26 de junio de 2019

OSAKA: Y YO ME PENSABA QUE HOY ERA MAÑANA

Dicen que todo viaje tiene un comienzo. El nuestro se inicia la madrugada del día 24 de Junio del 2019, la “Nit de Sant Joan”. Para nosotros no es una noche corriente. Pero no por la fiesta y el jolgorio de la gente (petardos incluidos) sino por los preparativos y los nervios de nuestro inminente despegue a… JAPÓN. Digamos que entre los ruidos “comunitarios” y la “emoción” que todos llevamos encima, la verdad es que nos cuesta tener sueño. El despertador a las 04:30 am no ayuda en nada. Ya teníamos la mayor parte de las maletas cargadas, así que en poco más de media hora ya estamos todos montados en el coche en dirección al aeropuerto de Barcelona. Allí no tenemos que esperar mucho para que vengan de la empresa Aparca i vola a recoger nuestro coche ( decidimos hacerlo con ellos ya que al final descubrimos que la Terminal de salida no es la misma que la de llegada y nos sale igual de precio que el parquing de larga estancia). Les llamamos 10 minutitos antes de llegar y enseguida aparecen para “sustraernos” el coche (curiosa sensación esto de entregarle a un desconocido las llaves del coche… se nota que somos primerizos en esto…).




Este año viajamos con la compañía KLM haciendo escala en Amsterdam. La verdad es que todo va rodado y no tenemos motivo alguno de queja. Se cumplen los horarios, la comida en el avión es más que decente y el espacio entre asientos no es muy diferente del de nuestros recientes vuelos transoceánicos con Qatar Airlines. El primer vuelo no alcanza las 3 horas, hacemos el enlace sin incidentes y con tiempo suficiente para comer y logramos dormir algo (sobretodo los niños) en el vuelo a Kansai (dura la friolera de 11 horas).

Llegamos a las 09:00 am hora local. Son 7 horas más que en Europa (donde aún es la madrugada). El control de inmigración está bien organizado y las maletas justo salen por la cinta en cuanto llegamos. Recogemos nuestra Pocket WIFI en una oficina de correos (la encargamos desde España) y nos lanzamos a por nuestro primer tren en Japón. En este país la gente se mueve mucho con trenes. La verdad es que enseguida nos damos cuenta de que está todo muy bien organizado, que la puntualidad es máxima y que hay opciones para todos los gustos. ¡Así da gusto! Como no queremos activar aun nuestro JR Pass (se reserva desde España; lo tenemos para 21 días pero estaremos 25 en Japón) optamos por coger el tren RAPI:T de la compañía Nankai. Es un tren altamente recomendable pues comunica directamente el aeropuerto de Kansai con la estación Namba, en el centro de Osaka. Todo son ventajas: no para en Kyoto, sólo tarda 37 minutos, es muy espacioso (nos pegamos el gustazo de viajar en los asientos clase VIP) y nos deja directamente en la zona de Dotombori, que es donde tenemos nuestro alojamiento. Desde la estación hasta el Comfort Hotel Osaka se tardan apenas 15 minutos caminando pero la verdad es que después del palizón del viaje, ir cargados con las maletas y el solazo que hace pues cuesta lo suyo. Son las 12:00 del mediodía y hay gente por todas partes. Pero a diferencia de países como Vietnam o Sri Lanka, aquí hay orden y se cumplen las normas de circulación (para que lo entendáis todos: aquí los semáforos no son meros adornos, la gente no se pone a tocar la bocina con la misma facilidad con que se pestañea y se respeta la vida de los demás cuando se pasa una intersección). El hotel es funcional: ubicación excelente pero espacios reducidos (¡y eso que tiene 11 plantas!). Delante de recepción está el comedor donde se sirve el desayuno (correcto sin más, pero tiene leche y cereales para nuestros peques y café para Fani) que el resto del día hace de sala de estar. La habitación es pequeña pero se las han apañado para colocar 2 camas de 130 metros que es lo que más falta nos hace. Y es que no es fácil combatir el maldito Jet Lag.

Dejamos las maletas en la consigna del hotel (aún no nos dejan hacer el check-in) y nos vamos a comer. Por el camino tenemos nuestro primer contacto con el barrio de Dotombori, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Dicen que es especialmente famoso por su vida nocturna y sus neones pero la verdad es que a plena luz del día no tiene desperdicio; hay gente por todas partes y un gran bullicio especialmente por los comercios. Pasamos por la calle Shinsaibasi, altamente recomendable pues es la calle comercial cubierta más larga de todo Osaka y … ¡está climatizada! Hay tiendas de todo tipo y para todos los gustos. Pero nosotros no estamos para tiendas; tenemos un hambre que no veas. Por puro azar, acabamos en un acogedor restaurante céntrico donde nos sitúan en una salita para nosotros solos y avisas de que estás listo para que te tomen nota o te sirvan ¡con un timbre! Mas tarde descubriremos que es habitual el empleo de timbres en los restaurantes japoneses. Pero el primer día es un pasote. Decidimos hacer una degustación de sushi (para Laura pollito rebozado) y la verdad es que estaba buenísimo (descubrimos que hay sushi de diversas variedades de pescado que desconocíamos por completo, incluido el bacalao y el pulpo). Está todo muy bueno.



Tras la comida paseamos un rato por las calles de Dotombori. Llegamos al canal y alcanzamos el famoso neón de Glico Man, todo un símbolo de la ciudad. De 20 metros de alto por 10 metros de ancho, muestra un atleta sobre una pista de atletismo azul. Justo delante hay un puente que atraviesa el canal de Dotomobori donde todo el mundo se para a hacer las fotos de rigor. Nosotros también caemos en la trampa. Nos llaman mucho la atención las fachadas de los restaurantes de Dotombori: decoración al máximo para llamar la atención de los clientes. Desde dragones hasta cangrejos pasando por pulpos; la verdad es que todo vale (algunos hasta se mueven). Es un constante estímulo para los sentidos. Una locura. 





Muertos de cansancio y con jet lag decidimos volver al hotel a reponer fuerzas (son las 03:00 pm) e intentar hacer el más difícil: una siestecita corta. La verdad es que Fani está hecha polvo. Los niños (recordemos que han dormido más en el avión) se ponen a jugar a las cartas. Fani se queda dormida. Al poco rato también Jordi. Los niños siguen jugando a las cartas. Todo va bien. Pasan un par de horitas. Jordi se despierta y… ¡horror! ¡todo el mundo está durmiendo! Cada niño en una cama con un padre. Jordi consigue contra todo pronóstico despertar a Fani pero los niños… los niños es otro cantar… Las intentonas iniciales son un absoluto fracaso. Se recolocan sin más. Ponemos música... nada. Carantoñas… nada. Movilización enérgica… nada. Los papis hacen cálculos mentales: ¿los dejamos dormir hasta mañana? Miramos el reloj: son sólo las 19:00 hrs. Uffff. ¡Hay que despertalos! Finalmente lo conseguimos.
Laura se despierta. Jordi pregunta: “Pero si os he dejado jugando a las cartas tranquilamente. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacéis dormidos?” Laura responde: “Hemos jugado un rato pero como luego nos aburríamos hemos decidido ponernos a dormir con vosotros…”. Vaya vaya…
David pregunta si es hoy o mañana a lo que nos dice: -Y yo que pensaba que hoy era mañana...

Conseguimos salir a la calle. Ya es de noche. Las luces de neón de las fachadas brillan por todas partes. Uno no sabe a donde mirar. De nuevo llegamos al puente del canal y volvemos a fotografiar el neón de Glico Man. Hay mucho ambiente por las calles de Dotombori a esas horas con gente arreglada para salir (estamos a martes por la noche) y una ingente cantidad de puestos de comida callejera. No podemos evitar (siguiendo las recomendaciones de Laura) de hacer cola en el puestecito del restaurante Kani Doraku, donde nos sirven unas tapas de cangrejo que están para chuparse los dedos. Nos las comemos en plena calle, junto al canal. ¡Sencillamente deliciosas!




Acabamos cenando en un restaurante cerca del hotel. Es un coreano que está atiborrado de gente (nos sorprende que dejen fumar) y con el aire acondicionado a tope. Conseguimos leche para los niños en un supermercado callejero y no tardamos mucho en recogernos. Conseguimos dormir todos hasta más de las 08:00 hrs. La operación jet lag ha ido muy bien.



Al día siguiente tenemos previsto visitar por la mañana el Castillo de Osaka. Llegamos en metro: nuestra primera experiencia no puede ser más positiva salvo por la dificultad en comprender cómo se compran los billetes. Todo está muy bien indicado y es muy intuitivo. Las pasarelas están protegidas y se ve todo muy seguro. Además contamos con la inestimable ayuda de la Pocket Wifi que nos permite utilizar la aplicación Google Maps (te dice qué metro, qué línea y en qué parada hay que bajarse).

Estamos de suerte: hay un cónclave del G20 a partir del día siguiente y el castillo estará cerrado. Pero hoy no. Las medidas de seguridad de empiezan a ser importantes con policía y controles de acceso. Pero conseguimos hacer la visita con normalidad. De la visita lo que más nos llama la atención es su preciosa torre. Nos cuesta un poquito llegar: hace mucho calor y nos confundimos de camino (la verdad es que el parque que rodea el complejo es enorme). Pero la torre tiene premio: ¡está climatizada! ¡Y tiene un ascensor que te permite subir a la octava planta! La visita del interior no es tan espectacular pues está reformado y convertido en un museo. Nos llaman la atención las figuritas que conmemoran una batalla de la 5ª planta y la exposición de sables y armaduras de las plantas 3ª y 4ª. Pero el premio gordo está en la 8ª planta convertida en un mirador con vistas de 360º de la ciudad de Osaka que literalmente quitan el hipo. El skyline es impresionante con la Cristal Tower a la cabeza. Salimos del recinto por la muralla norte donde hay un puente muy chulo que te permite tomar fotos de la torre muy vistosas. Damos un rodeo por el parque hasta llegar de nuevo a la entrada sureste. Allí comemos ensalada y cocas (hay que salir del paso como sea que ya son las 14:00 y el hambre aprieta) y recompensamos el enorme palizón de andar de nuestros peques con una visita a un parque infantil que hay junto al recinto. La verdad es que cuando se ponen manos a la obra ya no hay cansancio que valga y es un auténtico pasote descubrir cómo se nos vuelven a poner a cien con el estímulo adecuado. Risas, carreras y gritos de alegría. ¡Así da gusto!
Por la tarde volvemos en metro al hotel. Compramos la merienda en el super y nos la comemos en la sala de estar mientras reponemos fuerzas.






Osaka's Castle

Después volvemos a recorrer el barrio de Dotombori de nuevo con los ojos como platos y sacando un montón de fotos. Nos regalamos una degustación de cangrejo en la sucursal este del restaurante Kani Doraku (por insistencia de David que ayer se quedó con ganas de más cangrejo) y acabamos en el canal de Dotombori degustando una ración de bolas de pulpo recién hechas en un puesto callejero atestado de gente y tras pasar la cola. Mientras Jordi la pasa Fani consigue mesa exterior con los peques. Aquí la recomendación es de Laura que está cómo loca por volver a comer pulpo (todavía recuerda toda emocionada cómo fue probarla en el cole en un taller dels Girasols Grocs). Sin tiempo para más nos volvemos al hotel a hacer las maletas que mañana toca viajar en tren.




7 de diciembre de 2018

DELFINES A LA VISTA

Nuestro ultimo día en Saö Miguel es el más soleado de todos y nos tiene preparada más de una agradable sorpresa.

Empezamos el día realizando (¡esta vez sí!) el Tour de avistamiento de delfines y ballenas que no pudimos hacer el martes por mala mar. Lo hacemos con Futurismo que tiene muy buenas puntuaciones. Nos citan en el embarcadero de Ponta Delgada a las 08:30 horas y nos hacen la charla introductoria dentro de su enorme catamarán. Suerte que llevamos manga larga porque el barco nada más salir del puerto coge bastante velocidad y hace mucho frío. Recorremos la costa Sur de la isla en dirección a Vilafranca do Campo hasta que podemos contemplar el Ilhéu Da Vila. El islote (convertido en reserva natural desde 1983) se puede visitar en verano. Es bonito ver la costa desde el mar. Nos explican que emplean vigías en zonas estratégicas de la isla que vigilan la superficie del mar: en cuanto descubren algún banco de delfines o alguna ballena alertan al capitán del barco por radio. En el pasado, cuando se permitía la caza de ballenas, era así como se alertaba a los barcos pesqueros de su llegada. De las 80 especies de cetáceos existentes en todo el mundo, 21 pasan por las islas Azores. Nosotros no tenemos suerte; ya sabíamos que el invierno era mala época para ver ballenas. Lo que sí tenemos la suerte de disfrutar son los delfines. Concretamente nos encontramos con 2 bancos de delfines comunes. Al llegar a ellos el catamarán se pone a navegar a poca velocidad: es curioso como los gusta ponerse a nadar a la proa del barco haciendo zig zags y saltando por encima del barco. El catamarán queda abierto por delante y nos permite asomarnos con total tranquilidad a todos. Los niños, especialmente Laura, se quedan fascinados mirándolos. Los buscan bajo la superficie y nos avisan asombrados cuando ven alguno saltar. Reconocen hasta alguna cría. Pasamos un buen rato navegando con ellos. ¡Sólo por este momentazo ya vale la pena la excursión!


Llegamos al puerto a eso de las 12:00 horas. Hace un solazo que no veas y, como ya tenemos hambre, nos sentamos en el embarcadero (en la terraza del restaurante Yatch Club) ha regalarnos el último festín. Repetimos con los 2 productos regionales que más nos han entusiasmado: el queso de Säo Jorge y las lapas greilhadas. ¡Sencillamente espectaculares! Compartimos entre todos una generosa ensalada y añadimos unos filetes de pescado para los peques y calamares para los adultos. Todo regado con un vinito blanco y, de "sobremesa", fruta y cafés. Concluimos con conocimiento de causa que en este país se come muy bien. ¡Que la gastronomía también es turismo!

Después nos vamos a probar suerte con la Lagoa de Fogo (nos la hemos encontrado nublada ya en un par de ocasiones). El tiempo es de escándalo y esta vez no podemos equivocarnos. ¡Y no lo hacemos! Preciosa con la luz del sol. Son casi las 15:00 y, por encontrar algún pero, ya tenemos algo de sombra sobre el principio de la misma (el sol empieza a bajar). Hay varios miradores desde los que se puede contemplar la inmensa laguna desde lo alto y las vistas de la isla. En el 2º mirador hay un pequeño sendero que te permite bajar hasta la orilla. Es un sendero excavado en la ladera por el que se puede bajar con cuidado (niños incluidos); hacemos una pequeña parte del recorrido para hacernos una idea. Las vistas no mejoran y no tenemos más tiempo pues nos queda una última parada antes de que oscurezca.


Nuestra útima parada del día es en el parque de Caldeira Vellha. Otro parque con fumarolas y termas de aguas ferruginosas en las que te puedes bañar. La entrada cuesta 8 euros (niños gratis). Tienen vestuarios. Las duchas y las consignas se pagan aparte. Aquí las termas tiene temperaturas muy variadas. Hace bastante frío a esas horas por los que buscamos las más calentitas. El entorno natural es precioso con senderos rodeados de un auténtico vergel natural donde se oyen el trinar de los pájaros. ¡De ensueño! En lo más alto te encuentras una zona termal con una cascada muy hermosa pero el agua está a 23º y nadie se atreve a meterse. No hay mucha gente aunque las termas inferiores son muy pequeñas y enseguida parece que haya multitud. ¡No nos imaginamos como debe ser esto en pleno verano! Nos lo pasamos muy bien. La verdad es que la experiencia de bañarse en aguas termales en plena naturaleza es altamente recomendable, especialmente en época invernal.


Sin tiempo para más pues está anocheciendo volvemos a nuestro alojamiento en Säo Roque para hacer las maletas.

6 de diciembre de 2018

AVENTURAS EN FURNAS

Nuestro tercer día de sol en la Isla de Säo Miguel arranca con un firme propóstito: explorar la Lagoa do Fogo. Hemos leído mucho acerca de ella. Pero la más recurrente es lo difícil que es verla pues suele estar siempre cubierta por una espesa neblina. Mucha gente ha pasado hasta una semana en la isla recorriendo cada día el paso de montaña sin posibilidad de verla desde los miradores.

Nos despertamos al amanecer y no nos entretenemos demasiado. En media horita llegamos a la zona de los miradores tras ascender desde el sur tras dejar atrás la población de Lagoa el pueblo de Remedios. Justo cuanto estamos a punto de llegar de repente nos envuelve una intensa niebla que no sabemos de donde ha salido. El caso es que lo tapa todo y es realmente fantasmagórica. Llegamos a los miradores: no se ve absolutamente nada. Esperamos un rato. Aparecen algunos vehículos más: todo el mundo corre la misma suerte; nula visibilidad y expectación al garete.
Reignados iniciamos la bajada por la ladera opuesta pensando en un plan alternativo para pasar el día. En el último mirador se abre un poco la densa niebla y conseguimos hacernos una día de cómo es la laguna. Tomamos unas fotos muy deprisa antes de que se vuelva a tapar por completo.

Cambio de planes: optamos por volver a la región de Furnas pues nos han quedado cosas chulas por ver. Lo primero que hacemos es tomar el desvío señalizado al mirador del Salto do Cavalo, que domina la laguna desde una altura de 805 metros y el mar (tanto al norte como al sur). El desvío supone un trayecto de 6.2 km pero merece la pena.

Mirador Salto Do Cabalo
Uno de los grandes alicientes de Furnas es visitar el parque botánico de Terra Nostra Garden (la entrada cuesta 8 euros por adulto). El espacio es más grande de lo que puede parecer al principio y está dividido en varios sectores, todos ellos perfectamente cuidados, con plantaciones temáticas. Lo primero que te encuentras es el lago artificial, de aguas ferruginosas, donde está permitido el baño. Lo dejamos para el final como recompensa para nuestros peques si se portan bien durante la visita. Decidimos nombrarlos exploradores oficiales y los lanzamos a la aventura por delante nuestro a buscar las marcas del camino de visita señalizado. 
Justo delante del lago artificial se alza un palacete decimonónico, la Casa do Parque. No se puede visitar.


La ruta prosigue después por los diferentes recintos con presencia de más de 140 variedad florales entre endémicas y foráneas. Destacar el Valle das Cycas (con hasta 55 tipos de palmeras), la recinto de las camelias (a pesar de ser invierno todavía hay bastantes en flor) y la avenida de las alamedas (espectacular). Completan la ruta un sinfín de paseos bordeados por palmeras y cañas de bambú. El recinto se ve atravesado por un río canalizado que alimenta varias lagunas (incluye una volcánica) y termina en zona de grutas.


Al final del recorrido nos espera la posibilidad de darse un baño en sus aguas termales tanto en el lago artificial como en la zona de las termas. Tienes vestuarios y hasta una ducha. Los niños se lo pasan de miedo, especialmente bañándose en el lago artificial aunque a los papis les faltan brazos (la profundidad es de 150 metros y no se ve absolutamente nada). La visita vale la pena. Estamos cerca de 3 horas dentro entre el recorrido y el baño.


Al salir nos damos cuenta que es más tarde de lo que nos pensábamos. Es lo que tiene ir de vacaciones por libre: el tiempo se pasa sin que te des cuenta. Son más de las 14:00 y tenemos que comer. Esta vez queremos desquitarnos y hacer turismo gastronómico de verdad. Tenemos abierto el restaurante Caldeiras & Vulcöes y decidimos ir allí a pegarnos un festín. Pedimos de todo: tabla de quesos, entrecotte (Jordi), pulpo (Fani), pasta (niños), vino blanco afrutado (¡brutal!) y pasteles y café de "sobremesa". La verdad es que nos ponemos las botas y tenemos el restaurante para nosotros solos (¡nada como viajar en temporada baja!).

Después de comer cuesta moverse, pero no nos queremos ir de Furnas sin pasear por la ladera del lago. Allí descubrimos al Gandalf de Furnas ( ver simplemente la foto ) y los peques se lo pasan genial corriendo y recogiendo ramas de árboles para jugar. Parecen inagotables!!!




5 de diciembre de 2018

EL CRÁTER DE SETE CIDADES

Segundo día de sol en las Azores... ¡Esto hay que aprovecharlo!
Hoy toca explorar el sector occidental y, para ser más precisos, la zona de Sete Cidades. Esa que sale en todas las fotos con sus 2 lagunas bicolores; la imagen más emblemática de la isla.
La zona se constituyó a partir de la erupción de las antiguas bocas de un inmenso volcán; a partir de ahí se formaron lagunas, mayores y menores, que salpican toda la región. De acuerdo con una leyenda, su erupción hizo desaparecer del mapa siete grandes poblaciones para evitar la codicia de los marineros que venían en pos de sus riquezas.

Cogemos la carretera que bordea la costa suroeste y optamos por coger el 2º desvío en dirección a Sete Cidades. Nos lleva directamente a unos de los miradores más famosos de la región: el Mirador Vista do Rei. El paisaje es precioso y la luz del sol nos ilumina el cráter por completo. ¿Pero donde están las lagunas? ¿Y el pueblo? Una densa niebla espesa lo recubre por completo. La imagen es preciosa pero sabemos que tendremos que probar fortuna un poco más tarde (otro día en el peor de las casos). Hay un hotel enorme al lado en la ladera que da bastante pena pues está abandonado y en muy mal estado; sorprende ver turistas entrar a hacer fotos panorámicas cuando unos carteles lo prohíben expresamente. Nos preguntamos quién dejó que se construyera un hotel aquí...

Mirador Vista Do Rei
Continuamos con el vehículo hasta el recinto de la Lagoa do Canario. Nos sorprende que la señalización de este enclave tan importante sea tan escasa. Si no vienes estudiado no le das importancia y te saltas el acceso seguro. Pero nosotros sabemos que dentro se encuentra unos de los miradores más espectaculares de toda la isla. Se accede por una puerta metálica. ¡Cuidadito con los horarios de acceso: de 08:30 a 16:00 en verano y sólo hasta las 15:00 en invierno! La entrada es gratuita (¡que raro!). Con la puerta cerrada se puede entrar sin el coche pero entonces te toca caminar un buen trecho. El recinto tiene un acceso a la laguna que le da nombre: no es muy grande pero de nuevo ver reflejada tanta naturaleza (la rodea un espeso bosque circular) en sus clamadas aguas mientras escuchas el trinar de los pajaritos y se hace el silencio es sencillamente sobrecogedor. Los niños se quedan callados un ratito (ratito no es rato, que quede claro) contemplando la superfície. 

Lago Do Canario
Después seguimos con el coche por una pista de tierra perfectamente acondicionada unos 5 minutitos hasta llegar a una zona para aparcar. Vemos una zona acondicionada que te permite acceder al mirador Grota do Inferno. El ascenso es muy sencillo y te plantas en el mirador en menos que canta un gallo. No sabemos que es más espectacular: si las impresionantes vistas del inmenso cráter y sus lagunas mayores o el propio sendero que te conduce al mirador. En el rato que hemos tardado podemos apreciar como la niebla se ha empezado a despejar: ya no es tan tupida y permite insinuar el pueblo de Sete Cidades y la laguna azul pero la visibilidad sigue siendo mala. Sí podemos ver las primeras lagunas (más superiores). La imagen sigue siendo muy hermosa. No hay mucha gente (recordemos que estamos en temporada baja); menos mal porque no hay mucho sitio, la verdad.

Mirador Grota Do Inferno




Como sabemos que tenemos que volver a probar fortuna con el mirador un poco más tarde decidimos hacer una caminata por la zona de las lagunas menores. Por aquello de hacer un poco de tiempo (son las 11:00 hrs). Como venimos estudiados sabemos que tenemos la ruta PRC-5 que recorre la Serra Devassa: senderismo corto y fácil tal como indica el cartel. Marca 4.9 km pero pensamos que según como lo lleven nuestros peques nos podemos dar la vuelta en cualquier momento. La verdad es que la ruta lo que se dice fácil no es. Entre las zonas de barro, la inclinación (hay que subir a 880 metros de altura) y las piedrecitas (perdón: megapiedras) que hay por el sendero la cosa se pone "interesante". Pero entonces salta la sorpresa del día: nuestros peques se lo toman como un reto. Van delante nuestro y empiezan a marcarse pequeños objetivos con un ánimo que todavía flipamos al recordarlo. Primero subimos una primera pendiente hasta un primer mirador donde puedes contemplar la 1ª laguna, la de Eguas. La visibilidad es buena y es entonces cuando tienes claro que estás en una isla: ves el mar que te rodea tanto al sur como al norte. El camino, todo y la dificultad, es precioso y esta primera parte se muestra algo más árida. Desde el primer mirador hay una rampa bastante pronunciada que sube al segundo, donde llegas al punto más alto de la ruta. Vale mucho la pena llegar a él pues las vistas son impresionantes. Tienes una visión de la zona de 360º preciosa. Desde aquí ya puedes ver la lagoa Rasa desde lo alto. Los niños están muy contentos de haber logrado completar el ascenso. ¡Una pasada! 

Ruta Serra Devassa




Se tardan cerca de una hora en llegar a este punto y eso que hemos recorrido menos de 2 km. Vemos como el sendero desciende de forma bastante plana por la zona sur y da la vuelta en un recorrido que parece plano por detrás de la laguna Rasa. Nos entra la duda de por donde regresar: por donde hemos venido o continuamos. Vemos los peques animados. La verdad es que no nos hace mucha ilusión volver por el mismo sitio así que finalmente (y a paso ligero) continuamos hacia adelante. ¡Y acertamos de pleno! El descenso es mucho más sencillo y el sendero que rodea la laguna es plano por lo que avanzamos mucho más deprisa. Encontramos un desvío a las Lagoas Empadadas pero decidimos no tentar más la suerte. ¡Tampoco hay que pasarse! El último tramo es algo más complicado pues atraviesa directamente una zona de bosque donde el sendero deja de ser plano. Los niños, lejos de desanimarse, se ponen a corretear y a saltar. En un santiamén terminamos el recorrdio circular y retomamos el camino del inicio a menos de un kilómetro del aparcamiento. Llegamos al coche a eso de las 13:00 hrs con los niños sonrientes y felices. ¡Misión cumplida!


El tiempo se pone algo feo y amenaza con ponerse a llover. Pero no nos desanimamos en absoluto. Han pasado más de 2 horas y es muy probable que la espesa niebla que cubría las lagunas mayores se haya difuminado. ¡Y efectivamente lo ha hecho! Pasamos de nuevo primero por el Mirador de la Grota do Inferno y después de nuevo por el de Vista do Rei. 
¡Valió la pena esperar!


Se nos ha hecho un poco tarde. Decidimos iniciar el descenso hacia las lagunas mayores y el pueblo. La verdad es que no cuesta nada llegar: la carretera está en perfectas condiciones, la pendiente no es muy pronunciada y es bien ancha. Por el camino nos detenemos un momento en el Mirador do Cerrado das Freiras: las vistas también son espectaculares pues al estar a menor altura puedes ver mejor el pueblo y las 2 lagunas mayores: la Lagoa Verde (perímetro de 4 km y 750 metros de ancho) y su inseparable hermana mayor, la Lagoa Azul (perímetro de 8.5 km y 2400 metros de ancho). Un puente pasa por entre ambas permitiendo el acceso de los vehículos al pueblo de Sete Cidades.

En el pueblo paramos a comer en el Restaurante Lagoa Azul: la comida no es nada del otro mundo pero nos sirven deprisa y las cantidades son muy generosas.
Después paramos un momento en la Iglesia de Säo Nicolau; está en obras pero el enclave es precioso pues se ve precedido por un precioso paseo flanqueado por hileras de criptomerias a ambos lados.
La verdad es que es impresionante pasear por el pueblo: te ves rodeado por el cráter hasta donde te alcanza la vista. Estás literalmente dentro. Todo un remanso de paz.

Decidimos apurar la última hora de luz en la zona de las lagunas mayores (estamos en invierno: aquí tienes puesta de sol a las 17.30 hrs aproximadamente). Al llegar hemos visto que había una zona para aparcar el coche junto al borde de la laguna verde muy cerquita de una simpática colonia de patos. Hemos pensado en coger un poco de pan del restaurante y los niños se lo pasan bomba dándoles de comer mientras los papas se entretienen a sacar fotos y contemplar la laguna.

Pueblo de Sete Cidades
Lagoa Azul
                          
Regresamos por la cara contralateral del cráter en dirección al puerto de Ferraria, en la costa oeste de la isla. Allí nos espera nuestra última parada teniendo en cuenta que está empezando a oscurecer: el faro de Ferraria. Está cerrado (la última visita concertada era a las 16:30 hrs) pero las vistas de la costa son muy bonitas. Los niños mantienen el subidón del día y se ponen a correr y jugar en la zona ajardinada que hay frente al edificio. La isla nos regala un atardecer precioso.

Faro Do Ferraria

4 de diciembre de 2018

DEL LAGO DO COMBRO A LAS CALDERAS DEL LAGO DE FURNAS

La notícia del día es que... ¡NO LLUEVE!
¡La verdad es que después de 3 días en la isla ya tocaba!

Tal y como teníamos previsto hoy, nos dirigimos al embarcadero de Ponta Delgada ya que tenemos reservado un tour de unas 3h con la compañía Futurismo para ver ballenas. El avistamiento de ballenas es uno de los muchos reclamos de las Azores. No es la mejor época para verlas pero decidimos probar suerte.... no la tenemos: nos cancelan la salida por las condiciones climatológicas. ¡En fin, no es que la isla nos lo esté poniendo fácil! Decidimos reservar el Tour para el viernes y volver a probar suerte en nuestro último día. 

Cambio de planes. No pasa nada. ¡Hay tanto por ver!
Además no hay mal que por bien no venga: es pronto ya que nos han hecho madrugar y hemos podido disfrutar de los primeros rayos del sol sobre el embarcadero de Ponta Delgada.


Decidimos pasar el día en la Concelho de Provaçao - sector sudeste y visitar la región de Furnas. Allí nos esperan un montón de atractivos turísticos. Para llegar el Concelho de Provaçao puedes hacerlo por el Sur o por el Norte: ambos caminos inician sus tramos por vías principales y haces los recorridos muy deprisa. En los tramos finales pasas a carretera secundarias y tardas algo más aunque sigue estando en muy buen estado y el GPS nos da un tiempo inferior a una hora para ambos recorridos. Nosotros vamos por el Sur pues nuestra primera parada queda más cerca por esa vía.

Hemos decidido empezar el día visitando la Lagoa do Combro. Ya hace días que la tenemos marcada en la agenda. Por lo que habíamos leído en blogs de viajeros es un lugar muy especial y poco publicitado que suele saltarse la gente. ¡Y vale mucho la pena!

Llegar hasta ella no es fácil: la carretera principal se te acaba en la región de Vilafranca do Campo. Entonces tienes que tomar la R 4-2 en ascenso en dirección Furnas. Todos los mapas te muestran una laguna rodeada de un manto verde a media subida. El desvío hacia la laguna está bien señalizado en ambas direcciones sólo que una vez lo tomas entras en una pista de tierra. Nos adentramos muy poco con el coche (hay unos socabones importantes y el camino es muy estrecho. Tenemos miedo de liarla): en cuanto vemos la señal de la laguna aparcamos y hacemos el resto del camino hasta la entrada a pie.

La laguna está emplazada en un maar. Un maar es un cráter volcánico ancho y bajo provocado por una explosión de agua subterránea que ha entrado en contacto con lava caliente, como si la tierra hubiera sido absorbida. Es habitual que después se llenen de agua formándose lagos de poca profundidad en un cráter.

Nada más acceder a la entrada ya vemos que se trata de un lugar especial. ¡Mágico diríamos! Te encuentras una senda que desciende hasta la laguna atravesando un denso bosque de laurisilva, cedros y eucaliptos. El sendero va bajando en zig zag y se va estrechando aunque es imposible perderse. La vegetación es tan tupida que no pasa la luz del sol. Se tardan unos 20 minutos en bajar y otros 20 en subir. Nos encontramos un tronco en medio del camino: hay que agachar las cabezas. Hay zonas en las que las ramas de los árboles son tan numerosas y gruesas que forman hasta escalones naturales. El camino está algo mojado pero poca cosa teniendo en cuenta los aguaceros de los últimos días. Se está fresquito y hay mucho musgo por el camino. Se respira humedad, y bajo los ruidosos pasos de nuestros peques, se oyen pájaros y extraños sonidos entre las ramas. Nos encontramos con un par de turistas pero la verdad es que tenemos el lugar para nosotros solos (a nuestra salida llegará más gente pero es lo que tiene madrugar).
Finalmente se llega a la laguna: de color verde. Es mucho más pequeño que otros lagos de la isla (tiene poco más de 1 km de perímetro) pero es realmente bonito con todos los árboles rodeándolo y reflejándose en sus aguas. Además la luz va cambiando pues van pasando unas nubes de vez en cuando por delante del sol.

David y Laura disfrutan de nuestra pequeña aventura. Laura nos hace ir en fila india. Es la guía de esta pequeña expedición. En poco más de una hora estamos de vuelta en el coche. No nos queremos irnos de este lugar que nos ha hipnotizado.
Un lugar de cuento.






Nuestro recorrido nos lleva ahora a la región de Furnas, donde tienes la tercera laguna de la isla (en tamaño) y la localidad del mismo nombre. Como venimos por la R 4-2 cogemos el desvío por la R 2-1 en dirección a Furnas. Al poco rato, tras bordear un campo de golf, llegamos el mirador Pico Do Ferro. Un lugar imprescindible: es el mirador más famoso sobre la laguna. El lugar está perfectamente acondicionado. Situado a 544 metros de altura, permite contemplar el pueblo de Furnas al oeste y la laguna al este. Y no decepciona en absoluto; especialmente en un día soleado como el de hoy. La laguna, de 2025 metros de largo y 1600 metros de ancho, tiene una profundidad máxima de 12 metros.




Iniciamos el descenso al cráter. Tras entrar en el pueblo tomamos rápidamente la salida en dirección a la laguna. Desde el mirador habíamos divisado una zona recreativa junto a las famosas caldeiras. Podemos acceder sin problemas. Hay una zona de parking y te cobran 2 euros por adulto tras pasar un control de acceso. Allí, tras un bosque de hayas, te encuentras con la zona de las caldeiras: unas fumarolas sulfurosas, con el agua a 61.5ºC. El lugar está acondicionado: hay unas pasarelas que te permiten recorrer la zona y pasar por encima. El olor es brutal. Pues resulta que es en estas fumarolas donde se prepara el célebre cocido nas caleiras. El proceso consiste en introducir unas ollas en unos sacos que, a su vez, se depositan en unos cilindros de hormiguón insertados en las fumarolas. Entre los ingredientes hay carnes y vegetales. Los diferentes restaurantes de Furnas tienen cada uno asignadas unas fumarolas donde dejan cocerse a fuego lento (a lo largo de 5 o 6 horas) las viandas. Nosotros hacemos la visita a eso de las 13:00 hrs: nos toca el privilegio de ver cómo vienen los empleados de un restaurante a retirar los sacos y llevárselos en una furgoneta. Recorremos la zona recreativa; los niños juegan a perseguir primero unos patos y después unos gatos (¿o es al revés?). 




Hay un camino que te permite bordear la laguna en su totalidad. Nosotros recorremos sólo el tramo inicial hasta alcanzar un río que podemos cruzar con unos escalones de piedra. Las vistas de la laguna son espectaculares.

Como ya tenemos hambre decidimos ir a comer. Hay algún que otro restaurante cerrado (es martes); acabamos en el Tony´s Restaurant, junto a la iglesia central. No es nada del otro mundo pero te sirven el famoso cocido sin necesidad de reserva previa. Así que lo pedimos: lleva carnes (ternera, cerdo, pollo, morcilla y chorizo) y vegetales (acelgas, patata, zanahoria y coliflor). Pero esto es Furnas y aquí se viene a comer cocido.Los niños devoran unos nuggets de pescado.  Es como cuando fuimos a Gruyères y nos pedimos la famosa fondue. Te puede gustar más o menos pero hay que probarla. 


De vuelta al coche pasamos por una panadería local a comprar pan. Fani, con toda la buena intención del mundo se dirige a un par de ancianos que regentan el local.
- Good afternoon. Can I have some bread?
Los ancianos se la quedan mirando con cara de estupefacción.
Jordi se ha quedado en la entrada junto a los peques: Queremos PAN.
Contestan: Aaaaaah! PÄO! - y sonríen. 
Nos ofrecen unas enormes hogazas de pan que son lo único que les queda a esas horas. Nos garantizan que con ellas tendremos pan para 2 o 3 días. ¡Y razón no les falta! Nos sorprenden que está bien tiernas. Laura se queda con la hogaza y la alza frente a su cara. Nos dice riendo: ¡Mirad! ¡Tengo cara de pan!


Decidimos darles unas sorpresa a nuestros peques y pasar lo que queda de tarde en unos baños termales. Nos decidimos por los más famosos de la ciudad: los de la Poça da Dona Beijia. Te cobran 6 euros por persona a partir de 6 años (Laura sólo paga 4 euros). Tienes acceso a vestuarios y te dan unas cestas (como en el super) para que coloques la ropa y la lleves al pie de las termas antes de meterte dentro. Pasamos bastante frío desde que te cambias hasta que llegas a la terma. Pero el recinto no es muy grande y llegas enseguida. La sensación una vez que entras en el agua es sencillamente espectacular: ¡están a 39ºC! ¡Una pasada! Imposible reproducir la cara de felicidad de los niños dentro. No se puede bucear: el agua está como impregnada de minerales. Pero es muy relajante. Hay 4 termas habilitadas durante nuestra visita. Estamos más de una hora en remojo cambiando de terma. Al final acabamos todos con la cara como un tomate y decidimos salir antes de que nos dé un soponcio. Nos sorprende que al salir no pasamos casi frío.


Y así acabamos el día, volviendo a casa con energías renovadas.

3 de diciembre de 2018

LA FÁBRICA DE TÉ

Nuestro segundo día en Saö Miguel se vuelve a presentar nublado y con amenaza de lluvias. De nuevo nuestra agenda se ve alterada por el mal tiempo. Intentamos acceder a Furnas. La verdad es que nos sorprenden las carreteras en este país: en general, están en muy buenas condiciones y te plantas en los puntos más importantes en un santiamén. En menos de media hora llegamos a Ribeira Grande. Desde allí a Furnas el GPS nos marca cerca de 15 minutitos; por desgracia a medio camino nos vemos envueltos en una intensa niebla y apenas no vemos nada del paisaje. El cielo amenaza con descargar un aguacero. Optamos por dar media vuelta y volver al norte. 

Por el camino nos encontramos la Fábrica Chä Gorreana y decidimos hacer un alto en el camino aprovechando que el tiempo aguanta y hacer una visita. Se fundó en 1883 y, sin empleo de productos químicos, produce 40 toneladas anuales de té. La visita a la fábrica es gratuita y es todo un lujazo por diversos motivos. Primero porque te encuentras a los trabajadores tan tranquilos faenando: algunos moliendo, otros preparando los saquitos de té,... Y son todos muy amables. Después porque la maquinaria es muy antigua y todo destila un sabor a antiguo muy auténtico. Y, finalmente, porque hay varios dispensadores de té con tazas al lado que te permiten probarlo de forma gratuita. Al final de la visita te encuentras con la tienda: ¡imposible resistirse a hacerse con algún saquito de té verde!

Otro de los grandes alicientes de la visita es que puedes salir a pasearte por las 50 hectáreas de té que tienen alrededor de la fábrica. Así decidimos pasearnos un ratito por entre los setos de té. Está nublado y corre mucho viento pero como no llueve podemos recorrer un buen trecho con nuestros peques. Hay trabajadores recolectando té. De la planta en sí nos sorprende como los niños se ponen a examinarla y descubren sus flores.







Cuando salimos de la plantación empieza a llover a cántaros. Optamos por retroceder por la carretera en dirección a Ribeira Grande. Por el camino nos encontramos con el Mirador de Santa Iria; uno de los más populares de la isla. Dejamos el coche aparcado y nos esperamos a que deje de llover. El viento es muy fuerte y optamos por ir al mirador por turnos dejando a los niños dentro del coche. Las vistas (algo deslucidas por la climatología) te permiten apreciar la costa en una gran extensión. Los acantilados, tapizados de verde, son muy chulos. A los pies del mirador vemos una preciosa cala.


La verdad es que el tiempo se pone muy feo y un temporal y lluvia y viento se nos viene encima. No podemos hacer gran cosa: desde donde estamos optamos por dirigirnos a la ciudad de Ribeira Grande, el segundo núcleo más poblado de Saö Miguel. A pesar del temporal logramos recorrer estoicamente algunas de las calles del casco antiguo. Nos llaman la atención la ajardinada ribera y la plaza central con torre del reloj. Desde la plaza municipal vemos otra plaza que te permite acceder a la iglesia de Nossa Senhora de Estrela. Es bonito aunque entre los chubasqueros y los paraguas hay poco tiempo para el deleite. Decidimos intentar salvar el día hacemos lo único que queda por hacer con día tan horrible: pegarnos una buen comilona. No resulta fácil encontrar el sitio adecuado. Nos dirigimos hacia el puerto: vemos un enorme gentío entrando en O Esgalha: el lugar, muy osucro y ruidoso, no nos invita a quedarnos. Seguimos deambulando por las calles y acabamos en el puerto. Y entonces hacemos el descubrimiento del día: el restaurante Alabote. Un lujazo de local. Amplio y confortable, está casi vacío. Tienen una pequeña zona de recreo infantil cerca de las mesas: los niños se van para allí enseguida. Nos pegamos un auténtico festín. ¡Por fin probamos un platazo de lapas graelhadas! Y después nos regalamos una caldereta de arroz con marisco y todo regado con un buen vino blanco afrutado azoriano. ¡Y degustamos uno de sus famosos quesos! Todo un ejemplo de turismo gastronómico. Y es que a mal tiempo... ¡a llenar el buche!



El tiempo sigue muy feo y no da tregua alguna. Entendemos que no vamos a tener suerte. Nos consolamos viendo la previsión del tiempo para el resto de días en la isla. ¡Parece que la cosa mejora bastante a partir de mañana!

De todos modos no tiramos la toalla y hacemos una última intentona: tenemos la esperanza de que podamos hacer una visita a la Caldeira Vellha y, con suerte, darnos un bañito en sus aguas termales calentitas. No tenemos suerte: llegamos a la entrada del recinto... ¡está cerrado!

Nuestro último intento de hacer algo provechoso en la isla nos lleva a recorrer de forma infructuosa la pista de carretera que rodea la Lagoa de Fogo. Nada más empezar a ascender nos vemos envueltos en una espesa niebla. ¡No se ve absolutamente nada!. Pasamos junto a sus miradores. Visibilidad nula. Al poco rato nos vemos descendiendo la ladera por el otro lado y regresando a nuestro alojamiento en San Roque más pronto que nunca.

El tiempo mejora justo al llegar pero ya está oscureciendo. Jordi va a hacer unas compras de última hora y puede disfrutar de una puesta de sol desde la playa de Milícias con vistas a su preciosa iglesia.