27 de junio de 2026

LA JUNGLA DE SUMATRA; PN BUKIT LAWANG

BIENVENIDOS AL PARQUE GUNUNG LEUSER BUKIT LAWA, EN LA JUNGLA DE SUMATRA

Empieza lo bueno. Esperamos mucho de este sitio, al que hemos tardado literalmente unas 46 h en llegar (de puerta de casa a puerta del hotel). El objetivo principal de estos tres días es ver orangutanes en libertad. En Indonesia también pueden verse en Borneo (son una especie diferente a los de aquí). Marco nos convenció de que aquí no hay turismo de masas, cosa que intentamos evitar desde nuestro viaje a China. Seguramente no podremos verlos tan de cerca, ni habrá tantos, pero lo preferimos. Así que toca arriesgarse.

Nos preparamos a conciencia: camisetas de manga larga, pantalones largos de trekking, calcetines largos por encima de los pantalones y gorras para proteger el pelo. Superprotección demostrada contra sanguijuelas (o eso pensábamos). 

Salimos temprano tras el desayuno. Hora prevista: 7:30 h. Hora real: casi las ocho. La culpa: no es nuestra, es del chaparrón de agua que cae a primera hora. De hecho, salimos y todavía está lloviendo, pero no con tanta fuerza. Eco, nuestro guía también nos acompaña.

El resumen (seguro que Jordi se enrollaría más) es que pasamos en el parque alrededor de unas 6 h y recorremos tan solo unos 5.5 km. Sí que es verdad que paramos muchas veces a descansar y a esperar que el ranger encuentre rastros de algún orangután. Un dato curioso es que viven en soledad, es decir, no forman grupos como los monos o los gorilas. Solo cuando se aparean pasan una temporada con la mamá (hasta que acabe la lactancia). El calor es húmedo y extraordinariamente sofocante, de hecho, casi no hacemos pis en toda la mañana. El parque es una jungla tropical superfrondosa y aunque hay múltiples sendas más o menos reconocibles, el suelo está embarrado por la lluvia, lleno de raíces de árboles, lianas y enredaderas, a lo que se suman pendientes empinadas y una vegetación muy densa que dificultan el camino. Avanzamos muy despacio.

Nuestro primer encuentro es con una serpiente, así que me paso el resto del día pensando en si voy a pisar alguna por error. También nos topamos con diferentes especies de monos. 



El primer orangután lo vemos muy de lejos y llegar hasta él no es nada fácil. El ranger nos saca del sendero y nos guía por una ruta que incluye habilidades que no sabíamos que teníamos, unos más que otros. Pasamos por entre unas rocas con un gran desnivel, llenas de musgo, lianas y enredaderas. Y como bajamos, luego también toca subir. Finalmente, llegamos a una zona más alta, desde donde podemos ver a nuestro primer orangután (ya me entendéis). En realidad, hay dos (madre e hijo). Es la primera vez que vemos orangutanes. Es extraordinaria la movilidad que tienen (yo diría que 360º en cinturas pelviana y escapular). A pesar de lo grandes que son, se mueven hábilmente. Se nota que son salvajes (los criados en cautividad no se asustan con la presencia humana, estos sí). De hecho, un turista se acerca a menos de 10 m (mientras se fuma un cigarrillo) y los asusta. En fin...

Además de a los orangutanes, tenemos la enorme suerte de ver a un tucán (Hornbill), que se ve que son muy difíciles de ver (perdón por la redundancia).

Nos encontramos con más turistas en la cima, así que sabemos que de aquí se puede salir. Volvemos por donde venimos, y nos cruzamos con un grupo que acaba dando la vuelta cuando ve por dónde hay que pasar para llegar hasta el claro desde donde se ve a los orangutanes.

Tras la experiencia, paramos (gracias a Dios) a reponer fuerzas. Nos han preparado un poco de fruta que está riquísima. Tras el primer descanso, volvemos a ponernos en marcha. Damos algunas vueltas atentos a las copas de los árboles. Vemos algunos monos que no parecen tenernos miedo y solo buscan a quién quitarle la comida (son macacos). El Ranger nos informa de que han avistado a otro orangután no muy lejos, ¡¡¡así que vamos para allá!!! Este está supercerca, tanto que a Jordi lo tengo que estirar del cuello de la camiseta para que se aleje un poco porque, como está grabando un vídeo, ha perdido la perspectiva de la distancia y no me gustaría que se lo lleven en volandas (es broma, eso no puede pasar, mamá). Nos parece espectacular y somos conscientes de la super suerte que estamos teniendo. 




A Laura y David ya empieza a no apetecerles estar dando más vueltas y es que hace mucho calor. Tenemos la ropa pegada al cuerpo, las bambas llenas de barro y a los mosquitos pululando. Los comentarios de nuestros hijos no tienen desperdicio.

Cito textualmente:

- David: Habéis conseguido juntar en un día las cosas que más odio: bichos y ensuciarme de barro (aquí todavía no habíamos bajado por el río en neumáticos de goma).

- Laura: Ya, si eso les pedimos que si podemos dormir aquí y ya lo tenemos todo.

Pero no hemos acabado, nos queda llegar hasta el río Bohorok, donde está previsto que paremos a comer y alguna que otra sorpresita más. La verdad es que nos resulta muy incómodo porque tenemos que sentarnos en las rocas. Comemos arroz con huevo, vegetales y pan de gambas y, por supuesto, fruta tropical de postre (que está deliciosa, nada que ver con la del súper).

Jordi es el primero que se atreve a ir a buscar algún sitio un poco privado para hacer pis. Vuelve con un video donde nos enseña a una iguana gigante y a un mono que se le acercan a chafardear.  Vale, el resto haremos pis en grupito. 

Tras la comida toca ponerse el bañador (sí, sí) para bajar por el río hasta el hotel en barcas hechas con neumáticos. Esto ya lo hemos vivido en Costa Rica, pero aquí el río está más lleno y es más rápido. La estrategia de ponernos el bañador sin que se nos vea nada que no se tenga que ver es bastante complicada. Yo opto por ponerme pantalones cortos y bañarme con el top; Laura se pone el bañador encima de las bragas, David no se cambia y Jordi es el único que se pone el bañador, momento que aprovecha para sacarse un par de sanguijuelas de los calcetines que han estado haciendo su trabajo. Yo también tengo la marca de una, pero no la encuentro. Ya veré dónde se ha metido. Bueno, de todas formas, el agua del río seguro que lo cura todo. Y yo hago lo que sea por no caminar más con este calor.

Eco y el Ranger y otro local más que se une al grupo (el guía de la... vamos a llamarla canoa hecha de dos neumáticos unidos entre sí con cuerdas, supercómoda, supersegura y superestable) guardan las mochilas en dos bolsas gigantes de plástico que atan con cuerdas. Esperamos que sean muy, muy estancas.

No tenemos fotos de este momento claro, pero sí el recuerdo de que Laura y Jordi se ríen a cada salto, de que David no deja de insultar al capitán cada vez que se las ingenia para mojarnos (sabe que no le va a entender), y de que yo tengo la piel de gallina porque el agua fría no me sienta bien. El caso es que todos bajamos riéndonos. Llegamos al hotel a las 14:30 h. No tenemos la sensación de que sea tan pronto. Yo calculaba que serían las 17 h o así.

Ya en el hotel nos damos una ducha calentita, lavamos la ropa que tenemos que volver a usar mañana (un poquito, para podernos soportar a nosotros mismos) y descansamos un rato. 

Por la tarde salimos a dar un paseo por el pueblo (aunque David y Laura se quedan en la habitación para odiarnos en equipo). Al pueblo lo cruza el río y hay varios puentes (no demasiado elaborados) que lo cruzan, uniendo ambos lados. Nos recuerda, salvando las distancias, a Fenghuang. Aquí se ve a la Sumatra rural, la de verdad. Aquí no hay cajeros. 




La sala común del hotel es muy chula. Está encima de la cafetería. Se sube sin zapatillas porque es toda de madera. Hay puffs repartidos por los rincones y algunas mesas con bancos para pasar el rato. Lo malo es que no tiene mucha luz, pero sí tiene conexión a internet, lo cual no esperábamos en este lugar. Cenamos pronto, pero el servicio va muy lento y es un poco desastre porque hay más gente que ayer cuando llegamos. Hay un grupo grande y creemos que no están muy acostumbrados a tanto jaleo a la vez. Por la noche se oyen ruidos (si son naturales, ¿son ruidos también?) constantemente. Justo delante del hotel tenemos el río, así que sí, a riesgo de parecer poco romántica, acabo durmiendo con tapones. 


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