18 de agosto de 2015

LA ISLA DE HOLBOX

Nos despertamos sin prisas. Estamos en el paraíso. Nos enteramos de que somos los únicos huéspedes del hotel. No es que pensemos en la película de El Resplandor pero tenemos la sensación de estar muy lejos de todo. El trayecto desde el puerto de Holbox hasta el hotel nos pareció largo. Todo son palmeras, manglares, arena y agua. Todo es verde y azul. Los lugareños son tranquilos, pausados. Caminan despacio. A esto nos referimos cuando hablamos del ritmo caribeño.

El único objetivo que  nos hemos planteado hoy es ir al pueblo para conseguir carne o pescado. Hay muchos mini super con frutas, verduras y envasados, pero no hemos visto productos frescos.

A  primera hora de la mañana llamamos a Alfredo ( el taxista que conocimos ayer ) con la idea de que venga a buscarnos. Hace mucho calor y con los peques no nos apetece una caminata. Pero Alfredo no contesta; así que decidimos que Jordi vaya al pueblo a alquilar un carrito de golf ( para no depender contínuamente de nadie para movernos ). Lo de esperar en la puerta a ver si pasa alguien aquí no funciona. En el hotel tampoco es que nos lo pongan fácil. Para ser los únicos huéspedes pasan un poco de nosotros.

Mientras Jordi se aventura yo me quedo con los peques en la playa que hay a pocos metros del hotel. Es de ensueño. Nadie a la vista, sólo arena blanca, agua transparente, pájaros y peces. David y Laura disfrutan como enanos. El sol abrasa así que me paso el día poniéndoles crema. De hecho, ya se nos ha acabado la que traía de casa ( y sólo es nuestro segundo día de playa! ). Esperando a Jordi nos encontramos con este réptil (más tarde encontrariamos muchos más por toda la isla).




Jordi tarda relativamente poco. Increíble. Ya tenemos carrito, aunque sólo durante cuatro horas porque están muy buscados. Son la única forma de moverse por la isla. Las bicis son la segunda opción. Con el carrito recorremos el pueblo. Entro en un pequeño bareto a preguntar si alguien sabe dónde podemos comprar pescado o carne y una señora se levanta y me dice que ella me puede vender pescado. La seguimos con el carrito por las calles del pueblo. Ella conduce su propio carrito como una loca, sin esquivar los baches de las calles. Por fin llegamos a su casa, que está cerca del puerto y donde anuncia su negocio con un discreto cartel – Pescadería Tere.




No esperábamos un local de lujo, pero tampoco esperábamos que nos llevaría a la despensa de su casa, donde un enorme congelador y una báscula son lo único que necesita para su negocio. No hace falta explicar que todo estaba sucio, desordenado y lleno de cacharros rotos y oxidados.


Se nota que son gente con pocos recursos pero mucha inventiva. De hecho, una de las preguntas que me hizo David en nuestro viaje en autobús desde Cancún a Chiquilá fue que por qué estaba todo roto…

A pesar de todo, acabamos comprando pescado blanco envasado al bacío y congelado en bolsas individuales, y un poco de carne picada de res. Después de eso volvemos al super a por cuatro tonterías más y al hotel a dejarlo todo en la nevera.
Nos quedan 2h para explorar la isla con el carrito, así que nos ponemos en marcha. Al poco rato y justo antes de alejarnos del pueblo, el carrito deja de funcionar y nos deja tirados. Menos mal que no estamos demasiado lejos. Volvemos caminando al local donde alquilamos el carrito. Seguramente será algún cable o conexión, nos dicen. En el fondo son gente legal, y nos devuelven la parte proporcional del dinero por el tiempo que hemos perdido.

Nos vamos a comer: camarón al arroz y tortitas de maiz con pulpo, pescado, tomate, cebolla y todo acompañado con su aguacate de rigor. Limonada fresca natural y nachos con guacamole. Genial ¡!




Mientras comemos cae un tormentón impresionante. Menos mal que el carrito nos ha dejado tirados antes de tiempo porque sinó el aguacero nos habría pillado seguro. Laura aprovecha para lavarse el pelo con el agua que cae de una de las palapas del techo. David juega con la arena del suelo. Después de comer, deja de llover así que volvemos al hotel dando un paseo por la playa. Los peques saltan en los charcos como locos. 



Al llegar al hotel, nos dicen que no hay luz, ni agua ( funciona con una bomba eléctrica ), ni cocina ( eléctrica ), ni nevera ( eléctrica ), ni wifi… pero a nadie parece preocuparle demasiado. Menos mal que el problema se autosoluciona ( excepto lo de la wifi porque tienen que venir desde cancún a arreglarlo… )
Así que a dormir todos!





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