5 de agosto de 2017

YA ES DE DÍA ? YO FLIPO

Días 4- 5 y 6  de Agosto del 2017

Nos levantamos a desayunar sin prisas. Nos vamos de Villa Perpetua, donde a pesar de las vistas, nos hemos aburrido un poco. Y es que no estamos acostumbrados a tanto tiempo libre. El hotelito está muy bien. Pequeño y familiar y con un servicio que ha sido super amable, aunque con un menú poco variado ( escoger entre espaguetis con pollo o con ternera para la cena no es escoger según lo veo ). El desayuno eso sí, genial. Tostadas con mantequilla, té o café, leche para los peques, tortillas ( la mía normal o como dicen aquí plane y la de Jordi con todo o como dicen aquí Srilankese ), fruta y zumo de papaya. Mientras desayunamos unos novios vestidos con trajes tradicionales a lo “realeza” se hacen unas fotos en el jardincito del hotel.

Nos vamos en dirección a Tissa. Por el camino hacemos una pequeña parada para visitar las Cascadas de Rawana. Están a pie de carretera, a 6 km de Ella en dirección a Wellawalla. En 15 minutos ( o menos ) ya las hemos visto. Miden 19 metros de altura. No son nada del otro mundo, pero nos van de paso. Lo curioso es ver que, a pesar del cartel informativo que anuncia que han muerto 36 personas aquí, hay unos turistas bañándose.


Nuestra siguiente parada sí es para nosotros obligada. Cerca de Tissa, se encuentran las Ruinas de Buduruwagala ( budu de buda, ruva de esculpida y gala de roca ), donde encontramos preciosas imágenes milenarias de buda, talladas en la roca. Son los vestigios de un templo cuya construcción no llegó a terminarse. En el centro te encuentras un Buda erguido ( de 15 metros de altura; el más alto de la isla ). La entrada cuesta unas 300 rupias ( LKR ) y prácticamente no hay turistas. Un lujo.


Finalmente llegamos a la ciudad de Tissa. Junto a la carretera se pasa junto al Tissa Wewa, un enorme embalse o lago artifical. Está rodeado de árboles. Dentro de la ciudad visitamos su enorme Dagoba, toda ella pintada de blanco. Fue construida por Kavantissa, un rey de Ruhunu en el 200 a. C. Tiene 165 metros de circunferencia y 55.8 metros de altura. La recorremos maravillados y recordando las Dagobas de Anhuradhapura. ¡ Eso sí, hace un calor que no veas !


Paramos a comer a las 12:30h en un restaurante buffet por menos de 3000 LKR, uno de los más baratos donde hemos comido y que además, no nos cobra nada por los niños. Como casi todos, incluye el postre y té o café.

A las 13.30h nos espera nuestro jeep para ir a Yala. Estamos impacientes y expectantes y esperamos tener suerte y ver alguno de los leopardos del parque, aunque sólo sea uno. Dhanu nos estuvo enseñando espectaculares fotos de sus visitas al parque ( incluido una de un leopardo atacando a un antílope ).

Llegados a este punto conviene hacer una serie de puntualizaciones en relación a los safaris ( el de Yala es nuestro tercero y al día siguiente realizamos el de Uwa Walawe – 4º y último de nuestro intenso viaje ). Puedes ir en grupo o alquilar un jeep para ti sólo. Necesitas un buen chófer que en la mayor parte de ocasiones – fue nuestro caso – te hace de guía. El coste en Yala fue de casi 100 euros pero estuvo casi 6 horas con nosotros ( desde que lo cojimos a la entrada del parque tardamos media hora ). Creemos que es muy importante la hora que se elige para realizarlo. En efecto nosotros hemos tenido más fortuna a la hora de ver avifauna con los safaris de primera hora de la mañana cuando apenas todo parece despertarse y la luz está preciosa ( eso sí, son safaris que empiezan a las 06:00 am lo cual implica un supermadrugón ). El efecto madrugón suele darte para un par de horas; pasado ese tiempo es como si alguien le diera a un interruptor y ya casi no hay más vida ( ¡ demasiada calor ! ).
Es muy importante como es el guía. A parte del horario elegido creemos que es un factor que puede marcar la diferencia entre un buen o un mal safari. En efecto, esto no es ninguna carrera. De hecho, hemos observado que cuánto más lento y tranquilo va ( especialmente si es propenso a apagar el motor del vehículo para no ahuyentar a los animales ) más probable es ver avifauna. En muchos casos no es necesario ver un leopardo para disfrutar la visita. Creemos que enfocar la visita a ver sólo un determinado tipo de animal es erróneo y fuente de frustración. Hay muchas aves, muchos animales “menos importantes o populares”, muchos paisajes y muchos árboles a contemplar en estos parques naturales. Si el guía es bueno te lo hace apreciar. Por cierto, hay que aprenderse una norma básica: es más probable per animales en los pequeños claros de hierba y las muchas pozas. Y si queréis ver aves recordad mirar las copas de los árboles.
Suele hacer bastante calor y son bastante largos ( promedio de 3 horas ) así que es recomendable llevar agua y algo de comer ( picnic o galletas ). Lo mejor es ponerles el cinturón de seguridad a los niños pequeños ( hay bastantes baches ) y no sacar ni la cabeza ni los brazos por los laterales del vehículo pues la rama de algún árbol de puede dar un buen disgusto.

El parque de Yala es famoso por sus leopardos pero la visita resultó un fracaso. Quizá influye la hora ( safari de mediodía de 14:00 a 17:00 hrs ), quizá influye el guía ( conducción agresiva en modo persecución ) o quizá es cosa de la mala suerte. La naturaleza es así. El caso es que no solamente no vimos a ningún leopardo, sino que no vimos ni elefantes, ni cocodrilos, ni osos, ni chacales, … Parecía una cacería: todos los coches dando vueltas por la misma zona y corriendo de un lado a otro como poseídos. Conseguimos ver búfalos de agua ( verlos sumergidos casi en su totalidad en el agua no deja de ser impactante ), jabalíes, mangostas y monos. De Yala nos quedamos eso sí con sus paisajes. El bosque es poco tupido y hay muchas zonas áridas. Tiene zona de playa: tras 3 horas de conducción estirar las piernas es todo un regalo.





Tras el decepcionante safari, todavía nos queda añadir una hora más de coche hasta nuestro alojamiento en el Hotel Kottawata Village. Decir que llegamos rendidos, especialmente los niños. El hotel tiene unas cabañas muy chulas y la ambientación es estupenda. Eso sí, el restaurante es un desastre. Lo bueno del alojamiento es que se encuentra a apenas 10 minutos del Parque de Uda Walawe y al día siguiente tenemos safari matutino a las 06:00 am. ¡ Todo un acierto para reducir el impacto del megamadrugón !

El despertador suena a las 05:20 horas. A los 10 minutos despertamos a David. Entreabre los ojos y mira por la ventana:
“ ¿ Ya es de día ? ” – pregunta. Apenas el día empieza a clarear.
“Yo flipo” – nos suelta sin que nos dé tiempo de abrir la boca.

Nos vamos sin desayunar. Nos encontramos enseguida con el Parque. Una cerca lo rodea mientras nos acercamos a la entrada por la carretera. Vemos pasar un elefante: nuestra suerte parece haber cambiado.

La visita no tiene nada que ver con la del día anterior. Se puede atribuir al horario o a nuestro chófer. No se puede saber, pero éste último se esmera un montonazo en hacernos ver un montón de cosas aunque en principio no revistan tanta importancia como otras. Para él – y opinamos igual – es lo mismo ver un elefante que un enorme abejorro sobrevolando flores. Llama nuestra atención sobre las aves del parque – la luz está impresionante – en las copas de los árboles. Sin prisa, espera a que podamos tomar las fotografías de rigor. En un punto del camino nos caen cuatro gotas a pesar de que hace un solazo que no veas y sale el arcoíris. Vemos unos árboles preciosos. Como plato fuerte una manada de elefantes – con bebé incluido – que se muestran bastantes más ágiles de lo que uno pudiera creer. Incluso tenemos, durante un ratito, un elefante desayunando junto al jeep.
Las sensaciones son muy diferentes a las del día anterior y nos vamos muy contentos.










Volvemos a desayunar al hotel y a hacer las maletas. Como sólo son las 10:00 y hemos quedado con Dhanu a las 11:00 nos da tiempo de refrescarnos en la piscina.

Partimos hacia Tangalle ( 1,5h de camino ) y al llegar al nuevo hotel ( Lagoon Paradise Beach ) nos despedimos de Dhanu. Los peques le han hecho unos dibujos de nosotros y él viajando en la furgoneta. Nos hacemos una foto juntos ( David está de mal humor, se ha quedado dormido en el coche y se despierta con el pie izquierdo, así que pasa de todo ).
En la recepción del hotel nos indican, como siempre, dónde se hace el desayuno y la cena. Cuando nos dicen que para llegar al restaurante ( que está en la playa ), debemos cruzar el lago, pienso que a lo mejor no lo he entendido bien.
¿ Cómo vamos a tener que cruzar un lago para llegar a la playa ? Pues sí, hay que cruzar un lago para llegar a la playa. Y no hay puente no, ni barcas tampoco. Resulta que han ideado una especie de plataformas con bidones y listones de madera a lo Robinson Crusoe, con un sistema de cuerdas y poleas. Las plataformas se unen a medida que estiras de ellas con las cuerdas. Los peques lo viven como una gran aventura. De echo, cuando lo veo pienso: qué chulo! Si incluso puedes coger una de las canoas en la orilla y darte un paseo…claro que acto seguido veo una especie de lagarto enorme que se pasea tranquilamente por debajo de las plataformas. Al principio lo confundo con un cocodrilo, pero los camareros con los que hablo me aseguran que es una especie de lagarto y que no es nada agresivo. Es un dragón de Komodo. 

Comemos y cenamos en el hotel y lo hacemos a pie de playa. Unas ardillas corretean impacientes por los pilares del restaurante. Laura grita y señala emocionada cada vez que ve una.
Después de la comida decidimos darnos un pequeño paseo por la playa, y digo paseo porque meterse en el agua sería casi un suicidio. El oleaje es muy fuerte. Las olas rompen unos metros antes de llegar a la orilla, con lo que se produce un efecto visual muy bonito y todo se llena como de espuma.  Además, hay rocas a menos de 5 metros y la corriente te arrastra hacia dentro. Noto la fuerza inmensa del agua en mis pies y ni tan sólo me llega hasta las rodillas. Así que decidimos conformarnos con pasear y chapotear un poco. La playa está llena de conchas, manglares y cocoteros. De revista. Lástima que no podamos bañarnos. En fin, nos espera todo el día de mañana para ir a la piscina y no hacer nada. Los niños se lo merecen, y nosotros también. 

Dragón de Komodo








3 de agosto de 2017

LAS TIERRAS ALTAS

Nuestra estancia en Sri Lanka está teniendo un poco de todo. Los últimos días tocan caminatas por las montañas de las Tierras Altas. El buen tiempo, las ganas de caminar de David y nuestra infravalorada manduca lo hacen posible. ¡ Un gustazo !

No madrugamos excesivamente. Quedamos con Dhanu a las 09:00 y en media horita nos plantamos en la localidad de Ella. La verdad es que es una pena que no nos hayamos hospedado aquí: el ambiente es menos caótico que en otros pueblos. Vemos un montón de "backpackers" caminando por todas partes, colmados, bares y restaurantes. Está poco transitado. El enclave perfecto para organizar excursiones por la montaña; y muchas de ellas empezando desde la misma Ella sin necesidad de coger coche.

Empezamos por la caminata del Little Adam´s Peak. Es bastante sencilla salvo al final. La primera parte del recorrido pasa por unas plantaciones de té ( a diferencia de la zona del Lipton´s Seat se ve menos actividad de recolección pero pasamos por unos barracones al inicio del camino ). Después la pista se vuelve más cuesta arriba hasta llegar a una bifurcación donde te encuentras un guardia sentado. Hay que tomar el sendero de la derecha donde te encuentras unas escalinatas. Hasta aquí Laura ha ido en su manduca pero es ver las escaleras y enloquecer: ¡ nos pide bajar y empezar a subirlas ! Vemos que el ascenso a la roca de Sigiriya no fue flor de un día. Tardamos poco más de 40 minutitos en llegar hasta arriba ( son 4.5 km ida y vuelta ). Allí puedes hacer 2 cosas: la primera es ir por el camino de la derecha y coronar la montaña: fácil con niños y en la cima te encuentras un Buda y una bandera blanca. Las vistas son muy chulas: se ven las montañas circundantes y la población de Ella. También fábricas de té y las cascadas de Rawana






Después bajamos para coger el sendero que te llevaba a la izquierda según entrabas desde las escaleras: aquí la cosa se pone más difícil y tenemos que puntualizar que no es nada recomendable adentrarse en esta zona si vas con niños muy pequeños o se trata de gente mayor o con problemas de vértigo. Se sube una primera cuesta donde te encuentras una zona pedregosa para poder sentarte. Aquí nos separamos y se queda siempre con adulto con los 2 niños descansando. Fani va primero: hay una bajada bastante pronunciada y estrecha. La dificultad radica en que puedes derrapar por la tierra y tienes el desfiladero a lado y lado. Opta por volver para atrás. Jordi se toma la bajada con calma y lo consigue (  he de puntualizar que es posible que pequemos de prudentes - será porque tenemos niños y en el trabajo nos esperan con los brazos abiertos - porque vemos críos que bajan como cabras sin apenas detenerse ). Después viene una segunda cuesta bastante pronunciada. Hay un desvío justo antes de llegar a la cima que pasa por la maleza y que hace que los listillos que lo toman - Jordi incluido - se eviten un tramo algo peligrosillo por estar muy próximo al desfiladero. . Subir merece la pena: las vistas mejoran las previas: ahora sí tienes 360º de visión.





Tras estar un buen rato en la cima descendemos con calma. De nuevo Laura nos sorprende bajando sola por el tramo de escaleras. Después toca manduca. Tardamos 2 horas en realizar la excursión. Acabamos en el Ella Garden Flower Resort tomando unos zumos. Con 2 novedades: ¡ Al fin Jordi se toma su primer zumo de "avocado" ( aguacate )! ¡ Dhanu se deja invitar a un zumo de lima ! Aprovechamos para organizar el plan de los días siguientes.

Después optamos por lanzarnos a la 2ª excursión del día: bajar hasta el Nine Arch Bridge. Este es un hermoso puente de nueve arcos por el que pasa el tren en medio de un valle. El camino es un poco pesado: apenas veinte minutos pero con un desnivel muy pronunciado. De todos modos es fácil de hacer con niños. Aquí Laura ya va en la manduca todo el camino. Está cansada y hace un sol de justicia. El puente es sencillamente espectacular. Y tiene el aliciente de que como casi no pasan trenes pues puedes caminar con total tranquilidad por las vías del tren. Hay pocos turistas y se está muy tranquilo. Dhanu mira el horario de los trenes y nos dice que está próximo a pasar el de las 13:30 horas. Quedan sólo veinte minutos y optamos por esperar bajo la sombra para poderlo fotografiar al pasar por encima del puente. Como nosotros hay muchos turistas que tienen la misma idea ( algunos llevan hasta un dron ). El problema es que en este viaje estamos totalmente gafados con los trenes y éste no pasa. A las 14:00 horas Jordi opta por iniciar el ascenso con los niños y Dhanu hasta la furgoneta. A las 14:30 horas tanto Fani como el resto de turistas que todavía esperan pacientemente la llegada del tren. A Jordi le da tiempo de volver a bajar a buscarla y de volver a subir con ella. ¡ Ni rastro del tren ! Mientras tanto Laura y David se quedan con Dhanu en el coche que les ameniza la espera con algunos trucos de magia.





Entonces nos vamos a comer: la oferta en Ella es muy variada. Acabamos en un restaurante occidentalizado donde sirven hamburguesas, pizzas y cerveza a buen precio. ¡ Un merecido premio ! No olvidemos que estamos comiendo a las 16:00 horas. Dhanu se sienta con nosotros ( por primera vez en el viaje ) y come con nosotros. ¡ Al fin podemos invitarle ! 

Llegamos al hotel a las 17:00 rendidos. Nos sentamos en la terraza a tomar un té con galletas de coco. Mientras los niños se ponen a jugar ( ¡ no se les apaga nunca la cuerda ! ): ahora les ha dado por hacer colección de monedas y billetes del país y se ponen a intercambiarlos entre ellos. 

2 de agosto de 2017

BANDARAWELA: LIPTON'S SEAT EN TUk TUk

En medio de un viaje ajetreado y lleno de sorpresas a veces es bueno sentarse tranquilamente a tomar un té y contemplar un bonito paisaje. Pero si lo puedes hacer junto a Thomas Lipton, el famoso magnate escocés del té que montó un negocio fructífero por muchos años en la isla, pues mucho mejor.

Madrugamos un poco y nos ponemos en marcha a las 07:30 am tras un excelente desayuno en nuestro hotel. Nos dirigimos a Haputale, pueblo mayoritariamente tamil, encaramado en los lindes meridionales de las tierras altas. Hace un día soleado precioso. Las vistas desde la furgoneta son espectaculares: pendientes pronunciadas a ambos lados con terrazas de plantaciones de té. A 11 kms de Haputale ( 1 hora de coche.. ) llegamos a la Dambatenne Tea Factory, la más popular en la zona y construida por Thomas Lipton en 1890. Allí tomamos un tuc-tuc en dirección al mirador Lipton’s Seat. El recorrido se puede hacer a pie ( nos cruzamos con turistas que sí lo hacen ) pero se hace por la carretera ( transitada ) y vamos con los peques. Optamos por la opción sencilla. Además a los niños les entusiasma volver a montarse en uno ( ya lo hicieron en Sigiriya ).





El camino es espectacular: laderas de montañas y terrazas de té por todas partes. También vemos construcciones tipo barracas en los lindes de las plantaciones donde probablemente residan los trabajadores de las plantaciones. La inmensa mayoría de los trabajadores del té son tamiles, unos de los grupos más marginados del país. Y la recolección ( las hojas se recogen a mano cada día ) la suelen llevar a cabo mujeres tamiles.  Conversamos con el chófer del tuc-tuc: nos explica que su sueldo diario suele ser de tan sólo 600 rupias al día ( ¡ al cambio son 3.4 euros ! ). Por el camino nos cruzamos con una recolectora y a cambio de una fotografía ( aunque ella no nos pide nada ) le damos 200 rupias.

Tras un largo ascenso y tras alguna que otra parada por el camino para fotografiar alguna vista deslumbrante llegamos a la cima, al Lipton Seat. Allí te encuentras un mirador con una estatua del magnate escocés sentado en un banco de piedra. Tienes una panorámica de cerca de 360º sobre el valle y las plantaciones de té magnífica. Podemos acercarnos a las plantas para observarlas con atención: los arbustos suelen plantarse a 1 m de distancia unos de otros en terrazas acotadas. Miden 1 m de altura y se podan con regularidad para que crezcan nuevos brotes, impedir la formación de frutos y maximizar la producción de hojas. Los niños se pasean por el mirador contentos tras la ascensión con el tuc-tuc y expectantes para volver a subir e iniciar el descenso. 
Unas mujeres nos paran para explicarnos que son tamiles, y descendientes de varias generaciones de esclavos en Sri Lanka. Recogen dinero para invertirlo en educación, ya que opinan que esa es la única manera de poder mejorar su forma de vida. Donamos algunas rupias y nos hacen rellenar un formulario donde consta nombre, email y cantidad donada. Teóricamente nos mandaran un email con lo conseguido para que veamos que no se trata de una estafa. 







El descenso es un poco accidentado: nuestro conductor baja a toda pastilla ( lo hace cada día y está acostumbrado; nosotros no ). Pinchamos una rueda. El chófer la cambia en 3 minutos ( le ayudamos un poquito ). Los niños se lo pasan genial.



Al llegar a la fábrica de té nos reencontramos con Dhanu y volvemos para Bandarawela. Antes de llegar al hotel nos paramos para visitar el templo budista de Dowa. Resulta una auténtica sorpresa dentro de su sencillez. Recordad que es un templo budista: de nuevo se precisa pantalón largo y descalzarse. Lo primero que te encuentras es un santuario que recubre una cueva en su interior ( su emplazamiento original tal y como nos explica Dhanu ). Conserva sus paredes pintadas originales y es espectacular ver como lo rodean las mismas paredes del edificio. Vemos esculturas de Buda, feligreses rezando y haciendo donativos florales y paredes pintadas con excelentes murales budistas de estilo ceilandés que explican la vida de Buda y sus visitas a la isla de Sri Lanka. Cuenta la leyenda que el templo también esconde un túnel subterráneo secreto que va directo a Kandy. Dhanu la confirma ( lo leemos en la Lonely Plantet ) y nos explica que dicho túnel conectaba hasta 5 templos, incluido el de Kandy y que se creó para comunicarlos de forma secreta y proteger el Diente de Buda en caso de asedio a uno de ellos. Nos aclara que en la actualidad quedan restos de algunos de ellos pero son ruinas. A la salida, como colofón final, nos espera un Buda erguido tallado en la piedra de 4 metros de altura.



 

Volvemos al hotel para la comida. Pasamos la tarde holgazaneando tan tranquilos. Los papás escriben blog y los peques su diario de viaje. Un poco de tablet y unas vistas desde la terraza que quitan el hipo con puesta de sol incluida. Día tranquilo de relax en las Tierras Altas.


1 de agosto de 2017

DE NUWARA ELIYA A BANDARAWELA: NO BY TRAIN PLEASE

Hoy no madrugamos, es más, hasta las 12h no hemos quedado con Dhanu. Desayunamos en el super buffet del Hotel con toda la calma del mundo, cerramos maletas y nos disponemos a dar un paseo hasta el Parque Victoria. Ya lo visitamos a la llegada a Nuwara Eliya y nos encantó. Los peques juegan en los columpios, unos columpios que muy bien podrían catalogarse con la frase - Yo también fui a EGB - ya me entendéis. Antes de volver al Hotel nos encontramos con un simpático pony y no podemos resistir la tentación de que los niños se paseen por unas pocas rupias. 

Al llegar al Hotel el guardia de seguridad le pregunta a Jordi con tono irónico que dónde están los pasaportes. Acto seguido me doy cuenta de que no los lleva en la bolsa de mano que siempre llevamos. ¡ Los había dejado olvidados en la sala wifi del hotel antes de salir ! Menos mal que el que los encontró los devolvió a recepción. Tengo que añadir que esta anécdota me ha traído a la mente otra ( ya sabes a cual me refiero Sandra ).





Dicen que hay un tren que va des de Colombo a Badulla que cruza Sri Lanka de Oeste a Este, pasando por las tierras altas, con las vistas más hermosas del país. Muy lejos de saber lo que nos espera, decidimos completar nuestro viaje subiendo a este tren. Escojemos uno de los tramos más turísticos, el de Nanu-Oya ( cerca de Nuwara Eliya ) hasta Bandarawela, donde se encuentra nuestro alojamiento para los próximos tres días. Llegamos a la estación y compramos los billetes ( 300 Rupias, Laura gratis y David la mitad que un adulto ). No quedan billetes en primera así que nos dirigimos a la cola de 2ª/3ª clase, que obviamente, no van con asiento asignado. Estamos emocionados porque nos ha hablado muy bien de este tren. Además, de las dos opciones que teníamos (  el de 5-6h que es un tren que también es de mercancías, o el de 2h más rápido ) escogemos el tren más corto. Dhanu nos esperaría en la estación de Bandarawela. 

A medida que se acerca la hora de la llegada del tren que viene desde Colombo, va apareciendo más y más gente. El tren aparece y los vagones ya están en gran parte llenos. La gente se aglomera de forma casi febril en las puertas de entrada y apenas dejan bajar a los pasajeros que quieren apearse en esta estación. Yo cojo a Laura en brazos y Jordi guía a David por el pasillo del vagón donde hemos conseguido entrar a empujones. Dhanu intenta des de una de las ventanas conseguir al menos un asiento, pero le resulta imposible. El vagón está tan lleno que ni siquiera podríamos viajar de pie, si quisiéramos. En la puerta del vagón, un hombre menudo intenta robarme la cámara de fotos. Le aparto la mano de mi con un gesto brusco y huye entre la multitud. No lo ha conseguido pero el susto que me ha dado no es pequeño. Jordi y yo nos miramos, decidimos bajarnos antes de que el tren se ponga en marcha. Hemos estado a punto de perder los pasaportes y han estado a punto de robarme la cámara el mismo día. El karma nos está diciendo que estemos quietecitos.

Volvemos al coche y Dhanu nos lleva a Bandarawela, donde el Hotel Villa Perpetua nos da la bienvenida con un delicioso té acompañado con un dulce terrón de coco y una vistas impresionantes del valle. A lo lejos vemos las vías del tren.


Comemos y cenamos en el Hotel y pasamos la tarde tranquilos y quietecitos. Villa Perpetua es un hotel pequeño y familiar con pocas habitaciones. Muy funcional. De echo, encargamos la cena al mediodía y quedamos a qué hora queremos desayunar al día siguiente.