos y disfrutamos un montón la visita. Además, la luz está preciosa. El templo de Sewu es budista y comprende 249 estructuras, con un templo principal. De esta parte destacaría los enormes ídolos que flanquean las 4 entradas al segundo patio y el laberíntico recorrido que podemos hacer por el templo principal y con la suerte de hacerlo casi a solas. ¡Y al salir toca puesta de sol!

Nos ha gustado incluso más.



Cuando alcanzamos la salida, son más de las 17:30 h y nos espera más de una hora de trayecto en coche hasta el hotel. Estamos reventados, para qué negarlo. Ha sido un día muy completo. Llegamos a las 19:00 h, bien justito para que Fani haga su sesión de masaje (la tenía reservada de la mañana) y la colada.

Cenamos tarde para lo que es Indonesia (pasadas las 20:00 h). Nos volvemos a poner las botas. La verdad es que en el hotel d'Omah da igual lo que pidas, está todo buenísimo.

¡Y a dormir! ¡Que mañana toca madrugar aún más!

Seguro que el imán nos echa un cable... 



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