28 de junio de 2018

LA TELA MÁS LARGA DEL MUNDO

Nos vamos a Siem Reap, pero antes, tenemos toda la mañana para deambular por el Museo Nacional de Phnom Penh. Salimos del hotel y siguiendo la calle del muro trasero del Palacio Real ( la calle está  cortada al tráfico, lo que es un alivio ), nos encontramos con una fila de más de un kilómetro de gente aguantando una tela. La estaban midiendo. Al preguntarle a un hombre  nos explica que se pretende que sea récord guines: la tela más larga del mundo... en serio. 


La entrada al museo cuesta 10 $. No es muy grande, pero el edificio original es impresionante, y el patio interior consta de un jardín muy bien cuidado. Algunas de las estatuas originales de Angkor están  aquí, como la del Rey Leproso de Angkor Thom y vale la pena verlas. Además,  es interesante aprender cosas aquí  que nos servirán más adelante para entender Angkor Wat. También nos impresiona la estatua en modo meditación del Rey Jayavarman VII, uno de los impulsores y creadores  más importates de Angkor. La expresión  de su cara nos deja impactados. La describiría como simple felicidad. 






Como curiosidad, en un rinconcito que casi pasa desapercibido, en el interior de una bola de un material que no recuerdo, está uno de los 135 pedazos de una piedra lunar que se repartió  entre diferentes  países, como símbolo  de paz. 
Por supuesto, durante la visita, cae el chaparrón  de todos los días. Esta vez, dura poco. 

Después  de comer entramos en una cafetería en la que anuncian con un cartel: IN COFFEE WE TRUST. Albergamos la esperanza de poder tomar un buen café  pero no, mentira todo. 

Resumiendo nuestros días  en Phnom Penh, diría  que quizás con uno o dos días  hay de sobras. Las calles del centro estan invadidas por tenderos, pequeños puestos de comida ambulante, motos aparcadas...es casi imposible caminar por las aceras. Es ruidosa, caótica , sucia y desordenada . Los postes de electricidad son telarañas  que saltan de una calle a otra sin orden aparente. 
Para cruzar la calle la siguiente premisa: no mires mucho, no corras ni hagas movimientos  bruscos o impredecibles, ellos te esquivaran a ti, no tú a ellos. 

Llegamos a Siem Reap sin sobresaltos, excepto que el conductos que nos recoge ( pick up gratis del hotel donde nos alojamos; Angkor Paradiese Hotel ) nos da botellas de agua fresca y toallitas mentoladas para refrescarnos. Casi lloro. 
El hotel es extra-chulo, así  que  decidimos  salir a cenar fuera. Acabamos cenando en un puesto al aire libre ( terracita lo llamaríamos  aquí ), donde también cenan algunos locales. Muy lejos de lo esperado por el aspecto del sitio, apenas un pequeño  mostrador detrás  del cual cocinan, la comida es excelente y la gente muy amable. Por primera vez intentan  enseñarnos a decir gracias en Camboyano. 

27 de junio de 2018

LOK LAK y AMOK

No madrugamos tanto como el día previo: la agenda está poco cargada pues han dado lluvias y los niños están algo revueltos... Optamos por simplificarlo todo un poco conscientes de que vendrán jornadas más "duras". 

Decidimos recorrer la ciudad con un tuk tuk. Nada más salir del hotel nos aborda toda una mafia de "tuk tukeros". Lo primero que comprendemos es que aunque queramos fijar un precio, como no tenemos claro qué vamos a hacer ni en qué orden, "el conductor designado por el grupo" nos dice que nos lleva a todas partes y que nos esperará pacientemente tardemos lo que tardemos. Añade que ya le pagaremos con lo que consideremos justo...y no tenemos ni idea de lo que es justo en este país. 

En primer lugar nos dirigimos al Wat Phnom, el templo situado en la única colina de la ciudad. Por eso mismo nos parece original. La entrada para el turista es de 1$. La verdad es que a pesar de los comentarios que habíamos leído sobre las escaleras que llevan hasta la cima, comparado con los templos de Sri Lanka, dan risa.




Cuando estábamos a punto de irnos unas mujeres han liberado a cientos de pájaros que tenían en una jaula enorme. Ha sido muy curioso. Una de ellas, rezaba mientras los sujetaba con sus manos. El incienso invade la colina, donde turistas y locales se mezclan de forma extraña. Al margen del templo, en un lateral, hay otro templo más pequeño, lleno de dioses chinos.



Para premiar la paciencia de los peques, pasamos media hora en un parque que hay justo al pie del templo. De repente, parecen haber olvidado que estaban cansados.


Después vamos al Wat Ounalom, que está abierta al público, aunque no cobran nada por entrar.  Leemos que es la más antigua de la ciudad y que esconde en una de sus estupas un pelo de la ceja de buda. La verdad es que está un poco descuidada. Prescindible, si tienes poco tiempo en la ciudad. 






Poco después, nos vamos al Mercado Central, famoso por su cúpula central. La entrada a la bóveda está custodiada por policías. Al entrar entendemos por qué; bajo la cúpula se aglomeran puestos de joyerías que lucen en sus escaparates de cristal piedras preciosas. No muy lejos se entremezclan los puestos de ropa, comida, peluquerías y electrónica. Todo unido por pequeños pasadizos por donde hay que caminar en fila de uno. Una mezcla curiosa de olores y ruidos. Lo que más llama nuestra atención, es ver el poco espacio que tienen las tenderas para situarse entre las mercancías.





Decidimos irnos después de dar una pequeña vuelta, Laura y David no aguantan los olores. Ni yo, tampoco. Nuestro conductor nos deja en el margen del río, cerca del Palacio Real, donde hay decenas de restaurantes de todo tipo. Haciendo caso a su recomendación, comemos en Khmer Saravan.  Des de fuera el local no llama mucho la atención, es más, al verlo no entrarías a comer ahí ni en broma, pero la verdad es que los platos nos sorprenden. Pedimos Lok Lak de gambas y Seafood Amok, los mejores que hemos probado des de nuestra llegada a Phnom Penh. Incluso David ha disfrutado con la comida.

Volvemos al Hotel caminando y de nuevo nos perdemos. No hay forma de orientarse en esta caótica ciudad. Por el camino, nos cruzamos con un pequeño mercado local ( ¿ esto estaba aquí esta mañana ? ) que nos parece más auténtico que el famoso mercado central.



Llegamos al Hotel y toca chaparrón, piscina, y paseo nocturno con cena en una pizzería más bien regular, aunque los niños disfrutan. Volvemos al hotel mientras lloviznea.


26 de junio de 2018

Reyes, pagodas, budas, leyendas hindúes, tronos y... TRUENOS!

Nos despertamos a eso de las 07:00 am. Una enorme claridad inunda la habitación... miramos por la ventana con expectación y... HA SALIDO EL SOL! 

Tenemos que despertar a los niños que todavía duermen como lirones. Subimos a la planta 14 del hotel (la 13 sencillamente no existe) y descubrimos que para entrar en el comedor nos tenemos que descalzar. Eso sí: nos espera un suelo impoluto. El desayuno está muy bien. Tenemos tostadas con mantequilla y cereales para los peques. También hay fruta. Jordi desayuna a lo camboyano: arroz, vegetales y tortilla. Y no se raciona la leche!

No nos entretenemos mucho: tenemos muchas cosas que ver y poco tiempo. La meteorología da tormenta eléctrica para ese mismo día. Nos alegramos mucho de que de momento no se cumplan las previsiones. Nada más salir a la calle nos encontramos con el gran escollo del día; el CALOR. Son las 08:30 am y ya estamos a más de 30º. Madre mía! No querías sol... PUES TOMA SOL!

Tras dar un pequeño rodeo de camino a nuestro primer destino llegamos a la conclusión de que la agenda del día se va a tener que acotar dado el intenso calor. Y es que vamos con los niños y, a pesar de que de buen inicio se lo toman con ilusión, sabemos de sobras que la "alegría" durará poco...

Tras media horita de paseo llegamos al Palacio Real de Phnom Penh. Todo un "must" de la capital camboyana. Es un complejo de edificios que está dividido en 3 recintos principales: en el centro tienes la Sala del Trono, al norte la Pagoda de Plata y al suroeste el palacio Khemarin. Los 2 primeros se pueden visitar. No así el palacio Khemarin que se haya separado del resto del complejo por un muro y es la residencia actual del Rey de Camboya. La entrada cuesta 10 dólares por adulto. David y Laura entran gratis. Varios guías se ofrecen para acompañarnos durante la visita pero esta vez optamos por hacerla a nuestro aire. 


                           

                          

                          

El calor es sofocante y el sol aprieta de lo lindo. Afortunadamente los diversos edificios que nos encontramos durante la visita dan sombra y eso es un verdadero tesoro. No hay mucha gente y casi todo son grupos. Si te esperas a que pase cada grupo te lo encuentras todo para ti sólo. La visita se divide en 2 partes pues accedes a 2 recintos separados. En el primero te encuentras la Sala del Trono en medio de la plaza: es sencillamente impresionante. Tanto en cuanto a tamaño, como en majestuosidad y luminosidad. El techado es precioso. No se puede entrar dentro; actualmente se utiliza como un lugar religioso y para las ceremonias reales ( coronaciones, bodas, … ). Los niños empiezan a quejarse; tenemos que recurrir a las promesas de piscina y juegos para la tarde...



Después llegamos al 2º recinto: allí está la Pagoda de Plata. Se denomina así porque su suelo está cubierto por más de 5000 baldosas de plata de 1 kg cada una. Pero la verdad es que está todo tan enmoquetado que no nos llaman la atención. Esta sí se puede visitar. Dentro se está muy bien: todo cubierto y con unos ventiladores estupendos. Te tienes que descalzar. Dentro hay diversos tesoros nacionales: piedras precios, figuras de Buda, espadas, cofres, … Lo que más nos llama la atención es la estatua de cristal del Buda Esmeralda ( el de Camboya; no el de Tailandia ) en lo más alto del pedestal central; una pena que esté tan arriba pues no es fácil de ver bien. A los pies del pedestal tienes otro Buda de tamaño real y con incrustaciones de diamante que también impresiona lo suyo.



Alrededor de la Pagoda de Plata te encuentras con diferentes atrezzos como:
- un bonito mural realizado en el año 1900 ( algunas partes se conservan muy bien ) que representa el relato épico de Rama y la batalla de Lanka. Es una leyenda hindú.
- una estupa y una estatua del Rey Norodom ( fundó el recinto en el año 1866 ).
- una réplica a escala del santuario de Angkor Watt que dentro de unos días visitaremos a escala real en Siem Riep


                          


                           

Terminamos la visita tomando unos refrescos fresquitos a la salida. Nos ha llevado unas 2 horas verlo todo y con tranquilidad. Al salir optamos por dirigirnos al edifico del Museo Nacional de Camboya. Los niños están cansados y no tenemos tiempo de hacer la visita; la dejamos para más adelante.


Comemos en un restaurante y optamos por hacer una incursión en la comida camboyana local:
- pescado al AMOK: una especie de curry, con leche de coco y algunas especias servido todo en un cuenco y con arroz de acompañamiento.
- ternera al LOK LAK: carne cortada a trozos servida sobre una cama de lechuga, pepino y tomates. Me ponen la salsa aparte ( como me conocen! ): zumo de lima, sal y pimienta de Kampot. La verdad es que no pica nada y está muy buena. Te la sirven con arroz y un huevo frito encima de acompañamiento. 
Con los niños no arriesgamos: hamburguesa doble y partimos la ración. Y de postre plato de fruta para todos.

                         

Al salir descubrimos como está cambiando el día: unos nubarrones han empezado a salir y amenazan con descargar una buena tormenta. Hechamos un vistazo rápido a la avenida Preah Sisowath ( o Riverside ) con sus vistas del enorme río Tonle Sap. Aquí nada de aguas cristalinas: se ve todo bien marronáceo. 

De vuelta al hotel callejeamos fiándonos de nuestra intuición. Callejones sin salida, cables eléctricos colgando sin orden ( algunos bastante cerca del suelo; nos parece increíble que funcione la luz así ), aceras atestadas de motos y cientos de tuk-tuks que esquivar. 


                          

                                       

Los niños están a punto de montarnos un motín: nos toca volver al hotel para apurar la piscina prometida. Sólo es mediodía, a pesar de que parece que llevamos todo el día haciendo cosas. Será el calor...
Estamos de suerte: nos da tiempo de darnos un bañito refrescante a los 4! Nada más llegar a la habitación llega de nuevo el diluvio. Cenamos en el hotel: Pad Thai & Tom Yom with seafood


25 de junio de 2018

JO VULL SER AVENTURERA!!

- Mama ?
- Si??
- Mama, de gran jo vull ser aventurera.
- Aventurera ? I què fan les aventureres ?
- Doncs, són les que fan viatges per tot el món i  descubreixen coses que mai ningú no ha vist.

CAMBOYA & VIETNAM

Nuestra segunda vez en Asia, Camboya & Vietnam. A más de 10.000km de casa, durante 27 días, recorreremos algunos de los sitios de este continente que tanto nos fascina.

Nuestra ruta prevista ( al final publicaremos el link de Polarstesps ): Phnom Penh, Siem Reap, Hue, Hoi An, Dong Hoi, Hanoi, Mai Chau y Bahía de Halong.

Después de 1,5h de coche, 4h de espera en el aeropuerto, 1h de espera dentro del avión antes de despegar, 6h de vuelo hasta Doha, 1h en el aeropuerto corriendo entre puerta de embarque y puerta de embarque, 9h más des de Doha a Ho Chi Min, 30 minutos más de espera y 1h más de vuelo, por fin llegamos a Phnom Penh, capital de Camboya. 

La anécdota del viaje es que en Ho Chi Min toca parada técnica. No nos hacen bajar del avión pero el resto del pasaje sí lo hace. Somos 16 pasajeros en total y el vuelo despega hacia Phnom Penh sin que parezca raro que un super avión vuele solo por nosotros. 

Como llegamos con más de una hora de retraso, nuestro transfer no nos espera, así que cogemos un taxi y nos vamos directos al hotel ( Okay Boutique Hotel ) en el centro de la ciudad. Está cerca del Palacio Real y del Museo Nacional. Tardamos una hora en llegar al hotel ( 12km des del aeropuerto )

Llueve como si faltara agua en la tierra. Las calles están inundadas. Pero la gente no se inmuta. Los coches, bicis, motos y tuk-tuks ocupan las calles como si nada pasara. Muchos motoristas van sin zapatos o con chanclas brasileñas.


Como el tiempo no mejore no vamos a salir del hotel. 

8 de diciembre de 2017

RUTA POR VIENA

En definitiva esta ha sido nuestra ruta por Viena
https://www.polarsteps.com/fanimartinez/335221-viena

7 de diciembre de 2017

ARTE: DE GUSTAV KLIMT A HUNTDERTWASSER

Hoy es nuestro último día en Viena y queremos aprovecharlo al máximo. Amanece soleado y con las temperaturas algo más altas. También tenemos pensado hacer algo diferente: hoy intentaremos acercar el arte a los niños. ¡A ver qué tal nos sale!

Cogemos el metro y nos vamos a visitar el Palacio de Belvedere. Fue diseñado como residencia veraniega del príncipe Eugenio de Saboya (éste se había criado en la corte del Louis XIV, el Rey Sol, y se nota: este "chateau" rivaliza con el de Versailles). Es uno de los mejores palacios barrocos del mundo. Bueno, de hecho, hay 2: el Oberes Belvedere (Alto Belvedere: construido entre 1717 y 1723) y el Unteres Belvedere (Bajo Belvedere: construido entre 1712 y 1716). Uniendo ambos palacios te encuentras un enorme jardín barroco, de estilo francés. En leve declive, ofrece amplias vistas de Viena. Estamos en invierno: de nuevo nos encontramos con escaso verdor, nulo florecimento y con el consabido mercado navideño a la entrada del Oberes Belvedere, estratégicamente colocado junto a la ticketeria.



Puede comprar ticket combinado para visitar ambos palacios. Nosotros optamos por simplificar la visita y no poner a prueba la paciencia de nuestros peques: compramos la entrada para el Oberes Belvedere (15 euros cada adulto; los niños entran gratis). Como de costumbre, podemos descargar chaquetas y bolsa a la entrada del edificio (es habitual encontrarte con guardarropas en los museos). Se permite hacer el recorrido con carrito de bebé: Laura no está por la labor de abandonarlo y nosotros no queremos complicaciones antes de una de las visitas "must" del viaje. Nada más entrar subimos a la primera planta y nos encontramos con la Marmossal, la sala principal; con arañas de luces, mármol, estucos y coronada por un imponente fresco en el techo. Nos quedamos con la boca abierta.


En la primera planta nos encontramos con la colección de Gustav Klimt con una sala entera dedicada a él. Allí nos encontramos con obras muy conocidas del pintor austríaco: especialmente con Judith (1901) y El Beso (1908). Ambas se sitúan a cada extremo de la sala. El de Judith es bastante más pequeñito de lo que nos pensábamos. El Beso está ubicado en medio de un mural de color negro para que resalte más: mide 180 x 180 y para su ornamentación Klimt utilizó oro y plata. En la sala hay más retratos suyos. Muchos de los conocedores de la obra de Klimt echarán de menos el retrato de la Adele de oro. En febrero del 2006, junto a otros 4 cuadros más, tuvo que ser descolgado del palacio para ser restituido a su legítima propietaria. En efecto, los cuadros fueron robados por los nazis y el estado austríaco renunció a su derecho de compra preferencial, una vez los legítimos propietarios se descolgaron con una suma cercana a los 300 millones de euros. Ello constituyó una "pérdida inmensa" para la galería. La pintura ha pasado a ser la pieza central de la colección de Ronald Lauder (la compró por 135 millones de dólares) y se exhibe en la Neue Galerie en Nueva York. En las siguientes salas también nos encontramos con cuadros florales (vemos que le fascinaban los girasoles) y de otros artistas reconocidos. Nos encanta la majestuosidad de Napoleón cruzando los Alpes (Jean Louis David - 1801), El cocinero (de Claude Monet - 1882)) y el tranquilo Mujer leyendo cerca de una pecera (Lovis Corinth - 1911). También hay alguna sorpresita de Van Gogh o Münch. Dentro de dejan hacer fotos sin flash; nos toca abrirnos paso cerca de las obras más famosas.




Después de una hora de visita los niños empiezan a desesperarse así que damos por finalizada la visita al Alto Belvedere y salimos a despejarnos al jardín central. Son más de las 12:00 y hace un día de escándalo. Paseamos un rato y tomamos fotos de todo. Como locos.



Después toca caminar hasta el Statdpark. Llegamos a la hora de comer y con David cansado, con frío y con hambre (Laura va en el carro). Optamos por recompensarle con un restaurante italiano donde entramos rápido en calor y llenamos nuestras panzas con pizza y unos espaguettis boloñesa. Fani se pide una pannacotta de postre: sencillamente espectacular. Nos sale algo más barato que los restaurantes de los 2 días previos aunque nos acabamos dejando 65 eurillos.

 

Después recorremos un poco el Stadtpark: un tranquilo rincón verde en medio de la ciudad (no tan verde en esta época del año) con caminos serpenteantes y un estanque con patos. Lo cruza el río Wien, que desemboca en el Canal del Danubio. Hay unas inmensas pasarelas para atravesarlo pero la verdad es que nos sorprende que el cabal es muy escaso. Nos hacemos las fotos de rigor delante de la estatua de Strauss y dejamos a los niños jugar un rato en la zona infantil. Los niños se lo pasan bomba: nos dicen que es el mejor momento del día y que no quieren salir de allí. Les convencemos con el argumento del frío y que después de "una última visita de nada" volveremos al apartamento. ¿Colará?

Queremos ver la fachada de una casa. Sólo es eso. Nos ha llamado la atención. La hemos visto en algunas postales. Es la casa Kunst Haus Wien. La diseñó un arquitecto que aborrecía las líneas rectas. Tenemos curiosidad. Después de serpentear por las calles, mapa en mano, llegamos a la casa.


No podemos resistirnos a entrar y acabamos comprando entradas para visitar el museo que esconde entre sus paredes. Los suelos no son rectos, no, no lo son. Son ondulados. De las ventanas salen ramas de árboles, sí, ramas de árboles. Tiene hasta cuatro plantas que puedes visitar. La última está dedicada a exposiciones itinerantes. Las tres primeras albergan cuadros y proyectos de Hundertwasser, hasta ahora completamente desconocido para nosotros. En resumen era ( murió en el 2000 ) un artista- arquitecto obsesionado por las espirales y el agua. En el museo, no sólo hay cuadros, también hay enormes tapices colgados de las paredes, minúsculos sellos y maquetas de algunos de sus proyectos arquitectónicos. Me atrevería a decir que es una mezcla entre Gaudí y Dalí, algo muy loco. Fue incinerado y enterrado en un lugar de Nueva Zelanda al que consideraba el paraíso.

Acabamos comprando algunas postales de recuerdo mientras los peques jugaban a crear espirales de colores.
Volvemos a casa. Nos despedimos de las calles de Viena recorriendo por última vez, sus impresionantes avenidas. A lo lejos, vemos la noria del Prater adornada con luces.

Creando espirales